¿QUE ERES QUÉ?
Por Rhea Carlysse
Capítulo dos
Annie vendaba cuidadosamente la mano de un alumno. Al parecer había tenido un pequeño accidente en química el día anterior y no le había parecido lo suficientemente grave como para acudir a la enfermería. Nunca entendería a los niños de hoy en día.
Cuando terminó, le dio las indicaciones pertinentes y le concedió permiso para volver a su habitación o a donde quiera que debiese estar.
Al mismo tiempo que el estudiante salía, un canadiense de ojos azules y sonrisa radiante entraba en la enfermería.
- Hola. ¿Mucho trabajo? – preguntó sentándose en una de las camillas.
- La verdad es que no. ¿Qué tal? ¿Has pasado buena noche?
Jean-Paul se tumbó en la camilla y dejó caer los brazos a ambos lados.
- Mentiría si dijera que no.
- Bueno, ¿has venido aquí a que te cure algo o a explayarte sobre lo maravilloso que es tu novio?
La sonrisa del canadiense se ensanchó aún más.
- En realidad había venido para ver si sabías dónde está Scott, pero la idea de explayarme no es tan mala.
- ¿No está en su despacho?
- Non, ni en la sala de peligro, ni en su habitación, ni en la cocina... Ha desaparecido de la faz de la tierra y me gustaría tener una pequeña charla con él.
- ¿Por qué?
Jean-Paul se incorporó, su sonrisa había desaparecido casi completamente.
- Me gustaría dejarle las cosas claras respecto a cierto asunto.
- ¿Es por lo de la reunión?
- ¿Lo has oído?
Annie se encogió de hombros.
- Algo así. He oído que había una reunión y que Scott y Emma estaban enfadados. Pero... Espera, ¿la reunión es por lo de Bobby y tú?
- Al parecer Scott quería solucionar el “problema” de Bobby y le dijo algunas cosas que, espero, retire.
- Que encanto... Eres como un novio protector, nunca había visto esta faceta tuya.
El canadiense puso los ojos en blanco y se levantó de la camilla.
- Si ves a Scott avísame – dijo mientras se daba la vuelta para salir de la enfermería.
- ¡Espera! ¿No vas a contarme nada?
Jean-Paul sólo sonrió y salió de allí.
***
Bobby dudó antes de cruzar la puerta que daba a la Sala de Peligro. Si entraba tendría que enfrentarse a las reacciones de demasiadas personas. A lo mejor no había sido buena idea ir al entrenamiento. Quizá tendría que haberse quedado durmiendo o con Jean-Paul todo el día. Sí. Definitivamente la opción de Jean-Paul era la más atractiva.
Respiró hondo. Entrar o no entrar. Esa era la cuestión.
Genial, ahora se estaba poniendo poético.
Bueno, no podía ser peor que lo de Scott. Sólo tendría que soportar los comentarios insidiosos de Alex, la incomprensión de Warren y... y seguramente la de todos lo demás.
Debería haberse quedado durmiendo.
- ¿Vas a pasar ahí, mein freund?
Bobby dio un pequeño bote en el sitio cuando Kurt le habló al oído.
- ¿Estás bien, Bobby? – preguntó con preocupación.
- No lo sé – dijo tragando saliva.
Observó con atención a Kurt. Siempre había sido comprensivo y alguien en quien podía confiar. Además, le había apoyado cuando se había enterado. No había razón para mentirle.
- No sé si... si quiero entrar ahí.
Kurt sonrió dejando ver una hilera de dientes acabados en punta. Casi daba miedo. Como aquel tipo de “La leyenda de Sleepy Hollow”, sólo que mucho más amigable.
- Tarde o temprano tendrás que afrontarlo, ¿no?
Bobby asintió y miró la puerta con resignación, pero no se movió un centímetro.
- ¿Cómo es que da más miedo contarle a la gente que estoy saliendo con otro hombre que decirles que soy mutante?
- Son las curiosidades de la vida. Si quieres un consejo hazlo antes de que sea demasiado tarde. Cuanto más lo pospongas más te dolerá.
Bobby respiró hondo de nuevo. Vale. Podía hacerlo. Sólo tenía que contar hasta tres y entrar. No era tan difícil. Uno. Dos. Tres.
Abrió la puerta con decisión.
***
Jean-Paul caminó lentamente por los pasillos. Ya no sabía dónde buscar a Scott, parecía haberse esfumado en el aire.
- Vaya... – el viento arrastró una voz que conocía bien.
- ¿Querías algo, Lorna?
La mujer de pelo verde forzó una pequeña sonrisa. Siempre falsa. Aún le daban escalofríos cuando pensaba que había salido con Bobby. Además, que cuando volvió a la mansión hubiera intentado matar a la única amiga que tenía allí no contribuía a mejorar su opinión sobre ella.
- Sólo quería averiguar si lo que decían era cierto.
- ¿Y qué dicen? – preguntó Jean-Paul mirándola a los ojos.
- Que el pobre Bobby está tan desesperado que ya no sabe qué hacer para conseguir pareja. Aunque tú le has solucionado ese problema, ¿verdad?
Jean-Paul suspiró.
- En realidad es algo un poco más complicado que eso. ¿Por qué? ¿Estás celosa?
- ¿Celosa? Créeme, conozco a Bobby mejor que tú y no sabes dónde te estás metiendo. Sólo intento advertirte.
- Puedo cuidarme yo solo. Además, - dijo con una forzada sonrisa – dudo mucho que le conozcas tan a fondo como dices.
Lorna dio un paso adelante, hasta colocarse a una pequeña distancia.
- ¿Crees que todo esto va en serio? Me parece que te has olvidado de lo que dijo en mi boda. Todavía me quiere. Tú no eres más que un patético intento de superarlo. Bobby es infantil hasta para eso.
- Puede que sí. Puede que no. Sea lo que sea, ¿por qué te preocupa tanto? ¿O es que no puedes soportar el hecho de no tener una vida propia y por eso te dedicas a joder la de los demás?
- No me provoques Jean-Paul.
- ¿Yo? – preguntó el canadiense con incredulidad - ¿Provocar? Jamás. Pero te lo advierto Lorna, mi vida no es asunto tuyo, y la de Bobby tampoco, así que deberías crecer de una vez y aceptar el hecho de que no todos los hombres que has conocido besan el suelo donde pisas – Jean-Paul sonrió – Que tengas un buen día.
Una ráfaga de aire sacudió a Lorna y, cuando miró el lugar donde había estado antes Jean-Paul, sólo encontró vacío.
***
Bobby abrió la puerta con decisión y se encontró frente a un paisaje nevado, como si estuvieran en el pico de una montaña.
No veía a nadie. De repente, el paisaje fue sustituido por el aspecto normal de la Sala de Peligro.
- Llegas tarde – dijo Alex apareciendo desde una esquina.
- Eh... Lo sé. Me... entretuve.
- No te pongas así Alex, yo también llego tarde – comentó Kurt mientras se adentraba en la sala.
Bobby recorrió la enorme habitación con la mirada. Poco a poco sus compañeros comenzaban a aparecer. Observó quiénes estaban allí: Warren, Júbilo, Paige y Alex. Genial.
Warren le miraba con una expresión extraña mientras que las chicas le observaban y cuchicheaban entre ellas.
- ¿Qué pasa Drake? ¿El entrenamiento no era lo suficientemente importante para ti? Te recuerdo que aquí hay unas normas.
Bobby analizó la situación. Ni comentarios insidiosos, ni miradas extrañas, ni bromas crueles... No parecía que Alex supiese lo suyo con Jean-Paul. Aunque, conociendo a Alex, era cien por cien capaz de eso y aún más.
- ¿Qué pasa? ¿Tengo monos en la cara?
El Hombre de Hielo negó con la cabeza y avanzó por la habitación. Warren no había apartado la mirada de él ni un segundo y, ahora, Júbilo tenía una ligera sonrisa de diversión en el rostro. Bueno, por lo menos tenía la seguridad de que Warren lo sabía.
- ¿Es que está pasando algo que yo no sepa? – preguntó de repente Alex notando la extraña actitud de los presentes.
- No lo sé. Bobby, ¿pasa algo que Alex no sepa? – contestó Warren.
Bobby miró al suelo. No tenía que ser tan difícil, después de todo había respondido a Scott.
Y, seguramente, perdido su amistad, pensó amargamente.
- ¿No hay nada que quieras compartir con tus compañeros, Bobby? – volvió a preguntar.
- Warren... – le advirtió Paige en voz baja – Déjalo.
- ¿Dejarlo? ¿Hay algo que dejar? – continuó Warren.
- ¿Alguien puede explicarme qué está pasando aquí? Os recuerdo que tenemos que entrenar – dijo Alex confuso.
- No pasa nada – intervino Paige.
- Claro... No está pasando absolutamente nada – añadió su novio y, a continuación, salió de la Sala de Peligro.
Bobby se apresuró a seguirle.
- Warren, espera.
Le cogió del brazo para impedir que siguiera avanzando.
- Escucha, sé que esto te parece raro pero...
- ¿Raro? Que va. ¿Por qué me iba a parecer raro que de repente te acuestes con un hombre? Y con Beaubier nada menos – dijo sarcásticamente.
- Puede que te resulte...
- ¿Es por lo de Lorna? ¿Por lo de Annie?¿Por la mutación secundaria? Porque soy incapaz de entenderlo.
- No es por nada de eso. Simplemente... simplemente ha pasado.
- Ah... Simplemente ha pasado.
- Sí.
- ¿Y de verdad esperas que me crea eso?
- ¿Por qué todo el mundo me cree incapaz de tomar decisiones? – preguntó Bobby a la defensiva.
- Porque cada vez que tomas una es para hacer una estupidez. Como esta.
Bobby le observó debatiéndose entre pegarle un puñetazo o congelarle lo justo y necesario para evitar la posibilidad de una descendencia.
- Esto no es una estupidez Warren. Es algo que he decidido y con lo que me siento bien. No es algo pasajero y no me voy a despertar mañana diciendo que no ha pasado. Así que harías bien en aceptarlo.
- Lo siento, pero no puedo.
- Bien – contestó mientras sentía el picor de las lágrimas en sus ojos, sin embargo no iba a llorar, ahora no.
Los dos permanecieron en silencio durante un tiempo. Ninguno se movió de su sitio.
- Bobby, ¿por qué no te das cuenta de la estupidez que estás cometiendo?
- No es una estupidez – repitió Bobby - ¿Considerarías una estupidez lo tuyo con Paige?
- Es diferente.
- ¿Ah sí? ¿Y por qué?
- Porque yo quiero a Paige.
- Bueno, pues puede que te resulte difícil entenderlo, pero yo quiero a Jean-Paul y no voy a renunciar a él sólo porque alguien diga que no puede aceptarlo.
- ¿Cómo puedes decir eso Bobby?
- Porque es la verdad y... – Bobby se detuvo unos segundos. No iba a llorar. No iba a llorar – y simplemente lo sé.
- No me lo creo.
Warren negó con la cabeza y comenzó a andar en dirección a la Sala de Peligro.
- ¿Sabes qué, Warren? – preguntó y su amigo se dio la vuelta para mirarle – No deberías ser así conmigo cuando tú estás saliendo con una cría de quince años.
- Paige no tiene quince años. Además, no es lo...
- ES lo mismo. Los dos queremos a personas que no deberíamos querer. La diferencia entre tú y yo es que, al parecer, la tolerancia por la que luchamos y en la que todos creemos no me abarca a mí.
Bobby comenzó a avanzar por el pasillo, ignorando la constante mirada de su amigo. Definitivamente debería haberse quedado en la cama.
***
Jean-Paul continuó corriendo. ¿Quién se creía que era esa bruja? Era como cuando comenzó a criticar a Bobby en su despedida de soltera.
Paró al llegar al jardín de la mansión. Para no tener nada que hacer hasta la hora de comer el tiempo estaba pasando a toda velocidad.
- ¿Te diviertes Johnny? – preguntó una grave voz desde los árboles.
- Algo así. ¿No deberías estar entrenando Logan?
Logan simplemente sonrió.
- Se podría decir lo mismo de ti.
- Prefiero mantenerme al margen de los entrenamientos en grupo. Sobre todo en un grupo en el que participen ciertas personas.
- ¿Y no deberías estar respaldando a tu novio?
Jean-Paul esbozó una pequeña sonrisa. Se estaba acostumbrando a llamar a Bobby con ese apelativo.
- Me guste o no, es algo en lo que no me puedo meter. Además, necesito tener una charla con Cíclope.
- ¿Quieres que te suba el sueldo?
- Quiero que deje en paz a mi novio – hizo una pequeña pausa – Aunque lo del sueldo no es mala idea.
- Si quieres mi opinión, Ciclo siempre ha sido algo corto de miras. Es incapaz de distinguir lo que está bien o mal en cuanto se sale un poco del estándar habitual.
- Estoy seguro de que puedo... convencerle de que entre en razón.
- No creo que haga falta. Emma se encargó de dejarle las cosas bastante claras.
- ¿En serio? – preguntó con curiosidad.
- Le dio un ultimátum. No creo que tarde mucho en decidirse.
Jean-Paul se sentó en el suelo y Logan se sentó a su lado.
- Al menos esta vez has tenido más suerte que en Alpha, ¿no crees?
- Eso parece. Ahora sólo espero que dure.
- Bobby es un buen chico – se giró para mirarle de frente, justo a los ojos – Espero que no le hagas daño Estrella, porque si lo haces me encargaré de ti.
- No te preocupes, no entraba en mi lista de cosas que hacer.
Logan le observó unos segundos más y se levantó. Jean-Paul le siguió con la mirada hasta que le perdió de vista.
***
Bobby miraba atentamente el techo desde su cama.
No tenía que haber ido al entrenamiento. Sabía lo que le iba a pasar y aún así fue. Era de masoquistas.
Oyó el sonido de la puerta al abrirse y giró la cabeza para ver quién era.
- ¿Vengo en mal momento? – preguntó Pícara.
Bobby negó con la cabeza, así que entró y cerró la puerta tras ella.
- ¿Estás bien?
El aludido se encogió de hombros.
- ¿Piensas hablar durante el tiempo que esté aquí?
- ¿Por qué las personas hacen las cosas tan difíciles?
Pícara sonrió y se sentó en la cama junto a él.
- No lo sé, cielo.
- Quiero decir. Se supone que luchamos por la tolerancia, pero en cuanto salgo del armario los tengo a todos encima como si hubiese intentado matar a alguien. No es que haya hecho algo mal.
- Claro que no. Es sólo que están sorprendidos.
- Hablas igual que Jean-Paul.
- Bueno, entonces puede que Jean-Paul tenga razón, ¿no crees?
- Supongo. Aun así... No lo sé. Supongo que duele. Son mis mejores amigos.
- A lo mejor deberías buscar la ayuda de alguien con experiencia.
- ¿Shan? Preferiría no hacerlo.
- Sólo era una sugerencia.
Alguien llamó a la puerta.
- ¿Bobby? – preguntó la voz de Jean-Paul desde el otro lado - ¿Estás ahí?
- Sí – contestó Bobby desde dentro y su novio abrió la puerta.
- Bueno, creo que yo aquí sobro – dijo Pícara levantándose – Luego hablamos, ¿vale Bobby?
Bobby asintió. Jean-Paul la acompañó hasta la puerta y la cerró tras ella.
- Habíamos quedado para comer.
- Lo sé – contestó Bobby llevándose una mano a la cabeza – Lo olvidé, lo siento.
- No pasa nada – dijo el canadiense acercándose para darle un beso - ¿Demasiadas cosas en la cabeza?
- Sí.
- ¿Qué tal el entrenamiento?
- Un desastre, aunque no esperaba que fuese mucho mejor.
- ¿Warren reaccionó mal?
- Algo así.
Jean-Paul se tumbó a su lado y le hizo girar hasta que Bobby le miró a los ojos.
- Me encontré con Logan – dijo Bobby de repente – Me dijo que estabas buscando a Scott.
- Logan siempre ha sido un bocazas.
- También me amenazó.
- ¿Ah sí?
- Sí. Dijo que si te hacía daño se encargaría de mí.
- Que encanto. A mí también me dijo eso.
- ¿Por qué estabas buscando a Scott?
El canadiense suspiró.
- Sólo quería tener una pequeña charla con él.
- ¿Acerca de mí?
- Puede.
- No tienes que hacer eso. Ya te dije que no me iba a romper.
- Lo sé. Es sólo... No dejes que te molesten, ¿vale?
Bobby sonrió y apoyó su frente en la de Jean-Paul.
- Me gusta que te preocupes por mí.
- Eso espero, porque vas a ver mucho de esta faceta.
- ¿Y qué tal tu mañana?
- Bueno... Normal. Me encontré con Lorna.
Los ojos de Bobby se abrieron como platos y se incorporó.
- ¿Que qué?
- Me encontré con Lorna. Estuvo intentando convencerme de que aún la querías y que lo nuestro era sólo un intento de superarlo.
- Eso no es...
- Sé que no es verdad Bobby. ¿Crees que me creería una cosa así?
- Yo... No lo sé. Después de todas las estupideces que he dicho y hecho sería algo bastante creíble.
Jean-Paul le agarró de la cintura y le abrazó con fuerza.
- Escucha, puedes haber hecho muchas tonterías pero estoy seguro de que esta no es una de ellas.
- ¿Cómo puedes estar tan seguro?
- Porque lo sé – dijo apoyando la barbilla en la cabeza de Bobby – Y sé que no volverías con Lorna aunque tu vida dependiese de ello.
- Hasta hace poco eso no era así.
- Bueno, hasta hace poco no estábamos saliendo, ¿non? Y hasta hace poco tú eras completamente hetero y hasta hace poco llevabas unas camisas hawaianas horrorosas.
- Esas todavía están en el armario, ¿sabes?
- Por poco tiempo.
Bobby se rió un poco y cerró los ojos.
- Te quiero.
- Eso espero – contestó Jean-Paul.
***
Después de una media hora Bobby cayó en los brazos de Morfeo. Jean-Paul lo depositó cuidadosamente sobre la almohada y le apartó algunos mechones de pelo que caían sobre sus párpados.
Bobby sonrió ante el contacto y se acurrucó un poco más junto a Jean-Paul. El canadiense acarició durante unos segundos el pelo de su novio y se levantó de la cama. Por mucho que lamentase perderse la vista tenía que comer algo.
- Hasta luego chéri.
Salió de la habitación y cerró la puerta con cuidado. Si la semana anterior se había hecho larga no era nada comparada con este día.
Se dirigió a la cocina oyendo a su estómago pedir comida a gritos. Su metabolismo a veces era bastante molesto.
Cuando llegó a la cocina se sorprendió de encontrar allí a dos personas inesperadas.
- Hola – dijo yendo directo hacia la nevera.
Alex se apartó para dejarle paso y Carter siguió comiendo.
- ¿Interrumpo alguna reunión padre-hijo?
- No. Sólo estábamos tomando algo de picar – respondió Alex sentándose junto al crío de diez años que había en la mesa.
Jean-Paul se sentó en otra silla.
- ¿Qué tal el entrenamiento? – preguntó despreocupadamente. Bobby no había mencionado a Alex, así que cabía la posibilidad de que no hubiera reaccionado mal.
El hombre rubio le miró con una expresión de curiosidad.
- La verdad es que no muy bien. Drake se marchó antes de empezar. Siempre ha sido un inmaduro – dijo tomando un trago de cerveza.
- ¿Por qué se marchó antes?
- Bueno, Warren salió y él le siguió. Todo el mundo actuaba muy raro. Tenía la sensación de que se me escapaba algo.
Jean-Paul le miró extrañado.
- Espera, ¿no sabes de qué estaban discutiendo?
- ¿Se supone que tenía que haberme enterado de algo?
- Me estás diciendo que no te has enterado de nada extraño.
- ¿Debería? – volvió a preguntar.
- No me lo puedo creer... – musitó Jean-Paul reprimiendo una carcajada. Si al final Alex iba a ser tan obtuso como Bobby creía...
- ¿Qué pasa?
Alex parecía estar comenzando a irritarse.
- Bueno... – el canadiense vaciló un poco. ¡Qué demonios!, de todas formas se iba a enterar – Bobby y yo estamos saliendo – dijo rápidamente.
Alex escupió parte de la cerveza que estaba bebiendo. Una imagen bastante cómica, la verdad.
- ¿Perdón? Repite eso.
- Bobby y yo estamos saliendo. La escuela entera debe de saberlo ya – para su sorpresa, Alex, hizo algo inesperado. Comenzar a reír.
Ante el repentino ataque de risa Jean-Paul miró al crío que había a su lado para ver su reacción. Tenía una expresión de confusión en el rostro.
- Pensé que a Bobby le gustaban las chicas.
- Entonces debe ser mi atractivo irresistible – contestó Jean-Paul comenzando a comer. Carter continuó mirándole extrañado.
- Así que de eso iba todo esta mañana... – comentó Alex una vez se hubo calmado – Sabía que tarde o temprano tendría que darse por vencido en las mujeres, aunque me ha pillado desprevenido.
- Puedo verlo – respondió el canadiense.
Alex rió un poco más y siguió bebiendo cerveza. Mientras tanto Carter continuaba meditando.
- ¿Te pasa algo? – preguntó Jean-Paul algo irritado con el niño.
- Es que... Alex, Bobby salió con Lorna, ¿no?
- Sí.
- ¿Y tú también?
- Sí – repitió Alex.
- Y Bobby besó a mamá.
- Sí.
- Y ahora tú sales con mamá.
- Sí – Alex tomó otro trago.
- ¿No empezarás ahora a salir con Jean-Paul, no?
El menor de los Summers derramó por segunda vez el contenido de su boca sobre la mesa. Y esta vez el ataque de risa lo tuvo Jean-Paul.
- ¿Qué quieres decir?
- Bueno, hay un patrón que se repite... – contestó Carter aún meditando.
- Lo siento Alex, pero no eres mi tipo – dijo Jean-Paul intentando reprimir la risa.
Desde luego Carter hacía las mismas conexiones que Annie.
- Yo no... yo no... – balbuceó Alex.
- Tranquilo Carter, no creo que me decida a robárselo a tu madre.
Continuará...
Todos los personajes pertenecen a Marvel, pero la historia me pertenece a mi. Para cualquier utilización fuera de la web, deberás pedirme permiso. Agradecería cualquier comentario que quisieseis hacer, podéis poneros en contacto conmigo en la dirección de correo Rhea Carlysse