MI PEQUEÑA OBSESIÓN

 Por Rhea Carlysse

Capítulo cuatro

(Jean-Paul)

Cierro la puerta.

Avanzo por el pasillo.

Llego a mi habitación.

Abro la puerta.

Entro.

Cierro la puerta.

Comienzo a golpearme la cabeza contra la madera.

Soy imbécil. Ya es oficial.

No sólo tengo que ir a enamorarme del idiota del barrio, sino que encima le beso.

Golpe contra la madera.

Idiot.

¿A quién se le ocurre?

Bueno, la respuesta es obvia. A mí.

Golpe contra la madera.

Aunque ha respondido al beso. Más o menos.

Ni siquiera ha sido un beso, beso. Más bien ha sido un roce. Sí. En realidad no ha sido nada. Lo suficiente como para dejarle en shock.

Y cuando me he separado estaba pálido, ni siquiera sabía lo que decir...

Golpe contra la madera.

Merde. ¿Cómo se supone que le voy a mirar mañana a los ojos?

¿Qué le digo?

Oye, siento haber intentado meterte la lengua hasta la garganta. Sí, eso hubiera quedado gracioso de decir.

Golpe contra la madera.

OoOoOoO

(Bobby)

Entro en el hangar con aire ausente y repaso la sala con la mirada, esperando encontrar a Hank escondido entre algún montón de chatarra. Sin embargo, al seguir el metálico sonido de una llave inglesa golpear el suelo, lo que veo es una mata de pelo blanco recogida en una coleta y una tez oscura, ligeramente cubierta de aceite de motor en frente y mejillas.

- ¿Querías algo, Bobby? – pregunta sin apartar la mirada de un panel semi-descubierta del Pájaro Negro.

- Estaba... Buscando a Hank – contesta extrañado -. ¿No se supone que eso debería hacerlo Hank? ¿O Kurt?

- Bueno, ya sabes – responde alejándose un poco del jet y pasándose una mano por el pelo – todo se consigue con un poco de práctica. Y al final no es más difícil que abrir una caja fuerte – termina, con una sonrisa.

Asiento con la cabeza y me giro para irme.

- ¿Te pasa algo, Bobby?

- ¿Por qué? – me doy la vuelta bruscamente y contesto demasiado rápido – Es decir, no. No me pasa nada. Exámenes, estrés, ya sabes.

¿Que si me pasa algo?

Nah.

Apenas.

Uno de mis compañeros (y recalco esa “o” final) me ha besado. Pero bien. Todo perfecto.

- ¿En serio? – pregunta inquisitivamente – Ayer nos dejaste un poco preocupados a todos, después de salir así del entrenamiento.

- ¿Vas a decirme que me pasé con Jean-Paul?

- Nah – responde después de meditarlo un segundo -. Es un buen tipo, pero a veces merece que alguien le ponga en su sitio.

- Bueno, si su sitio es el suelo, entonces ese alguien fui yo.

Ororo pone los ojos en blanco y niega con la cabeza, pero tiene una sonrisa en la cara.

- ¿Sabes dónde está Hank? – pregunto cambiando de tema.

- ¿No está en el laboratorio?

- No, por eso pensé que quizá estaría aquí.

- Hank tiene una vida social, ¿sabes Bobby? No está todo el día trabajando.

- Las convenciones de Star Trek no son vida social Ororo, pero seguro que él agradecerá el intento.

Tormenta enarca una ceja.

- ¿Qué pasa? – pregunta mirándome fijamente.

- ¿A qué te refieres?

- Cuando te metes con la vida social de Hank es que te pasa algo.

Abro la boca para contestar pero ella enarca las cejas inquisitivamente y no digo nada.

- Es... Una tontería – contesto. Una respuesta lamentable.

- Por aquí, es un milagro que todavía queden de esas.

- Sí... – respondo ausentemente.

Me quedo en silencio durante unos segundos, mirando la superficie de metal de Jet.

- Bobby, sabes que puedes confiar en mí, ¿verdad?

Giro ligeramente el rostro hacia ella y sus ojos azules se clavan en los míos.

Ororo no es Hank pero siempre ha sido... Comprensiva con todos. Una líder muy diferente de Scott.

- Y si vuelves a decir que no es nada te golpearé con la llave inglesa hasta que hables.

Sí, muy diferente de Scott.

Dejo escapar un resoplido.

- Ororo, ¿alguna vez...? No, déjalo, es una tontería – digo girándome de nuevo para irme.

La mano de Ororo agarra la pernera de mi pantalón para evitar que me aleje.

- Bobby... – me advierte.

Pongo los ojos en blanco y me siento a su lado.

- Dispara – dice mientras vuelve la mirada de nuevo hacia el Pájaro Negro.

- ¿Alguna vez te has sentido atraída por alguien de tu mismo sexo, Ororo? – pregunto de carrerilla, para evitar la vergüenza.

Ororo no me mira, pero puedo observar cómo medita cuidadosamente la respuesta.

- ¿Sabes quién es Yukio? – su voz es casi melancólica mientras hace la pregunta.

A mi mente acuden fragmentos de anteriores conversaciones con Anna.

- ¿Japonesa, morena y algo psicótica? – cito.

Una extraña sonrisa se dibuja en sus labios.

- La conoces.

- Nah. Pícara la conoce, yo sólo presto atención en nuestras conversaciones.

Ororo ríe ligeramente.

- La conocí cuando Logan nos invitó a su boda con Mariko – comienza, pausadamente -. Yo estaba... pasando por un mal momento. Hacía meses que había perdido completamente el rumbo, había pasado de ser una persona que no se plantearía matar en ningún caso, a perder el control e intentar matar a Calisto. Estaba emocionalmente destrozada, y eso estaba afectando a mis poderes.

Hace una pequeña pausa y exhala un suspiro.

- Yukio era todo lo que yo no era, todo lo que había perdido al dejar África. La vida era un juego, cada experiencia era única y deliciosa, vivir al máximo y sin preocupaciones. Total y absoluta libertad – continúa mientras frunce ligeramente el entrecejo. Sin embargo, el gesto desaparece casi inmediatamente -. Me ayudó mucho.

- ¿La etapa cuero? – pregunto sin poder contenerme.

- Sí – responde riendo -, la etapa cuero.

- Si te sirve de consuelo, yo era fan de ese uniforme.

- Gracias, pero no creo que sea mi estilo.

Hace una pequeña pausa antes de continuar.

- Lo que quiero decir es que Yukio era... Importante. Muy importante para mí. Especial. Era la única persona que supo ayudarme cuando lo necesitaba.

- ¿Fuisteis...?

- No – contesta inmediatamente -. No llegó a nada físico, pero... Sí, supongo que me atraía. Quizá fuera su forma de ver la vida, o que parecía que yo realmente le importaba, pero el hecho es que, cuando llegó el momento de ver el mayor deseo de mi corazón, resultó ser estar con ella.

- ¿A qué te refieres con el mayor deseo de tu corazón? – pregunto extrañado.

- El Palacio de los Espejos. Una larga historia.

- Ah.

Y la conversación se queda ahí durante unos momentos mientras intento digerir lo que me ha dicho.

Ororo. Yukio. Ororo “y” Yukio. Vaya.

En ese momento Ororo se aclara la garganta.

- Bueno, ¿y quién es?

- ¿Qué? – pregunto confuso.

- Si me preguntas eso es que hay alguien. Prometo no escandalizarme, - se para un momento y hace una mueca de disgusto – a no ser que sea Scott, o Warren.

Scott o Warren.

Ugh.

- Ugh – contesto con mi propia mueca de disgusto - ¿Cómo puedes insinuar eso? Son como... Mis hermanos. Sería incesto.

Su expresión cambia ligeramente cuando digo esto.

- Los sentimientos pueden cambiar, ¿sabes? No hay nada de malo en ello.

- Scott o Warren, Ororo. Olvídate del incesto, hablamos de Scott o Warren.

- Lo único que digo es que los sentimientos cambian con el tiempo – responde.

En ese momento la sala se inunda de un olor inconfundible a azufre y oigo la voz de Kurt a mis espaldas.

- ¿Has tenido que esperar mucho, liebling?

Las mejillas de Ororo se oscurecen ligeramente cuando Kurt se acerca.

Una mirada de Kurt me indica que sobro en la habitación, así que me levanto y salgo de allí.

Scott y Warren.

Ugh.

Ese pensamiento me acompañará durante días.

Noches sin dormir.

Muchas noches sin dormir.

¿Y todo ese discursito de los sentimientos que cambian?

Ororo está rara, incluso se ha sonrojado al final, no sé por qué...

Oh.

Vale.

Lo pillo.

Kurt y Ororo.

De acuerdo, no soy tan denso. Soy denso, pero no tanto.

Ugh, Scott y Warren.

OoOoOoO

(Jean-Paul)

Suspenso.

Suspenso.

Hmm...

Suspenso alto.

Deprimente.

Tienes fama, fortuna... Salvas al mundo una y otra vez durante media vida. Mueres, vuelves. Y todo para nada.

Y además analfabetos. Interés se escribe sin hache.

Deprimente. Realmente deprimente.

Alguien llama a la puerta.

Entierro el rostro entre las manos e intento no bostezar. Hace días que no duermo.

- Pase – digo con el tono de voz más indiferente que consigo.

A la vez que oigo el clic que indica la apertura de la puerta, vuelvo la mirada hacia los exámenes y doy la vuelta al que tengo delante.

Deprimente.

- ¿Puedo pasar? – pregunta una voz ligeramente temblorosa.

Resisto la tentación de poner los ojos en blanco.

- Ya he dicho que... – me paro a mitad de la frase al observar quién está en la puerta. Perfecto, simplemente perfecto – Hola.

Una media sonrisa y levanta la mano ligeramente en señal de saludo.

Aparto la mirada para volver a los exámenes.

- ¿Querías algo? – pregunto mientras cojo uno al azar.

- Hmm... – pausa – Quería... Quería hablar contigo.

Asiento mientras comienzo a repasar el examen con el bolígrafo.

- ¿En serio? ¿De qué? – menos un punto.

En una mirada fugaz puedo ver cómo Bobby juguetea ligeramente con su camisa.

- Es... Quería... Hablar de lo de anoche.

Evidentemente. Cómo no.

Asiento ausentemente mientras rodeo uno de los ejercicios con un brillante y lustroso círculo rojo.

Espero pacientemente durante unos segundos en los que ni siquiera levanto la vista, aunque oigo el constante repiqueteo y chirrío de las deportivas de Bobby moviéndose incansablemente sobre el suelo.

- ¿Y bien? – pregunto sin demasiado interés.

- Uhmmm...

Esa es toda la respuesta que recibo durante cinco segundos, después sólo silencio.

Dejo el bolígrafo sobre la mesa.

Hay muchas situaciones que plagan mi mente. El ochenta por ciento de ellas no son buenas, el quince por ciento son catalogadas para mayores de dieciocho años y que dejaré para disfrutarlas esta noche, y el último cinco por ciento restante son un par de ideas de un romanticismo absurdo.

Y como me atrevería a apostar que la situación va a tender hacia ese aplastante ochenta por ciento, decido que voy a ahorrarnos el mal trago a ambos.

- Bobby – respiro hondo y Bobby parece aliviado de no tener que hablar -, lo de anoche... Fue... Es... Este tipo de cosas pasan.

Me observa como si no comprendiera mi idioma. Aunque no es nada nuevo, a veces pienso que para hablar con Bobby Drake habría que llevar una pizarrita en la cual hacer dibujos de los conceptos difíciles. Aunque, la verdad es que es un detalle algo encantador en cierto sentido.

- Lo que quiero decir – comienzo de nuevo, despacio y gesticulando con las manos – es que no hay que hacer un... No hay que darle mayor importancia. Estas cosas pasan, no es que seamos un par de críos de quince años.

Bajo la mirada y recojo de nuevo el bolígrafo.

Sí, creo que eso ha quedado bien. Claro, conciso, rápido. Sin sexo. Pero directo al punto que iba al principio. Excepto por la parte del sexo.

Bobby no contesta y yo no levanto la vista.

El bolígrafo comienza a pintar mal y lo tiro encima de la mesa.

- Claro – murmura por fin Bobby – Es... Claro. Es justo lo que yo iba a decir.

- Sí – contesto sin mirarle, y abro un cajón en busca de otro boli.

- Quiero decir, no es que yo... Yo sólo... No quería que pensases que yo...

- ¿Yo? Nah.

- Genial.

Después de un par de segundos me decido por fin a alzar la mirada y veo que está sonriendo.

Cabrón.

Aprieto los labios.

- ¿Querías algo o sólo has venido a molestar? Tengo trabajos y exámenes que corregir.

Bobby me observa con ligera sorpresa y yo me reclino en mi silla, cruzo los brazos sobre el pecho y enarco las cejas.

- No – contesta con voz cortante -. No te preocupes, sólo era eso.

Él se gira para irse y yo vuelvo a colocarme en mi posición original, lanzándole miradas furtivas mientras se aleja hacia la puerta.

Cuando está a dos pasos de salir, se para, se da la vuelta y vuelve a acercarse.

Me observa con los brazos cruzados y mirada desafiante.

- Me descolocas – afirma con voz impasible.

Parpadeo.

Y poco más.

- No, en serio. Yo venía aquí con un croquis perfectamente organizado de la conversación – abro la boca –. No, tú te callas, que pierdo el hilo. En fin. El caso es que la conversación estaba perfectamente planeada en mi cabeza, ¿entiendes? Y... Y vienes tú y me lo descolocas todo otra vez, y no sé por qué, y siempre me haces eso. Así que cállate y déjame terminar, ¿quieres?

Permanece en silencio durante unos segundos mientras recupera el aliento.

- No te entiendo. No sé de qué vas, porque... Porque primero me odias y me insultas y después te presentas en mi habitación y me besas. Y sales corriendo y ahora no ha pasado nada. Nada. Y ya está. Y no lo entiendo. ¿Tú lo entiendes? Porque yo no.

Voy a hablar y levanta la mano de nuevo para interrumpirme.

- No, déjame acabar. No puedes venir, ponerlo todo patas arriba y echarte atrás. Eres un capullo y te odio. Y la parte que venía ahora resulta ridícula ahora que lo estoy diciendo en voz alta, pero como ya me voy sintiendo ridículo desde hace un buen rato, pues voy a decirlo de todas maneras.

Murmura algo ininteligible.

- ¿Qué?

Bobby respira hondo, está rojo, ya sea por la falta de aire o por el calor, y se mueve inquietamente, saltando continuamente de un pie a otro.

- ¿Quieres salir conmigo?

Me gustaría decir que en este momento digo algo inteligente, irónico, sarcástico o incluso mordaz. Sí, me gustaría mucho.

- ¿Uh?

- Hmmm... ¿Quieres salir conmigo? – pausa – Salir como... Como en citas y eso. Vamos, salir como salir en mecánica cita. – Silencio - ... – Silencio - ¿Vas a decir algo? Lo digo porque ya me siento suficientemente imbécil aquí de pie – dice con una risa nerviosa.

Y tengo la sensación de que va a comenzar a hiperventilar de un momento a otro.

Qué coño, yo también.

- Ummm...

Trago saliva y reconsidero la situación.

Tengo un aula de Economía en pleno verano y con todas las ventanas cerradas, un dolor de cabeza insoportable y un Bobby Drake delante de mí pidiéndome salir.

¿Aliens?

Sí, posiblemente.

Quizá estemos siendo abducidos.

Skrulls.

Los skrulls son metamorfos. Probablemente estén tomando toda la escuela en este momento.

De hecho, seguramente soy el único que no está bajo su control, la cantidad de incompetentes que habitan en este sitio es demasiado grande para expresarlo con palabras. Una foto de Summers bastaría.

O quizá hay una explicación más sencilla.

- ¿Es una broma?

Bobby abre los ojos con sorpresa.

- ¿Qué?

- ¿Es esto una broma de mal gusto, Drake?

- ¡No! – exclama indignado.

...

- Oh.

...

La gente me había mencionado esto de no saber qué decir. Es una sensación extraña.

- Hmmm...

Bobby me observa. Expectante.

- Uh...

Si tuviera que elegir la situación más humillante en la que haya estado nunca, creo que sería ésta.

Ésta o aquel asunto de los patos del que no voy a hablar nunca.

Bobby baja la mirada.

Respiro hondo, me aclaro la garganta y rezo porque mi voz no suene ahogada.

- Très bien.

Bobby enarca las cejas casi profesionalmente, pero no dice nada.

- ¿Cuándo?

Intento que mi sonrisa no sea de oreja a oreja mientras le observo cómo abre la boca y emite su elocuente respuesta:

- ¿Qué? – hilillo de voz.

- ¿Cuándo?

- Hmmm... – traga saliva - ¿Hoy?

Dejo escapar una pequeña carcajada. No es una risa nerviosa. No lo es. No lo es.

- No puedo. Tengo que... corregir exámenes y...

- ¿Mañana?

- Vale – respondo automáticamente.

- Vale – contesta a su vez, asintiendo.

Pasamos un minuto en silencio, hasta que Bobby se decide a levantar la mirada y esbozar una pequeña sonrisa.

- Entonces... Hasta luego.

- Bonsoir – murmuro con el tono de voz más neutro que consigo.

Bobby se gira y se dirige hacia la puerta. Espero a que ésta se cierre para poder desplomarme tranquilamente encima de mi mesa y hacer que mi cabeza colisione con fuerza. Porque ser idiota es una manía que he adquirido desde hace poco y a la que parece estoy cogiendo gusto, y porque ésta ha sido probablemente la conversación más estúpida que he tenido nunca y porque... Joder, no tenía una cita desde... Ya ni siquiera me acuerdo, lo cual nunca es bueno. Y ahora...

La puerta vuelve a abrirse y antes de que me de cuenta hay una mano en mi nuca, unos labios sobre los míos y un pequeño intento de lengua. Un beso que no llega a más porque Bobby se aparta, sonríe y sale por la puerta de nuevo como si no hubiera pasado nada.

Continuará


Todos los personajes pertenecen a Marvel, pero la historia me pertenece a mi. Para cualquier utilización fuera de la web, deberás pedirme permiso. Agradecería cualquier comentario que quisieseis hacer, podéis poneros en contacto conmigo en la dirección de correo Rhea Carlysse