MI PEQUEÑA OBSESIÓN
Por Rhea Carlysse
Capítulo dos
(Bobby)
No sé si he hecho lo correcto. Realmente, no me importa. Demasiado tiempo sin sentir, demasiado tiempo... ¿Qué? ¿Siendo lo que soy realmente? ¿Es eso tan malo?
Sí. Si significa que los demás se apartan de mi lado, lo es.
- ¿Bobby?
Dejo de observar el espejo y me doy la vuelta. Lorna me está mirando con una expresión de confusión en el rostro.
Yo sonrío algo amargamente.
- ¿Qué te parece? – pregunto dando una vuelta en el sitio.
- Es...
- Un inhibidor – termino por ella -. El ser permanentemente de hielo me cansaba un poco así que he decidido cambiar de aires.
Una sonrisa se dibuja en sus labios mientras ladea ligeramente la cabeza, haciendo que una cascada de sedoso pelo verde caiga sobre sus hombros.
- Me alegro por ti.
- Es sólo una solución temporal, al menos hasta que Hank sepa si esto va a ser permanente o...
- Estoy segura de que se solucionará – contesta posando una mano sobre mi brazo, el primer contacto humano directo que he tenido en mucho tiempo -. Ya lo verás.
- Sí... – me estoy sonrojando, lo noto, me estoy sonrojando. Contrólate Drake – Eh... ¿Qué tal todo?
Lorna se aleja un poco y se deja caer sobre el sillón que está a mi lado. Oigo cómo exhala un suspiro mientras se inclina hacia atrás en el respaldo.
- Bien, supongo. Cuesta un poco acostumbrarse a todo esto.
- ¿Y eso lo dices después de varios meses en la escuela? – pregunto sentándome a su lado.
- No lo sé, es como si toda la presión me hubiera alcanzado de repente. Mi padre, Genosha, todas las misiones... Como si de repente me diera cuenta de todo lo que implica.
- Sí, pasa mucho por aquí.
Sus ojos verdes me escrutan en silencio hasta que finalmente me decido a preguntarla qué ocurre.
- ¿Qué se siente? Al volver a ser... tú.
Me encojo de hombros, sabiendo que no pensaba terminar la frase de esa manera.
- Normal, supongo. Otra vez. Es complicado.
- Me lo imagino, es como cuando volví a la mansión. Todo estaba... difuminado, hasta que entré en razón – contesta riendo ligeramente -. Y pensar que intenté matar a... Annie – dice casi escupiendo el nombre – sólo por estar gritando a mi novio. Las vueltas que da la vida, ¿eh?
- Sí...
- Mi novio... Hacía tanto que no lo llamaba así... – su rostro se contorna en una mueca de disgusto. No la culpo, Alex es un cabrón, dejarla así, en pleno altar... – Pero no hablemos de cosas deprimentes, ¿quieres?
- Después de todo lo que ha pasado últimamente, casi mejor que no.
OoOoOoO
(Jean-Paul)
- ¿No quieres reconsiderarlo Jean-Paul?
- Me parece que no. Créeme, es lo mejor.
Emma me observa fijamente con una extraña expresión de decepción.
- El curso está a punto de terminar, quizá una sustitución temporal, hasta el próximo...
- Non. La... La decisión está tomada, d´accord? Y no sé por qué está armando tanto revuelo, mi puesto como profesor sigue activo.
- Sólo digo que deberías replanteártelo – contesta con voz autoritaria -. Has sido el tutor de esos críos durante casi un año, de algunos durante más, me cuesta creer que quieras desentenderte de todo eso tan fácilmente.
- Las cosas han... cambiado. Me cuesta hacer esto Emma, créeme, y si lo hago es porque sé que es lo mejor.
Deja escapar un suspiro de resignación y hojea algunos papeles que tiene sobre la mesa. Los papeles de mis alumnos, supongo.
- Supongo que Amara podría hacerse cargo, Danielle la convenció para unirse al profesorado. Aunque todavía queda el grupo de Rhane y Shan no puede hacerse cargo de los dos grupos...
- Si lo que quieres es que me dé cargo de conciencia, deberías desistir.
- Intento que te des cuenta de que esta no es la mejor decisión, ni para ti, ni para los alumnos. Pero no puedo obligarte a cambiar de opinión.
- Entonces esta conversación ha terminado.
Me levanto de mi silla y salgo del despacho con paso rápido. Esto me ha costado más de lo que pensaba, aunque sea lo que tengo que hacer.
OoOoOoO
(Bobby)
- ¿Qué crees que estabas haciendo?
La aguda voz de Júbilo me sobresalta mientras camino por el pasillo y en ese instante una mano me hace girarme hasta quedar frente a ella.
- Hola Júbilo, ¿qué tal? Yo bien, gracias por preguntar. Ya veo que has notado mi nuevo aspecto, ya que estás tan entusiasmada...
- Puedo ver el inhibidor, no creo que sea un misterio tan grande. Lo que me preocupa es lo de antes.
- ¿Qué?
- Lorna, tú, ella, tú. ¿Qué se supone que estabas haciendo?
- Eh... Júbilo, somos amigos, creo que tenemos derecho a hablar de vez en cuando.
- No – contesta negando con la cabeza -. Tú y yo somos amigos, Hank y tú sois amigos, Lorna y tú sois ex-novios, y ella está loca, creí que ya habíamos tenido esta conversación.
- Júbilo, no te pases.
- Sólo constato los hechos.
Antes de que pueda evitarlo comienzo a reír y ella cruza los brazos sobre su pecho.
- Genial, ríete.
- Oh, vamos, sólo estábamos hablando, no es como si ella... Como si yo...
- ¿Cómo si qué?
- Creo que soy mayorcito Júbilo, no necesitas vigilarme.
Arquea las cejas en un gesto de superioridad. Estoy seguro de que ha copiado ese gesto de Emma.
- He visto cómo la miras.
- ¿Perdón?
- Que lo he visto; y también he visto cómo ahora que vuelves a ser de carne y hueso se te ha acercado como un perrito faldero.
- Vaya, gracias, y yo que pensaba que una mujer se podría fijar en mí por algo más que mi físico... – contesto sarcásticamente, esta conversación comienza a irritarme.
- Puede que una mujer normal sí, pero me parece que Lorna no entra en esa categoría.
Genial, justo lo que me faltaba, una conciencia con patas y voz chillona.
- Lorna y yo somos amigos, Júbilo, y si decidiera que hay algo más... Entonces no sería asunto tuyo.
- ¿Ah no?
- No.
Júbilo abre la boca para decir algo, pero parece cambiar de opinión en el último momento y, al cabo de un par de segundos, dice:
- De acuerdo, yo sólo intento advertirte. Si no quieres escuchar, entonces no es mi problema.
Pasa junto a mí, golpeándome con fuerza el costado, como una niña pequeña que no ha podido ganar una discusión e intenta canalizar la humillación de forma física.
¿Quién se cree que es para hablar así? Como si después de todos estos años algo pudiese pasar con Lorna.
Y Lorna no es así. Lorna puede ser muchas cosas pero no creo que pudiese utilizarme sólo para... ¿Para qué?
Y sólo somos amigos. Nada más.
OoOoOoO
(Jean-Paul)
Es una estupidez, lo sé, y debería sentirme bien por él. Sin embargo... De acuerdo, quizá suene egoísta, pero antes, cuando no utilizaba el inhibidor, sentía una especie de... No lo sé, importancia, como si supiese que era una de las pocas personas que podría estar con él, que los demás no serían capaces. Y ahora...
Ahora lo único que puedo notar es esa maldita bruja de pelo verde babeando encima suyo. De acuerdo, sólo le ha invitado a tomar un café, eso no es una cita, sobretodo si le ha invitado en la cafetería de la escuela. Pero aun así...
Lo peor es que después tiene la desfachatez de venir a preguntarme qué tal estoy, cuando sé que lo sabe. Que me gusta Bobby, quiero decir. Siempre va con esa sonrisa de superioridad a todos lados y lanza indirectas... Ese tipo de cosas. Sé que lo sabe, porque sino no hay otra explicación.
- Jean-Paul, te estoy hablando.
- Quoi?
Salgo de mi trance para encontrar unos ojos verdes mirándome y una mano delante de mi cara.
- ¿Has escuchado algo de lo que te he dicho en los últimos cinco minutos?
- No.
Pícara me mira preocupada.
- ¿Estás bien?
- Perfectamente, te agradecería que dejaras el tema de mi salud.
- Perdona... – dice levantando las manos en señal de paz – Dios, estás que muerdes. Sólo lo decía porque llevas toda la tarde como ido. ¿Ha pasado algo?
- No, nada – contesto apartando la mirada de la pareja que ríe al fondo de la cafetería -. Sólo estoy cansado.
- La verdad es que tienes mala cara... ¿Duermes bien?
- ¿Cuándo has dejado de ser Anna y te has convertido en mi madre?
- ¿Cuándo has dejado de ser Jean-Paul y te has convertido en el Grinch? Lo digo por si intentas robar
Dejo escapar un breve suspiro.
- No... Es sólo que... Estoy cansado. No, no he estado durmiendo bien, ¿contenta?
- ¿Desde cuándo?
- Desde hace un tiempo. No tiene importancia.
- Según lo mires, si vas a intentar arrancarme la cabeza cada vez que te diga algo yo creo que sí tiene importancia.
Giro la cabeza y miro hacia otro punto del salón, últimamente he descubierto que es un buen método de evadir conversaciones. El problema es que el punto hacia el que miro resulta ser el punto en el que están Bobby y Lorna.
Lorna sostiene un mechón de su pelo y habla mientras juguetea con él entre sus dedos. Entretanto Bobby sonríe embobado y asiente continuamente con la cabeza.
- Menuda parejita, ¿verdad? – oigo decir a Pícara – No es que Lorna sea mi mejor amiga pero... Bueno, supongo que es un ejemplo de el que la sigue la consigue.
- Sólo son amigos – contesto entre dientes.
- Sí, lo que tú digas, aunque a mí me parecen muy acaramelados para ser sólo amigos.
- ¿Podemos dejar la conversación?
- ¿Por qué? ¿Te molesta? – pregunta con una inocente sonrisa. Demasiado inocente.
- Sí, me molesta.
- Lo sabía.
- Y ahora te quedarás calladita y te guardarás tus descubrimientos para ti.
Enfrente mío, Anna apoya un codo sobre la mesa y deja descansar la cabeza sobre su mano. Me observa con una ligera sonrisa durante unos segundos, hasta que se desvanece.
- ¿No será por eso, no?
- ¿El qué?
- El insomnio. No es por eso, ¿verdad?
- Por supuesto que no. No tiene nada que ver con eso.
- De acuerdo, entonces, ¿qué es?
- El constante martilleo de la voz de una chica castaña con un mechón blanco que está sentada justo delante de mí. ¿La conoces?
- Bueno Grinch, ¿y cómo has dicho que planeas robar
OoOoOoO
(Bobby)
- ¿Te acuerdas de cuando nos conocimos? – pregunto aún sonriendo.
- Claro que sí, casi me atropelló un coche. Creo que ha sido lo más raro que me ha pasado nunca, abrir los ojos y descubrir que estaba a más de mil doscientas millas de donde se suponía debía estar. Definitivamente raro – contesta con una pequeña carcajada -. Y aún cuesta creer que después de tantos años resulte que lo que me contaron sobre Magneto fuera verdad...
Asiento ligeramente mientras la miro a los ojos. Son incluso más verdes que los de Jean o Pícara, casi hipnóticos.
- Bueno, han pasado muchas cosas desde eso – comento llevándome la taza de café a los labios y saboreando el dulce calor que despide.
- Sí... – contesta con un aire ausente – Se hace raro, ¿verdad? Hablar del pasado después de tanto tiempo. ¿A qué viene toda esta nostalgia?
- No lo sé, supongo que es por todo lo que pasa últimamente, antes era todo mucho más fácil.
- Eso no te lo discuto. Parece mentira, imaginar que hubo un tiempo en el que la escuela consistía en Jean, Scott, Warren, Hank, tú y yo.
- Y Alex – añado yo, sin embargo ella se limita a sonreír.
- Sin embargo ahora... más de doscientos alumnos, ex-villanos... Y ni siquiera conocemos bien a la mayoría de los que están aquí. Fíjate en Jean-Paul por ejemplo, o en Tessa.
- Pensé que Sabia entraba en el apartado de ex-villanos.
- Puede, lo de Sabia es algo confuso – dice comenzando a reír de nuevo.
Sonrío y aparto la mirada. Durante un momento cruzo la mirada con la de Jean-Paul, que está al otro lado de la sala hablando con Anna. La verdad es que no tiene muy buena cara, creo que está más pálido de lo normal...
Una mano se posa en mi mejilla y me obliga mirar de nuevo a Lorna.
- ¿Y tú qué tal estás?
OoOoOoO
(Jean-Paul)
- Entonces...
- Entonces... ¿Qué? – pregunto mientras doy otro sorbo a mi taza de té.
- Entonces, Bobby y tú. Ese entonces.
- Lo sabía – murmuro mientras Anna me mira expectante -. Sabía que no podrías permanecer callada.
- Oh, vamos... Una chica tiene derecho a saber esas cosas, no se lo contaré a nadie.
- Es que no hay nada que contar.
Pícara frunce el ceño y me observa durante unos segundos en silencio.
- ¿Y se lo has dicho?
- Sí, y también le he violado salvajemente en la cocina. ¿Tú qué crees?
- Y no se lo piensas decir...
- No, no creo que eso pase en un futuro próximo.
- ¿Por qué no?
- Anna... – advierto con voz cansada.
- ¿Qué? ¿No piensas que pueda haber una posibilidad?
- ¿Ves esa parejita en el rincón? ¿La que se está haciendo carantoñas? No, no creo que pueda haber ninguna posibilidad, así que creo que deberías dejar el tema.
- Lo único que digo es que...
- Pícara, estoy cansado, ¿vale? Dejemos el tema.
OoOoOoO
(Bobby)
Ni siquiera sé cómo he llegado a esta situación. Lo único que sé es que es casi como en los viejos tiempos. Casi. Pero no se puede tener todo lo que se desea, ¿no?
Las cosas con Lorna han ido de bien a mejor, casi como eran antes de que Alex entrara en nuestras vidas.
Así que aquí estoy, en el pequeño mirador que tenemos en el jardín, con la cabeza de Lorna apoyada sobre mi hombro mientras sonríe.
- ¿Piensas quedarte aquí siempre? – me pregunta casi sin inmutarse.
- ¿En el mirador?
- En la escuela.
Me encojo ligeramente de hombros mientras ella se estremece ligeramente.
- No lo sé, supongo. Es lo que he hecho toda mi vida, ¿por qué cambiar?
- Tienes razón.
- ¿Y tú?
- La verdad es que no creo que haya nada en especial esperándome ahí fuera.
- ¿Y aquí? – pregunto dubitativo.
Lorna levanta el rostro y nuestras miradas se encuentran. Su sonrisa se ensancha, una sonrisa dulce y a la vez fría, algo aterradora.
¿Qué estoy haciendo? Porque, la verdad, no lo sé.
El rostro de Lorna se acerca a mí y el mío avanza, casi como si de un imán se tratara. Nuestros labios se juntan con fuerza y yo cierro los ojos, simplemente para saborear el momento.
OoOoOoO
(Jean-Paul)
El techo de mi habitación tiene grietas. Dos grandes y cinco que parten de las principales, dos en la grieta de la derecha, la cercana a la ventana, y tres en la de la izquierda, la que se junta con la pared que separa la habitación del baño.
¿Cómo sé esto? Porque últimamente mi pasatiempo favorito suele ser observar el techo mientras me tumbo en mi cama. No duermo, no trabajo y, por supuesto, no salgo con nadie. Todo esta falta de actividad me deja toda clase de tiempo libre y hasta el examen de empresariales, no tengo ningún tipo de ocupación.
No hay misiones, no hay clases y ya no hay tutorías. He intentado escribir algo y lo único que ha salido han sido dos párrafos de pensamientos confusos que ni siquiera yo entiendo.
Así que sí, estoy pasando unas bonitas vacaciones.
En ese momento el intercomunicador suena y la voz del menor de los Summers resuena en mi habitación, pidiéndome que busque a la que ahora denomino bruja-de-pelo-verde para una misión.
Estúpido Summers. De acuerdo que no tengo nada que hacer, pero esa no es razón para molestarme en cosas estúpidas. Si bruja-de-pelo-verde no contesta al intercomunicador ni a las llamadas telepáticas no es culpa mía. Y si nadie más puede ir a buscarla porque todos están dando clase y yo estoy en un estado totalmente ocioso tampoco es mi culpa.
Apago el intercomunicador de un golpe y me levanto irritado de la cama.
Ojalá Annie siguiera en la mansión, así al menos tendría a alguien a quien molestar con mis problemas. O, por lo menos, alguien con quien criticar a Lor... Bruja-de-pelo-verde. De acuerdo, Lorna; lo del nombre es infantil, sería infantil hasta para Drake, aunque quizá para Júbilo no...
Una vez en la habitación de Lorna golpeo la puerta con los nudillos un par de veces sin obtener respuesta ninguna de las dos. Lo intento una tercera vez y, después de unos segundos de silencio, giro el picaporte y abro la puerta. Puede que simplemente no esté en la habitación.
- Lorna, ¿estás ah...
Me paro a mitad de la frase al observar la imagen que hay ante mí y una ligera sensación de náusea se apodera de mi estómago.
En ese momento Lorna comienza a desperezarse, golpeando ligeramente al hombre que yace a su lado y que abre pesadamente los párpados durante unos segundos antes de hundirse de nuevo en la almohada.
- ¿Jean-Paul? – pregunta Lorna confusa.
Aprieto con fuerza los labios durante un momento antes de forzar una sonrisa y contestar.
- Tienes una misión. Alex me mandó buscarte – zorra, añado mentalmente.
Se incorpora aún medio dormida en la cama.
- Iré enseguida.
Asiento ligeramente y observo cómo Drake comienza a incorporarse con una expresión de confusión en el rostro.
- Jean-Paul, ¿qué...
Cierro la puerta detrás de mí antes de que termine la frase y avanzo a paso rápido y con los puños apretados con fuerza, algo que, seguramente, dejará marcas de media luna en mis palmas.
Y éste, niños y niñas, es un claro ejemplo de por qué no debéis enamoraros nunca de la persona equivocada.
Todos los personajes pertenecen a Marvel, pero la historia me pertenece a mi. Para cualquier utilización fuera de la web, deberás pedirme permiso. Agradecería cualquier comentario que quisieseis hacer, podéis poneros en contacto conmigo en la dirección de correo Rhea Carlysse