MI PEQUEÑA OBSESIÓN
Por Rhea Carlysse
Capítulo uno
(Jean-Paul)
Cualquiera diría que es una obsesión. De hecho, hasta yo me refiero a ello con ese término. Mi pequeña obsesión.
Aunque, ¿quién diferencia ya las costumbres de las obsesiones?
Miento, ni siquiera es una costumbre. Al menos no lo era hasta ahora, ahora simplemente es... No lo sé, es como si fuera algo obligatorio. Lo es desde... Desde que volví. Aunque ése es otro asunto.
Supongamos que sí, es una obsesión. Pero, ¿quién no tiene una? Un pequeño secreto. Algo que no dejaríamos ver a nadie. Éste es el mío.
Sé que debo resultar masoquista pero... Resulta demasiado pacífico cuando duerme como para dejarlo pasar. Y no es culpa mía que se quede dormido en el salón. Tampoco es culpa mía que sean las dos de la madrugada. Es perfectamente plausible que yo esté despierto a las dos de la madrugada en el mismo sitio en el que Robert está dormido. Es perfectamente plausible que le observe dormir, ya que no hay nada bueno en la televisión.
D´accord, lo admito, es una obsesión. Una malsana y autodestructiva obsesión, pero como ya he dicho, no puedo evitarlo.
Vosotros, ahí sentados, sin nada mejor que hacer que leer esto, tampoco podríais. Y creedme, no he tenido una visión así de perfecta en toda mi vida.
Robert Drake: el Hombre de Hielo, ahora literalmente.
Su movimiento es tan imperceptible cuando duerme que cualquiera podría pensar que es una estatua de hielo.
La luz del televisor, aún encendido, se refleja en él, llenándolo de matices de distintos colores gracias a su forma helada.
Si su pelo continuara siendo móvil caería suavemente sobre sus párpados cerrados. Sin embargo no lo es, así que se mantiene estático, sin cambiar de posición. Mientras tanto sus labios están entreabiertos, casi como una invitación y, lo que en sus horas despiertas sería una media sonrisa, es ahora sólo una ligera mueca de pasividad e indiferencia.
Me pregunto si alguien se dará cuenta de ello. Si alguien se dará cuenta de lo lentamente que se está sumiendo en su pequeño pozo de autocompasión y desprecio hacia los demás.
O quizá he pasado demasiado tiempo observándole e imagino cosas.
Lo que está claro es que, desde que comenzó a cambiar, ha estado diferente. Distante. Y a la mayoría aquí le parece normal. Es como si pensasen que es sólo una moda pasajera, que cuando se canse de intentar llamar la atención volverá a su estado normal y...
- ¿Jean-Paul?
Permanezco un momento sin reaccionar hasta que, controlada y calmadamente, levanto la mirada hacia Pícara. Ni siquiera parpadeo. No estaba haciendo nada malo. Nada sospechoso. Nada.
Y sin embargo ella me mira como si lo supiera.
- ¿Qué haces aquí?
- Insomnio – miento mientras me levanto del sillón -. Aunque hay algunos que tienen suerte en el apartado de dormir – añado asintiendo levemente hacia Bobby.
- Sí, siempre ha tenido un sueño profundo – responde ausente.
A veces da escalofríos. Pícara. Saber que sabe todo sobre mí. O, lo que entonces yo sabía sobre mí. ¿Tiene eso sentido?
- ¿Qué... Qué tal estás? – pregunta dubitativa.
Así que era eso. Merveilleux. Pensé que la gente había desistido en intentar hablar de eso. No es un tema que me guste recordar.
- Perfectamente, ¿por qué?
- Por nada, ¿no puedo preguntar?
- Supongo.
Anna busca mi mirada y sin embargo yo la aparto. Es como si después de todos estos años, aún tuviera la sensación de que ella está ahí. Hurgando en mis recuerdos, en mis emociones. Siento que sabe cosas de mí que ni siquiera yo comienzo a comprender.
Pero no esto. No ahora. Ahora han cambiado muchas cosas.
- La gente está preocupada Jean-Paul.
- ¿En serio?
- Por ti.
- Vaya.
La oigo respirar hondo, como si intentase mantener el tono de voz bajo para no molestar a Bobby.
- ¿Por qué haces esto?
- ¿Hacer qué?
- Esto – me señala enérgicamente con la mano -. ¿Por qué nos apartas?
- No os aparto.
- Desde que has llegado a la escuela lo has hecho. Y ahora, después de lo que te pasó, aún más. Creo que ya es suficiente.
Observo en silencio durante unos segundos.
- Bueno, supongo que lo que tú creas no es lo que tiene que hacerse.
- Se supone que somos amigos.
- Y yo no he dicho lo contrario.
- Pero lo implicas. Necesitas ayuda, hablar, algo. Lo que sea, pero lo necesitas.
Tú mejor que nadie deberías entenderlo. Saber lo que es tener otra persona dentro, que te diga lo que tienes que hacer. No poder controlar tus actos, pero, en el fondo, saber que eres tú.
- Agradezco que te preocupes Anna pero... Estoy bien, no hay necesidad.
Aprieta los labios durante un momento hasta que se tornan en una fina sonrisa forzada.
- De acuerdo. Sólo estaba preocupada, ¿sabes?
Asiento mientras intento forzar otra sonrisa, pero creo que no lo consigo.
Me doy la vuelta y comienzo a caminar en dirección a la puerta.
- Pero, – la voz de Pícara me sobresalta de nuevo – si... Si necesitas hablar, sabes que puedes contar conmigo. Para lo que sea.
- Lo tendré en cuenta.
Casi puedo ver su cara mientras cierro la puerta. Preocupación, decepción, desesperación. Supongo, nunca he sido demasiado bueno en asuntos emocionales. Observador, sí, pero nunca he sido un buen entendedor.
Y no creo que los demás aquí lo sean. No creo que sean capaces de entender cómo me siento. Quizá Worthington, pero está demasiado ocupado jugando su papel de playboy como para pararse a recordar. Jean, pero está muerta. Summers. Emma, puede. Anna. Pero nunca es lo mismo. La situación, la perspectiva, todo es diferente. Y las personas que hay aquí ya tienen sus propios problemas en mente como para pararse a entender los de los demás.
OoOoOoO
(Bobby)
Cuando abro los ojos, lo primero que veo es a Anna mirando con aspecto preocupado hacia algún punto del salón. Me debato entre dejarla saber que estoy despierto o fingir que continúo durmiendo, pero ella toma la decisión por mí.
- ¿Cuánto has oído?
Me incorporo en el sofá y apoyo la espalda en el respaldo.
- Todo, creo.
Asiente ligeramente y se sienta a mi lado.
- Estoy preocupada.
- ¿Por qué? – pregunto mientras me encojo de hombros – Estrella es mayorcito, ya sabe cuidar de sí mismo.
- Sí, ya veo cómo lo hace... – contesta con una pequeña carcajada.
- Lo digo en serio, si no quiere ayuda deberíais dejarle en paz.
- ¿Cómo puedes decir eso? ¿Después de lo que ha pasado?
Me encojo de hombros y la miro fijamente a los ojos.
- A veces los intentos de la gente por ayudar no hacen más que empeorar las cosas.
- ¿Eso crees?
- Es una suposición.
Niega levemente con la cabeza y permanece en silencio unos segundos con expresión de concentración, como si meditara algo.
- No está bien.
- A mí me parece que está todo lo bien que puede estar después de volver de la muerte, pero esa es sólo mi opinión.
- ¿Desde cuándo te has vuelto tan frívolo?
- Supongo que va con mi personalidad.
- Hablo en serio Bobby.
- Y yo también.
Vuelve a negar con la cabeza, la verdad es que un gesto que repite mucho últimamente.
- ¿Sabes si ha hablado con alguien de lo que ha pasado? – pregunta mirando ausentemente hacia el televisor.
- La verdad es que no. Lo único que sé lo sé por Dani, y ella dice que ni siquiera ha hablado de volver a encargarse de su tutoría.
- Estás de broma, ¿verdad? Los críos de su tutoría le adoran, y a él le gusta enseñar.
- Bueno, puede que no. Realmente nadie le conoce demasiado por aquí.
- Yo le conozco. Logan le conoce.
- Sí, le conoce hasta las entrañas, literalmente – contesto con una risa amarga.
De acuerdo, lo admito, últimamente mi sentido del humor ha estado algo desafinado. Pero hay que reconocerlo, una ironía es una ironía.
- No creo que eso sea gracioso.
- Puede, pero es curioso.
- Ya veo que hoy no estás de muy buen humor.
- Veamos, son las... dos de la madrugada y me han despertado de un sueño reparador para hablar de temas deprimentes. No creo que sea la mejor noche de mi vida.
- De acuerdo – responde Pícara sonriendo y levantándose del sofá -. Sé captar directas. Y, Bobby, - dice antes de salir por la puerta -, creo que a ti también te vendría bien hablar con alguien.
Genial. Perfecto, la he cabreado y ahora me quedaré sin poder pedirle la tercera temporada de Buffy en DVD. A veces debería cerrar la boca.
Además, no entiendo la manía que tiene todo el mundo por meterse en los asuntos ajenos. Estrella murió, vale. Pero volvió, fin del asunto. Y parece estar bien. Sin embargo todo el mundo parece creer que necesita ayuda. ¿Sabéis una cosa amigos? Aunque la necesitara no la aceptaría, es demasiado orgulloso para eso.
Y ni siquiera sé por qué estoy pensando en esto.
La verdad es que desde que volvió las cosas han estado un poco tensas en el instituto. Demasiado tensas teniendo en cuenta las personas que han muerto y regresado a la vida por aquí. Uno pensaría que la gente ya se habría acostumbrado. ¿Cuántos van ya este año? ¿Tres? Betsy, Peter y Jean-Paul; todo un record, ahora sólo nos falta Jean y podremos organizar la fiesta de bienvenida (y de despedida para Emma, supongo). No, espera, Jeannie volvió también, pero volvió a morir. Más o menos. Dios, uno ya pierde la cuenta.
Creo que estoy empezando a desvariar. Es la hora, de madrugada nadie piensa con claridad.
Lo mejor sería irme a dormir, y eso me dispongo a hacer. Sin embargo, cuando estoy a punto de subir a mi dormitorio, oigo un ruido proveniente de la cocina y mi curiosidad puede más que Morfeo.
Y la verdad es que esperaba encontrar a cualquier persona antes que a él.
- ¿Es una fiesta privada? – pregunto con una ligera sonrisa.
Jean-Paul se vuelve hacia mí y... De acuerdo, no me creáis, pero juraría que durante un segundo he visto cómo se sonrojaba. Evidentemente, son las horas.
- Pensaba que estabas dormido.
- Evidentemente me he despertado. ¿Qué haces aquí?
Se deja caer en una de las sillas y se encoge de hombros.
- Insomnio.
- Sí, eso es lo que has dicho antes.
Me observa en silencio durante unos segundos, como si meditara con cuidado lo que decir a continuación.
- ¿Tanto tiempo llevas despierto?
- Anna habla muy alto.
Asiente ligeramente y se pasa la mano por el pelo para apartar los mechones que caen sobre su rostro.
Varios fragmentos de la conversación con Pícara vuelven a mi mente por alguna razón. Quizá es por la expresión exhausta que tiene en su rostro o quizá es simplemente que me recuerda al comienzo de mi mutación secundaria.
- No te tenía por los que tienen insomnio – comento mientras me acerco al frigorífico a por algo de beber.
- Son los gajes de tener un organismo acelerado.
- Sí, supongo que todas las mutaciones tienen su contrapartida. ¿Quieres una? – pregunto ofreciéndole una botella de cerveza.
- Merci beaucoup, mais non. Tengo científicamente comprobado que la cerveza americana me da dolor de estómago.
Pongo los ojos en blanco y me siento en una silla a su lado.
- Espero que no te importe que me quede.
- Tengo la sensación de que no te irías si te dijese que me importa.
- Probablemente – contesto con una sonrisa.
- Entonces creo que no desperdiciaré saliva.
Bebo un poco de mi cerveza y él observa ausentemente la mesa.
- ¿Es verdad que has decidido no volver a tu tutoría?
Deja escapar un resoplido. Es sorprendente como consigue que los gestos más nimios suenen altivos.
- ¿Qué pasa hoy con la gente y su repentina preocupación por mi vida?
- Sólo curiosidad – contesto llevando la botella hasta mis labios -. Pero no tienes por qué contestar.
- Entonces creo que me acogeré a la ley del silencio.
- Como guste, su majestad.
- ¿Qué se supone que significa eso? – pregunta mientras me observa con las cejas enarcadas.
- Nada... – respondo apartando la mirada.
Casi puedo oír cómo pone los ojos en blanco. Jean-Paul es demasiado predecible en todo lo que concierne al orgullo.
- ¿Y tú? ¿Tampoco tienes sueño?
- Tengo sueño, lo que no tengo son ganas de dormir.
- Muy profundo.
- Soy un tipo profundo.
Deja escapar una risa.
No me entendéis: una auténtica risa, no la risa arrogante de siempre, como si de verdad le hubiera hecho gracia.
Y ahora me observa con una mezcla entre diversión y confusión. Supongo que debo tener cara de idiota.
- ¿Qué? – pregunta retomando su tono altanero habitual.
- Nada – contesto haciendo una floritura con la mano –, es sólo que no sabía que tu módulo incluía sentido del humor.
Una pequeña sonrisa se dibuja en sus labios mientras alcanza mi cerveza con una mano.
- Te diría mis otras mejoras, pero no creo que tus virginales oídos puedan soportarlo – responde antes de llevarse la botella a los labios.
Lo reconozco, si hubiera podido, me habría sonrojado. Pero como no es el caso, me limito a observarle con una expresión de estupor.
- Así que... – continúo después de un par de segundos en los que, estoy seguro, se regodea de haberme dejado en silencio – vacaciones, ¿eh?
- No sé si se pueden llamar así.
- ¿Entonces cómo? ¿Periodo de descanso temporal post-traumático?
- O periodo de liberación para alumnos. Aún estoy decidiendo el nombre – contesta mientras deja mi bebida sobre la mesa.
- ¿Sí? Pues tu periodo de liberación de alumnos engancha con las vacaciones de verano, así que yo seguiré llamándolas vacaciones.
- Bueno, una mera cuestión sintáctica no va a cambiar nada.
- Sí, bueno, a la Iglesia le funciona con lo del matrimonio ent...
Me observa en silencio.
Vale, ¿recordáis un comentario que dije antes sobre mi nuevo sentido del humor? Multiplicadlo por cuatro y añadid falta de tacto.
- ¿Sabes qué? Creo que mejor me voy a callar un rato – contesto entre dientes.
Observo cómo niega ligeramente con la cabeza mientras se levanta a rebuscar algo en el frigorífico.
- Eh... Me voy a la cama.
- Bonsoir – contesta sin darse la vuelta.
Parece que tengo el día de ir diciendo cosas que no debo.
Continuará
Todos los personajes pertenecen a Marvel, pero la historia me pertenece a mi. Para cualquier utilización fuera de la web, deberás pedirme permiso. Agradecería cualquier comentario que quisieseis hacer, podéis poneros en contacto conmigo en la dirección de correo Rhea Carlysse