MI PEQUEÑA OBSESIÓN

Por Rhea Carlysse

(Hank)

-¿Piensas seguir con eso?

Robert parece algo desconcertado, así que señalo el inhibidor. Él encoge los hombros.

-No lo sé. Es cómodo, la gente no se congela y eso.

Introduce una mano en la caja de twinkies y se lleva un puñado a la boca.

Le escruto con mirada inquisidora, aunque no parece advertirlo. Espero durante unos segundos. Observo, analizo, y espero a que termine de masticar para preguntarlo.

-¿Quién es?

Es una voz tranquila, y acto seguido introduzco mi mano (zarpa, más bien, pero la extremidad sirve igual para el propósito) en la caja.

-¿Quién es quién? – contesta demasiado rápido y dejando ver por un segundo esa expresión de: “Estoy ocultando algo y aunque me muero de ganas de contarlo no lo voy a hacer”, que parece venir en un enorme letrero luminoso.

Por cosas como esa siempre le gano al póquer. Por cosas como esa dejó de jugar al póquer conmigo, supongo.

-Ropa que combina, gafas de sol que brillan por su ausencia, zapatos en lugar de deportivas... Tienes una cita o te gusta alguien. O las dos cosas.

Se muerde el labio inferior durante un momento y acto seguido sonríe divertido.

-¿Es que me crees incapaz de arreglarme para venir a trabajar?

-Robert, ¿recuerdas esa importante y elegante conferencia sobre neurocirugía a la que te pedí que me acompañaras? – asiente – Te presentaste con vaqueros rotos y una camiseta de Pesadilla antes de Navidad. Creo firmemente que es físicamente imposible que te arregles a no ser que haya una razón de peso de por medio. Lo que nos lleva nuevamente al concepto de cita que he mencionado antes.

Pone los ojos en blanco, pero la sonrisa se mantiene y juguetea con un hilo que cuelga de su camisa.

Bobby es como un libro abierto, al menos para mí. Es una ecuación, si sabes las reglas básicas y eres capaz de razonar, no tiene ningún secreto para ti, no importa cuánto se esfuerce en complicarlo todo.

-Así que podemos descartar a Lorna. A Júbilo, o la escuela entera lo sabría ya. Puede que Kitty, pero no he visto a Peter partirte las piernas, así que...

-Espera, espera, ¿Kitty? – su expresión tiene un aire de incredulidad.

-Oh, vamos, cuando volvió a la escuela hubo todo tiempo de rumores sobre vosotros dos – comento con tranquilidad y tomo otro puñado de twinkies -. Pero ya sabes cómo son esos rumores. Probablemente alguien especuló y lo sacaron de contexto. Siempre lo hacen, creo que incluso hubo uno sobre Jean-Paul y tú.

Bobby enarca una ceja y me mira con interés.

-¿Ah, sí?

Asiento y retiro uno de los vasos de precipitados para hacerme un sitio en la superficie de la mesa.

-Sí, poco después del funeral. A mucha gente le extrañó que pidiera que... Pero eso da igual – me interrumpo -, estábamos hablando de tu cita.

La mirada de Bobby está perdida por alguna parte del laboratorio.

-¿Y qué era exactamente lo que decían?

Esta vez es mi turno para enarcar las cejas.

-Lo típico, ¿por?

Bobby se encoge de hombros antes de contestar con un simple “curiosidad”. No dice nada más. Se lleva un puñado de twinkies a la boca, evita mi mirada y cambia radicalmente de tema en la conversación.

Como he dicho antes, Robert es un libro abierto para mí. Puede que esa sea la razón por la que simplemente dejo pasar el asunto y me centro en la nueva conversación sobre Star Wars.

OoOoOoO

(Bobby)

Si no me conociera diría que estoy nervioso.

Y no lo estoy. Me conozco y no lo estoy. Si estuviera nervioso estaría teniendo alguna extraña conversación conmigo mismo. Cosa que no estoy haciendo. Para nada.

De hecho ni siquiera tengo motivos para estar nervioso.

Una cita.

Una estúpida y diminuta cita. No tiene la menor importancia. He tenido citas antes. Montones y montones de citas.

Y – como experto en el ámbito de las citas que soy - creo que unas deportivas no serían lo más correcto para una cita. Sobre todo para una cita con Jean-Paul “soy la portada del Vanity Fair” Beaubier. Llamadlo pálpito si queréis.

Estoy en mi habitación, he quedado en el salón en veinte minutos y todavía no sé qué ponerme. No sé qué es peor, que soy un jodido desastre o que el hecho de haber pasado media hora delante de un armario abierto de par en par para decidir qué ponerme me convierte, a ojos del mundo entero, en una mujer hecha y derecha.

Termino decidiéndome por algo clasico y que no haga que Jean-Paul dirija sus mordaces comentarios en mi dirección: pantalón de vestir y camisa... Dios... parezco un clon de Warren... de hecho... ¿esta camisa no era suya?...

OoOoOoO

(Júbilo)

-Estás hecho un asco.

Jean-Paul se gira y me observa durante un segundo con esa mirada asesina que ya fue patentada por el doctor House.

-Vaya, gracias Júbilo. A ti esas mallas te hacen gorda.

Pongo los ojos en blanco y exploto el globo de mi chicle.

-Lo digo en serio, tienes ojeras.

-Sí, bueno, es un efecto secundario del no dormir. Si me disculpas...

Intenta esquivarme, como si fuera tan fácil.

-¿Vas a tu cita?

Respira hondo y aprieta los labios (fuerte, porque están perdiendo algo de color).

-En serio, no es por entrometerme pero...

-¿Por qué dudo de que no es por entrometerte?

Lo ignoro, todo sea por una buena causa.

-Si vas con esa cara vas a asustarle – continúo con una sonrisa.

Él vuelve a respirar hondo.

-Júbilo, tengo prisa. Si vas a decir algo, dilo ahora o cállate.

Tsk. Hombres, todos iguales.

-Lo único que digo es que parece que vas a ir a la guerra o algo así. Bobby es muy influenciable, terminaría escondiéndose debajo de un coche o algo así.

-¿Y qué sugieres? – parece impaciente y mira el reloj cada dos segundos - ¿Que sonría? ¿Que le de un abrazo?

-No, por Dios. Un cambio tan brusco en tu personalidad podría provocarle un aneurisma.

Tercera respiración honda del día.

-Escucha Jubilation...

-Júbilo.

-Jubilation – repite -. Aprecio tus intenciones, pero tengo prisa y poca paciencia, así que...

Levanto las manos en señal de paz.

-Vale, vale. Pero alegra esa cara, Bobby es mi amigo, lo mínimo que puedes hacer es intentar hacerle feliz.

En ese momento Bobby aparece por la puerta y yo me desvío hacia la cocina.

OoOoOoO

(Bobby)

-¿Pasaba algo?

Jean-Paul parpadea, como si de repente se diera cuenta de dónde está, y niega con la cabeza.

Está pálido y tiene ojeras, aunque eso no es nada nuevo desde que volvió. A Jean no le pasó eso. Ni a Peter, ni a Betsy, ni siquiera a Scott.

Comenzamos a caminar hacia el garaje, ninguno dice nada.

Jugueteo con una moneda que tengo en el bolsillo.

No estoy nervioso. No estoy nervioso.

Algunas personas miran al pasar. Nos miran al pasar.

Respiro hondo e ignoro esa sensación burbujeante que empieza en mi estómago y se extiende por todo el cuerpo.

Una vez en el garaje Jean-Paul se para en frente de algo que parece un

-¿Porsche? ¿Tienes un Porsche? ¿Desde cuándo tienes un Porsche y por qué yo no lo sabía? – creo que acabo de sonar desesperado. Humillado, incluso.

Los labios de Jean-Paul se curvan en una ligera sonrisa y saca las llaves del bolsillo.

-Porsche Boxster.

Porsche Boxster. Plateado. Descapotable. Tapicería de cuero negro. Perfectamente conducible.

Cómo esa maravilla de coche me ha podido pasar desapercibida hasta ahora es un misterio para la humanidad.

-¿Adónde vamos?

-¿Eh?

Enarca una ceja y cruza los brazos sobre el pecho.

-Vamos a algún sitio en concreto, non ¿O planeas dar vueltas en el coche hasta que se haga de noche? No es que sea un mal plan, pero...

En pocos segundos mi rostro alcanza grados de rojo desconocidos para el mundo hasta ahora.

-No. Sí. Quiero decir – rojo escarlata. Si me hubiera vestido de amarillo sería un estandarte de Gryffindor. Compostura Drake -, claro que...

-Bobby, era una broma.

Ahora tiene ambas cejas enarcadas y una medio sonrisa de diversión bailando en los labios y oh, sí, una broma, qué hilarantemente gracioso.

Una broma.

Ja.

Qué bueno.

De hecho no sé por qué no me estoy partiendo de risa en este mismo momento.

-Je.

Silencio.

-Uhmmm...

Oh, sí. La cita.

-¿Seguro que quieres ir en eso? – aunque “eso” no hace justicia al Porsche -. Podrían robarlo.

-Tiene alarma.

-Se puede desactivar.

-Créeme, nadie toca mi Porsche y sale indemne – hace una pausa. Y da miedo al mismo tiempo. Sonríe dejando a la vista dientes tan brillantes que me extraña que no causen ceguera permanente – Soy muy posesivo con mis cosas.

Silencio.

Jean-Paul se humedece los labios con la punta de la lengua. Las llaves del Porsche tintinean insistentemente en sus manos y si no le conociera (cosa que no estoy muy seguro de hacer), juraría que está nervioso.

-Y...

-Cine – interrumpo.

-Cine – y lo repite incrédulo.

Soy imbécil.

-Lo sabía, tenía que haber...

-No, está bien.

Oh no, tiene cara de circunstancias, seguro que tiene una idea mejor.

-¿Tienes una idea mejor?

La cara de Jean-Paul parece animarse...eso es buena señal ¿no?

-De hecho, un amigo mio es el encargado de las exposiciones del Metropolitan y hoy inauguraban el ala Griega y Romana. Si te apetece, claro. No es una obligación.

Mi cara no puede ser de mayor incredulidad.

-¿Y nos van a dejar pasar por el morro?

Jean Paul sonrie...si... esa sonrisa que hace temblar a sus alumnos de terror y saca dos invitaciones del bolsillo interior de su americana.

-Por el morro no, mon ami, por cortesia del Museo Metropolitan de Nueva York.

¿Que se puede responder a eso?... solo sonreir estupidamente y seguir a Jean-Paul hacia el interior del coche.

Jean-Paul se sienta a mi lado y arranca el coche.

Un borrón se ve en el aire, justo delante del reproductor de cd´s y el coche (Un. Porsche.) se inunda de música. Más o menos. En concreto se inunda de

-¿Queen? ¿Tienes a Queen? ¿En cd? ¿En el coche?

Jean-Paul aparta ligeramente la mirada y se coloca mechones de pelo negro detrás de la oreja. La punta está algo roja, lo cual por alguna razón no deja de parecerme adorable.

-Bueno, ya sabes, es uno de esos grupos.

Enarco las cejas. Jean-Paul se revuelve incómodo en el asiento y se abrocha el cinturón.

-Lo reconozco.- dice Jean-Paul- Soy fan de Queen desde hace años y tengo toda su discografia.

Me rio sin poder evitarlo.

-Si tienes el “Live at Wimbledon” y me lo prestas puedes considerarme tu mas devoto esclavo.

La risa de Jean-Paul resuena en el coche y he de admitir que es algo glorioso.

-¿Quien sabe Drake? Podría tomarte la palabra...

Continuará


Todos los personajes pertenecen a Marvel, pero la historia me pertenece a mi. Para cualquier utilización fuera de la web, deberás pedirme permiso. Agradecería cualquier comentario que quisieseis hacer, podéis poneros en contacto conmigo en la dirección de correo Rhea Carlysse