¿QUE ERES QUÉ?

 Por Rhea Carlysse

Capítulo uno

Jean-Paul se despertó al sentir el continuo golpe de los rayos de sol que se filtraban por la ventana. Sonrió mientras recordaba todo lo que había pasado y pensó que por una vez su vida iba bien... ¿o no?

Palpó con el brazo el resto de la cama para descubrir que estaba vacía. Otra vez.

Se incorporó y miró a su alrededor, fue entonces cuando vio la puerta del baño entreabierta y oyó el leve sonido del agua cayendo. Así que era eso, pensó.

El sonido de agua cesó y, unos segundos después, un hombre rubio salió del baño solamente vestido con una toalla que iba enrollada en su cintura. Una sonrisa se dibujó en sus labios mientras se acercaba.

-               Hola – dijo sentándose en la cama y depositando un ligero beso sobre los labios de Jean-Paul - ¿Te has despertado hace mucho?

-               Non – contestó respondiendo al beso – Por un momento pensé que te habías ido.

-               Dado que ésta es mi habitación eso habría sido un poco estúpido, ¿no crees?

Bobby se tumbó en la cama apoyándose en un codo. Jean-Paul alzó la mano y apartó varios mechones de pelo húmedo que caían sobre el rostro de su... ¿novio? Aún no sabía cómo definirlo, y sonrió.

-               Deberías hacer eso más a menudo – dijo Bobby mientras arrastraba a Jean-Paul para que se tumbase a su lado.

-               ¿El qué?

-               Sonreír. Tienes una sonrisa preciosa.

-               Vaya, hace poco estabas huyendo de mí cómo si te estuviese intentando meter en una secta y ahora me piropeas... Aunque me gusta más este cambio.

Trazó con los dedos el límite del trozo de hielo que cubría el pecho de Bobby.

-               ¿Has pensado qué vamos a decir cuando salgamos de aquí?

Bobby se estremeció un poco con el contacto y se encogió de hombros.

-               No lo sé, pero no me gustaría esconderlo.

-               No creo que sea posible, ya que dimos un bonito espectáculo en el jardín de la escuela.

-               Bueno, un par de besos no traumatizarán a nadie... – entonces su cara perdió todo el color – Oh, oh...

-               ¿Qu´est-ce qu´il passe?

Jean-Paul le observó algo asustado.

-          Eh... – Bobby rió nerviosamente – Verás, hay algo que tenía que haberte dicho. ¿Te acuerdas de... bueno, de la noche que nos acostamos? – Jean-Paul asintió algo perdido – Vale, pues seguramente debería habértelo dicho antes, pero no tienes escudos psíquicos.

El canadiense se separó un poco de Bobby.

-          Oh... Y entonces...

-          Emma bloqueó tus pensamientos, me lo dijo el día después.

-          Espera, ¿Emma Frost estuvo en mi mente mientras...?

-          Yo que tú no pensaría en eso o te dará dolor de cabeza.

-          ¿Crees que lo ha vuelto a hacer?

-          Eso espero, o habremos traumatizado a la mitad de los adolescentes que hay aquí.

-          Acabas de quitarle todo el romanticismo a la situación. Lo sabes, ¿verdad?

-          No te tenía por un romántico.

-          Bueno, ya sabes lo que dicen, el amor está lleno de sorpresas.

El Hombre de Hielo le miró atentamente, con una media sonrisa.

-          ¿Amor?

-          Sí. No lo sé. ¿Tú que crees? – preguntó con algo de miedo.

Bobby le rodeó la cintura con el brazo, acercándolo más hacia sí.

-          El gran Jean-Paul Beaubier se queda sin palabras, debe ser un momento histórico – acercó sus labios a los de Jean-Paul – Yo también te quiero – susurró antes de besarle.

***

Kurt Wagner se encontraba desayunando solo en la cocina. Aún estaba sorprendido de que nadie hubiera decidido bajar a comer algo teniendo en cuenta que eran cerca de las nueve.

La mansión estaba totalmente silenciosa, algo que se agradecía de vez en cuando. No había que tomarle a mal, le encantaban los críos, pero a veces eran demasiado. Por ejemplo, el día anterior, durante sus clases de la tarde, la mayoría de los alumnos se había dedicado a hablar sobre el rumor más reciente, un rumor que todavía no sabía si creer. Aunque al parecer había testigos oculares. Sin embargo, citando a uno de sus personajes favoritos de series de ficción: “Un testigo ocular es la prueba menos fiable”.

En ese momento oyó un leve sonido de risas y la puerta de la cocina se abrió, dejando pasar a unos sonrientes Jean-Paul y Bobby. Kurt estaba sorprendido, no sabía que el canadiense fuese capaz de sonreír, al menos no sin su característico deje de superioridad.

La sonrisa de Bobby desapareció en cuanto vio que no estaban solos y soltó inmediatamente la mano de su acompañante.

-          Kurt... No... No sabía que había nadie aquí.

Así que esta vez los rumores eran ciertos... Bueno, tarde o temprano tenía que acabar pasando.

-          Al parecer sólo a nosotros tres se nos ha ocurrido bajar a desayunar. ¿Qué tal la noche? ¿Cereales? – preguntó ofreciéndoles la caja de cereales.

Kurt no pudo dejar de observar que el rostro del Hombre de Hielo adoptaba distintas gamas de escarlata por momentos y que Jean-Paul seguía con una ligera sonrisa de diversión.

-          Bien – musitó Bobby sentándose en la mesa y cogiendo los cereales.

Mientras tanto el canadiense rebuscaba algo en la nevera.

-          ¿Qué piensas hacer hoy? – preguntó Kurt despreocupadamente.

-          Eh... La verdad, no lo sé – contestó el rubio sin levantar la vista.

Jean-Paul se sentó en la mesa trayendo no sólo su desayuno, sino el de Bobby.

Curioso.

Bobby observó al moreno con una sonrisa nerviosa y musitó algo que sonaba como “gracias”.

-          Sabéis que sois la comidilla de la escuela, ¿verdad?

-          ¿Por qué? – preguntó Bobby, acto seguido recibiendo un codazo por parte de Jean-Paul – Quiero decir, supongo que ya te habrás enterado.

-          He oído rumores pero me gustaría oír la historia entera – contestó el demonio azulado apoyando los codos sobre la mesa.

Jean-Paul miró inquisitivamente a Bobby y éste sintió como una mano apretaba la suya debajo de la mesa. Sonrió. No quería perder lo que tenía nada más conseguirlo y no iba a esconderlo.

-          No hay mucho que contar – dijo tragando saliva – Estamos saliendo – levantó la mano que tenía bajo la mesa para que Kurt pudiera ver que seguía enlazada con la de Jean-Paul.

Mientras tanto el susodicho había comenzado a desayunar a una velocidad pasmosa. No es que eso fuera nada nuevo.

-          Enhorabuena – contestó Kurt volviendo a su desayuno.

Bobby le miró extrañado.

-          ¿Ya está? ¿Te parece bien?

-          ¿Por qué debería parecerme mal?

-          Pues... No sé. ¿No se supone que la religión católica está en contra de estas cosas?

-          Sí, bueno, creo que estoy tomándome unas pequeñas vacaciones de la Iglesia. Además, el hecho de que unos pocos ineptos no acepten este tipo de cosas no significa que todo el mundo opine igual.

Una pequeña sonrisa apareció en los labios de Bobby. Ya había por lo menos dos personas a las que no les importaba, eso era bueno, ¿no?

-          ¿Pensabas que me iba a importar? – preguntó Kurt extrañado.

-          No... No lo sé – rió nerviosamente – Aún no estoy muy acostumbrado a esto.

-          Estoy seguro de que a los demás les parecerá bien. Aunque, al fin y al cabo, es una decisión propia. No deberías dejarte influir por los que te digan lo contrario.

-          Gracias.

-          De nada – contestó levantándose – Me parece que os voy a dejar solos, aún tengo que corregir algunos trabajos y me gustaría hacerlo antes de la sesión de entrenamiento.

Los otros dos hombres se despidieron y Kurt se dirigió hacia la puerta, cerrándola tras de sí nada más salir. Oyó unos sonidos ahogados de risas en la habitación que acababa de dejar.

En principio Bobby parecía feliz, esperaba que nadie intentara hacerle creer lo contrario.

***

Jean-Paul dejó de rebuscar en su armario cuando oyó cómo llamaban a su puerta. Se dirigió a abrir para encontrarse cara a cara con alguien que esperaba que apareciera tarde o temprano.

Desde luego no podía ser casualidad que alguien viniera a verle en los dos únicos minutos que había pasado en su habitación desde el día anterior.

-          Vaya, ¿a qué se debe tan inesperada visita? – preguntó irónicamente. Después de lo que le había dicho Bobby esa mañana era de esperar que Emma apareciese en su puerta en algún momento.

-          Esperaba que a estas alturas Bobby ya te lo hubiera contado.

-          Lo hizo. Esta mañana. ¿Quieres pasar? – se apartó para que la mujer entrara en la habitación – La verdad es que no habíamos hablado mucho hasta ayer.

-          Eso se comenta – contestó Emma sentándose en la silla que había junto al escritorio de Jean-Paul.

El canadiense tomó asiento en su cama.

-          Entonces...

-          Entonces me gustaría aclarar que mi intención no es meterme en la vida de nadie ni criticar lo que los demás hacen, por lo que a mí respecta cada persona es dueña de sí misma. Sin embargo exigiré algo de respeto por los estudiantes.

-          Bobby ha tenido demasiadas cosas en mente estos días y se le olvidó mencionar tu conversación. Si no, hubiéramos tenido en cuenta el pequeño factor de los telépatas.

-          Ya lo imaginaba. Bloqueé de nuevo tus pensamientos, pero no lo volveré a hacer, así que te sugiero que te pases por mi despacho antes de... llegar a mayores. O pídeselo a Rachel si lo prefieres.

-          Me pasaré esta tarde por tu despacho.

-          De acuerdo.

Permanecieron unos segundos en silencio.

-          ¿Qué tal se han tomado el resto el cambio de Bobby? – preguntó.

-          Bueno... Las únicas personas con las que he hablado han sido Scott y Hank, y algo me dice que Hank ya lo sabía. En lo que respecta a Scott... Digamos que no lo está llevando muy bien.

-          Me lo imaginaba... Bobby va a hablar con él dentro de un rato.

-          Sí. Scott ha convocado lo que podríamos llamar un “concilio” para solucionar el “problema” de Bobby – comentó poniendo los ojos en blanco.

-          ¿Quiénes van a estar?

Emma lo pensó unos segundos.

-          De acuerdo... Ororo, Logan y yo. Le disuadí de llamar a Worthington o habría tenido algo de apoyo.

-          Merci.

-          De rien.

Jean-Paul la observó impresionado.

-          No sabía que supieras francés.

-          Una no llega hasta un puesto importante en el Club sin ciertas cualidades, Jean-Paul.

La mujer se levantó de la silla.

-          Si me disculpas, tengo cosas que hacer antes de acudir al concilio – esto arrancó una sonrisa a Jean-Paul.

Emma se dirigió hacia la puerta y antes de salir se dio la vuelta para mirar al canadiense.

-          Por cierto, enhorabuena.

***

Bobby se detuvo frente a la puerta del despacho de Scott. No quería pasar, tenía la sensación de que no le iba a gustar lo que le tenían que decir.

Respiró hondo y giró el picaporte, que fuera lo que Dios quiera.

Scott, que había estado sentado en su escritorio levantó la vista.

-          ¿Querías algo Scott? – preguntó, aunque sabía de sobra para qué lo habían llamado.

-          Llegas pronto Bobby. Pero sí, me gustaría hablar contigo sobre algo.

Bobby entró en la habitación y se encaminó hacia la única silla libre que había en el despacho. Se sentó y observó con detenimiento la decoración y la organización de todo lo que había allí. Cualquier cosa menos mirar a su amigo a los ojos.

-          Han llegado a mis oídos ciertos... rumores.

El Hombre de Hielo respiró hondo de nuevo y miró a Scott a los ojos.

-          Lo suponía.

-          ¿Y bien?

-          ¿Y bien qué? – preguntó.

-          Sabes a lo que me refiero Bobby.

Bobby cerró los ojos unos segundos y los volvió a abrir, encontrándose con un par de ojos escondidos tras unas gafas de rubí.

-          Si estás hablando de Jean-Paul y yo, entonces es cierto.

-          Si esto es una broma Bobby...

-          No es ninguna broma – hizo una pequeña pausa para tomar aire – Jean-Paul y yo estamos saliendo. Y sí, ha sido una decisión tomada conscientemente.

Scott no dijo nada durante unos segundos.

-          No puedes estar hablando en serio.

-          Escucha, sé que esto puede resultar extraño y repentino pero...

-          Bobby, ¿de verdad esperas que me crea que has cambiado de acera de la noche a la mañana?

-          Esto no ha sido de la noche a la mañana, yo...

-          Tú no eres así Bobby.

Bobby le observó incrédulo durante un tiempo.

-          ¿Perdón?

-          Tú no eres...

-          Creo que conozco mejor que tú mi orientación sexual, Scott.

-          ¿Ah sí? Por lo que a mí respecta esto es sólo una forma de llamar la atención.

-          ¿Es eso lo que piensas? Puede que te choque Scott, pero no toda mi vida gira en torno a ti o a Warren. Puede que llegado un punto haya querido hacer algún cambio en mi vida. Y puede que por una vez sea feliz.

-          Escucha Bobby. No sé si esto es un experimento o qué es lo que te habrá pasado para que hayas cometido una estupidez así, pero éste es el momento de dejar de actuar como si tuvieras seis años y empieces a actuar como un adulto.

El otro hombre se levantó de la silla y se giró para irse.

-          ¿Qué crees que estás haciendo?

-          Creo que es bastante obvio.

-          La reunión no ha terminado.

-          La reunión ni siquiera ha empezado Scott. No puedes organizar una reunión para decidir por mí lo que hago con mi vida, ni puedes analizar cada centímetro de mi mente para encontrar lo que está mal conmigo. Por una vez me ha pasado algo con lo que me siento bien, y por alguna extraña razón esperaba que mis amigos lo aceptaran.

Comenzó a caminar hacia la puerta.

-          Esto es ridículo Bobby.

Bobby se giró para enfrentarle al tiempo que la puerta se abría a su espalda para mostrar a los miembros restantes que habían sido convocados.

-          Te diré lo que es ridículo. Ridículo ha sido pensar que uno de mis mejores amigos me apoyaría cuando le necesito.

Se giró y esquivó a Ororo, Logan y Emma para salir de la habitación.

Scott se quedó quieto y con la boca abierta observando la salida.

***

Bobby andó lo más rápido que pudo a través de los corredores de la mansión.

Sentía cómo sus ojos se humedecían poco a poco. Sabía que Scott no estaría de acuerdo, pero eso no hacía desaparecer todo lo que había dicho.

Chocó contra alguien, aunque ni siquiera notó quién era hasta que su voz le habló.

-          Bobby, pensé que estabas con Scott.

Jean-Paul observó cómo Bobby levantaba la mirada sorprendido y cómo sus ojos comenzaban a humedecerse.

-          ¿Qué ha pasado,  chéri? – preguntó preocupado.

Su novio se encogió de hombros y esbozó una sonrisa amarga.

-          Nada que no me esperara ya.

-          ¿Has hablado con Scott?

Bobby asintió levemente y comenzó a caminar de nuevo por el pasillo, en dirección a su dormitorio. Jean-Paul le agarró del brazo y le obligó a darse la vuelta.

-          Bobby, sé que ahora mismo no te encuentras bien, pero deberíamos hablar de ello.

-          Vale, ¿pero podemos hacerlo en mi habitación? – preguntó como si le costara hablar.

-          Claro – contestó el canadiense entrelazando su mano con la de Bobby.

Comenzaron a avanzar hacia el dormitorio en silencio. Cuando estuvieron allí Jean-Paul cerró la puerta mientras Bobby se abalanzaba sobre su cama y se sentaba cruzando las piernas.

Jean-Paul se sentó a su lado y le rodeó la cintura con un brazo.

-          ¿Quieres contármelo?

Bobby se recostó sobre Jean-Paul, apoyando la cabeza en su hombro. Cerró los ojos y se encogió de hombros.

-          He estado hablando con Scott – comenzó – Llegué pronto a su despacho y todavía no habían llegado los demás, así que me pidió que le contara lo que había pasado. Se lo dije y me preguntó si era una broma, dijo que no podía estar hablando en serio y que lo único que quería era llamar la atención.

Jean-Paul apretó los puños. Iba a enseñar a Summers a cerrar la boca. Se suponía que Bobby era su amigo.

-          Dijo que tenía que dejar de hacer estupideces – continuó después de una pequeña pausa – y empezar a actuar como un adulto. Me enfadé y le dije que la única estupidez que alguien había hecho había sido organizar una reunión para analizar mi vida, y entonces me marché de allí – abrió los ojos y se recostó aún más en el hombro de Jean-Paul – Me imaginaba que le costaría aceptarlo pero... – su voz se quebró.

El canadiense estrechó su abrazo y le besó tiernamente la frente, arrancando una sonrisa a Bobby.

-          ¿Cómo consigues que me sienta bien sin hacer nada? – preguntó volviendo a cerrar los ojos.

-          Es por mi deslumbrante personalidad – dijo sonriendo y volviendo a besarle en la frente – No deberías hacer caso de lo que dice Scott. Sólo está sorprendido. Estoy seguro de que entrará en razón.

-          Puede – Bobby se incorporó y miró a Jean-Paul a los ojos – Pero, ¿y si no lo hace? Scott y Warren siempre han sido como mis hermanos y me gustaría que...

-          Escucha, si es tu amigo lo aceptará tarde o temprano. ¿De verdad crees que merece la pena conservar la amistad de una persona que no te acepta como eres?

-          Supongo que no, pero...

Jean-Paul le cortó con un leve beso en los labios.

-          ¿Tú te arrepientes de algo?

-          No.

-          Entonces eso es lo que importa, ¿non? Si tú eres así, tus verdaderos amigos tendrán que aceptarlo, les guste o no.

-          No quiero perderles – murmuró Bobby enterrando el rostro en el hombro de Jean-Paul y abrazándole con fuerza.

Jean-Paul acarició suavemente el cabello de Bobby prometiéndose tener una pequeña charla con Scott Summers muy pronto.

***

Emma observó con mirada interrogante a su novio, que miraba con una mezcla de indignación y sorpresa el lugar dónde había estado unos segundos antes Bobby Drake.

-          ¿Qué es exactamente lo que ha pasado aquí? – preguntó Ororo pasando al despacho de Cíclope.

-          Me parece que la reunión ha empezado y acabado sin nosotros. ¿Es así, cariño? – preguntó Emma a Scott, haciéndole salir de su trance.

-          ¿Qué? – preguntó.

-          Nada.

Emma se sentó en la silla que antes había ocupado Bobby y Logan se apoyó en la pared.

-          ¿Qué le has dicho a Drake para que esté así? – preguntó Logan mientras encendía un puro.

-          ¿Estás al tanto de todo lo que está pasando con Bobby, Logan?

-          ¿Lo de Johnny y él? La escuela entera debe estar al corriente.

-          ¿Y?

El canadiense se encogió de hombros.

-          No creo que sea algo en lo que podamos entrometernos.

-          ¿Ororo?

La mujer se encogió de hombros.

-          Estoy con Logan. No creo que sea de nuestra incumbencia. Bobby es lo suficientemente adulto como para tomar sus propias decisiones.

-          ¿Es que aquí soy el único que veo la estupidez que está cometiendo? – preguntó levantándose de su asiento – Bobby no es... No puede estar haciendo esto en serio.

-          ¿Por qué no? – inquirió Emma - ¿Por qué no te parece bien a ti?

-          Emma...

-          Scott, me parece que estás exagerando demasiado con esta situación – interrumpió Ororo – Puede que esto nos parezca repentino, pero Bobby lo ha hecho por una razón, y si él es feliz deberíamos apoyarlo y aceptarlo. Se supone que luchamos por la tolerancia.

Scott abrió la boca para decir algo, pero la cerró en cuanto observó las expresiones de los demás miembros de la sala. ¿Es que nadie podía ver lo que estaba pasando? No se trataba de tolerancia, se trataba de Bobby, por amor de Dios...

-          Ororo, Logan – comenzó Emma - ¿Por qué no nos dejáis solos? La reunión ha terminado.

Ororo la dirigió una mirada de desdén antes de salir del despacho y Logan la siguió.

-          ¿Qué es exactamente lo que te molesta de la situación Scott? ¿Temes que tu pequeño mundo perfecto se esté desmoronando? – preguntó una vez la puerta se hubo cerrado.

-          Emma, conozco a Bobby desde que tenía dieciséis años, no esperes que crea que ha cambiado en una sola noche.

-          ¿Es eso lo que piensas? ¿Que una persona no puede cambiar? Te recuerdo que hace unos años yo era una de tus mayores enemigas.

-          No es lo...

-          Es exactamente lo mismo. Las personas cambian, te guste o no. Tus amigos no son algo que se acomoda a tu pequeño mundo de fantasía donde todo es monótono y perfecto y todo encaja como un puzzle.

Se dio la vuelta y se preparó para salir del despacho.

-          Si no puedes aceptar el hecho de que una persona pueda cambiar entonces esto no tiene sentido. Piensa en ello Scott.

***

Jean-Paul sintió cómo Bobby se tranquilizaba poco a poco.

-          ¿Estás mejor? – preguntó.

Bobby asintió y se separó de Jean-Paul.

-          Lo siento, estoy algo saturado con todo lo que está pasando.

-          Tranquilo, es normal.

El canadiense depositó un beso sobre sus labios.

-          ¿Por qué no te quedas aquí y duermes un rato?

-          No soy una muñeca de cristal, Jean-Paul. No voy a romperme por lo que me digan los demás. Además, – continuó después de hacer una pequeña pausa – no quiero perderme el entrenamiento.

-          ¿Seguro?

-          Seguro – contestó reciprocando el beso - ¿Qué vas a hacer tú mientras tanto?

Jean-Paul se encogió de hombros.

-          No lo sé. Daré una vuelta por ahí o algo así. ¿Quedamos para comer?

-          Vale, además, todavía te debo una comida por lo de Josette.

-          No sabía que te acordaras de eso.

-          Es que me daba vergüenza mencionarlo después de lo que pasó. Supongo que fastidié nuestra primera cita.

-          Sólo es una cita si las dos partes están al corriente, y me parece que tú no lo estabas.

-          Lo siento. ¿Me perdonas? – preguntó con un puchero que arrancó un par de risas a Jean-Paul.

-          No te tenía por uno de los que hacen pucheros.

-          ¿Cómo es eso que has dicho antes? – rodeó el cuello de Jean-Paul con sus brazos – Ah, sí. El amor está lleno de sorpresas.

Continuará...


Todos los personajes pertenecen a Marvel, pero la historia me pertenece a mi. Para cualquier utilización fuera de la web, deberás pedirme permiso. Agradecería cualquier comentario que quisieseis hacer, podéis poneros en contacto conmigo en la dirección de correo Rhea Carlysse

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