¿QUE ERES QUÉ?

 Por Rhea Carlysse

 

Capítulo cuatro

 

Había estado luchando todo el día por no perder los nervios, de verdad, lo había intentado. Había aguantado una mañana de discusión con todas las personas que le importaban, cierto que había tenido un par de bajones, pero nada demasiado grave. Había soportado todo el tiempo que había pasado en el laboratorio y había podido contener todos los comentarios sobre la aguja del tamaño del tronco de un cedro que le habían clavado. Pero lo que vino después… Eso ya era demasiado surrealista como para aguantarlo.

Ya no era sólo el hecho de que sus amigos no le creyesen capaz de tomar una decisión, sino que, al parecer, su propio novio no le creía capaz de mantenerla. Podría haberlo esperado de cualquiera, ¿pero de Jean-Paul?

Aunque, desde luego, era un record. Había tenido pocas relaciones y relaciones cortas, pero ¿relaciones que durasen apenas un día? Eso era nuevo.

Así que sí, Bobby Drake estaba enfadado. Muy enfadado.

Continuó  caminando a toda velocidad, oyendo a Jean-Paul llamarle. Tendría que haber permanecido convertido en agua, habría llegado a su habitación mucho más rápido y no habría tenido que aguantar a Jean-Paul.

Alguien le agarró del brazo y le obligó a darse la vuelta.

-          Bobby, escucha... – comenzó Jean-Paul.

Bobby apartó el brazo de una sacudida.

-          Déjame en paz Jean-Paul, creo que ya me has dejado bastante claro lo que piensas de mí.

-          Lo estás sacando todo de contexto.

-          ¿Ah sí? Pues te diré lo que yo he entendido. Lo que yo he sacado en claro de esta conversación es que, al parecer, nadie aquí cree que sea lo suficientemente maduro como para tomar la decisión correcta y mantenerla. Ni tú, ni Scott, ni Warren.

-          Eso no es lo que yo...

-          ¿Y entonces que es lo que querías decir? ¿Que si te estaba usando como distracción? ¿Que si te iba a dejar tirado cuando personas que ni siquiera notan que no aparezco por aquí en una semana me dejasen de hablar?

Jean-Paul abrió la boca para decir algo y Bobby aprovechó la ocasión para darse la vuelta y entrar a toda velocidad en su habitación.

Cerró la puerta con un golpe seco y apoyó la espalda en ella.

-          Bobby, abre la puerta, s´il te plaît.

Silencio.

-          Je suis désolé. Por favor, abre la puerta.

-          Lárgate Jean-Paul.

Bobby esperó unos segundos en silencio hasta que oyó cómo unos pasos se alejaban de la puerta.

Respiró hondo y se dejó caer en su cama.

Necesitaba algo de tiempo para pensar.

***

Jean-Paul observó atónito cómo Bobby se encerraba en su habitación.

-          Bobby, abre la puerta, s´il te plaît – dijo acercándose a la puerta del dormitorio.

Observó la puerta en silencio. Maldito Summers, tenía la culpa de todo esto.

Jean-Paul respiró hondo. Ojalá se hubiera callado.

-          Je suis désolé. Por favor, abre la puerta.

-          Lárgate Jean-Paul – contestó Bobby desde el interior.

Lo había estropeado. Esta vez sí que lo había estropeado. Y todo por una maldita duda. ¿Acaso Bobby no le había dicho que no se arrepentía de nada?

Respiró hondo. Si Bobby no quería dejarle pasar no había nada que hacer, después de todo, no podía tirar la puerta abajo. De momento.

Se dio la vuelta y comenzó a caminar en otra dirección. No se fijó por dónde iba, de hecho, ni siquiera lo había decidido.

***

Bobby observaba el techo y la puerta sucesivamente. A lo mejor se había pasado. Vale que había tenido motivos para enfadarse pero, a lo mejor no era para tanto. O sí. Sí, sí que era para tanto. ¿Cómo podía haberle preguntado eso?

Tenía que haberse quedado hablando con Jean-Paul, así podría haberse desahogado antes de cerrarle la puerta en las narices.

De hecho, le sorprendía la facilidad con la que el canadiense le había dejado en paz. Uno pensaría que al ser Bobby su novio persistiría un poco más en arreglar las cosas.

Debería llamarle.

No.

O sí.

Bobby se dio la vuelta en la cama y le pegó un puñetazo a la almohada. ¿Por qué tenía que ser todo tan difícil?

Ojalá Jean-Paul no hubiera abierto la boca. No, mejor, ojalá Scott no hubiera abierto la boca. Ni él ni Warren. Ojalá, simplemente, no se lo hubiera contado.

Quizás debería llamar a Jean-Paul.

No. Basta. Nada de llamar a Jean-Paul. Jean-Paul era el que había empezado la pelea, tenía que llamar él.

¿Y si no llamaba?

***

-          ¿Crees que debería llamarle? – preguntó Jean-Paul mordiéndose el labio inferior mientras Annie se apoyaba con aspecto cansado en una de las camillas.

-          Eso sería estúpido, Jean-Paul.

-          ¿Y por qué?

-          Porque vivís en el mismo edificio.

-          Oh.

Jean-Paul miró hacia el suelo y Annie respiró hondo.

-          ¿Cómo es que habéis conseguido pelearos tan pronto?

-          Es una larga historia.

-          No puede ser larga si habéis roto dos horas después de que vinieras a verme.

-          Ha sido más tiempo.

-          Cinco horas a lo sumo. De ahí no se puede sacar una historia muy larga.

-          Entonces es sólo una historia que no me apetece contar.

-          ¿Y cómo esperas que te ayude si no me dices lo que pasa?

-          Se supone que tienes intuición femenina. Úsala.

La enfermera puso los ojos en blanco y miró a Jean-Paul con incredulidad.

-          Bueno, vale – dijo el canadiense finalmente – Puede que me viera pegándole un puñetazo a uno de sus amigos.

-          Supongo que eso significa que encontraste a Scott. ¿Y qué pasó después?

-          Puede que... Puede que le dijera algo que le molestó.

-          ¿Como qué?

Jean-Paul suspiró y miró a Annie a los ojos.

-          Le insinué que cuando se cansase de que sus amigos no le hablaran me iba a dejar tirado. ¿Satisfecha?

-          Jean-Paul, se supone que después de estos meses lo que tenías que intentar era hacer que la relación durase, no lo contrario.

-          Gracias Annie, ahora me siento mucho mejor. ¿Cómo es que hiciste la carrera de enfermería en lugar de psicología?

-          Vale, ponte sarcástico conmigo si quieres, pero tengo razón.

-          No sé si te das cuenta, pero yo no quería que nos peleáramos. Simplemente... Todo esto es culpa de Summers.

-          ¿Ah sí?

-          Sí, fue él el que empezó con eso de que Bobby no sabía lo que estaba haciendo.

-          ¿Y desde cuando escuchas lo que los demás te dicen?

-          No lo sé, eso es lo más preocupante.

***

Bobby pegó un salto en la cama cuando oyó el teléfono sonar e, inmediatamente, lo descolgó.

-          ¿Diga?

-          ¿Bobby? – preguntó una voz que no era la que esperaba oír.

-          Ah, eres tú – contestó volviéndose a tumbar en la cama - ¿Qué quieres?

-          Verás... – continuó Warren – He estado pensando...

-          Enhorabuena Warren, eso es un comienzo – le interrumpió Bobby de mal humor.

-          He estado pensando y... Bueno, ¿te importa si hablamos de esto en persona?

-          ¿De qué? Aún no me has dicho que pasa.

-          Escucha, me pasé con lo que dije y... Me gustaría... – se hizo una pausa de unos segundos y Bobby escuchó un sonido ahogado, como si Warren se hubiese dado un golpe y hubiese reprimido el grito – Me gustaría disculparme. ¿Y ahora podemos hablar en persona?

El Hombre de Hielo pareció meditarlo unos segundos.

-          Vale, ¿cuándo?

***

Warren colgó el teléfono y se frotó el lugar del brazo donde Paige le había golpeado.

-          Ya está, ¿contenta?

Paige sonrió con superioridad.

-          Mucho. ¿Por qué te cuesta tanto disculparte?

-          Porque no estoy acostumbrado.

-          Bueno, pues vete acostumbrando, porque se lo vas a tener que repetir mucho para que te perdone.

El otro hombre la escrutó en silencio.

-          No deberías meterte en esto Paige, es algo privado.

-          Warren, tal y como has actuado, si no me hubiera metido habrías acabado perdiendo la amistad de Bobby.

-          Te repito que es algo personal.

-          ¿Tanto te molesta que salga con Jean-Paul? – preguntó incrédula - ¿Es que eres homófobo?

-          ¡No! Pero Bobby... No es... Ya sabes.

-          ¿Por qué no?

-          Porque no.

-          Muy científico.

-          Y no me gusta Beaubier. No entiendo qué puede ver en él.

Paige suspiró.

-          Bueno, yo podría decirte un par de cosas.

-          ¡¿Te gusta Beaubier?! – exclamó escandalizado.

-          Bueno, tengo ojos, no puedes culparme por eso. Además, no es como si te fuese a hacer competencia.

-          Genial. Mi mejor amigo es gay y sale con un cabrón arrogante que le gusta a mí novia. Perfecto.

-          No te pongas así, tú has preguntado.

***

Jean-Paul abrió distraídamente la puerta de su despacho a la vez que comprobaba por quincuagésima vez si tenía alguna llamada perdida en su móvil. Ninguna. Aunque, ¿qué esperaba? Después de todo debería ser él quien llamase.

O no. Él ya se había disculpado y Bobby no le había hecho caso, no había ninguna razón para llamarle.

Además, no había contestado al móvil en las últimas tres llamadas.

Comprobó de nuevo la pantalla vacía del teléfono.

Alguien llamó a la puerta y se acercó de mala gana a abrir.

Miró extrañado a los tres alumnos que había delante suyo, acompañados por Danielle Moonstar.

-          Genial Jean-Paul, no sabía si iba a encontrarte aquí.

El canadiense la miró extrañado para después detenerse a observar quienes eran los tres alumnos que venían acompañados de la chica.

A Keller y a Foley los recordaba de la pelea del día anterior. Identificó al tercer alumno como Kevin Ford.

-          ¿Qué...?

-          Verás, Anna tenía programado un castigo con ellos para hoy, pero ha tenido que salir. ¿Te importaría vigilarlos? Serán sólo un par de horas.

-          En realidad...

-          Un par de horas Jean-Paul, no tengo a nadie más con quien dejarles. Emma está cabreada y no quiero que me muerda. Scott está en la enfermería porque alguien le ha desencajado la mandíbula y no quiere decir quién es – Jean-Paul sonrió levemente al oír esto último – Júbilo... Bueno, ¿no esperarás de verdad que los deje con Júbilo? Kitty está...

-          Vale, lo entiendo. No hay nadie más disponible.

-          Exacto.

Mientras tanto Ford y Foley intentaban asesinarse con la mirada y Keller hacía levitar una pequeña canica que había sacado de su bolsillo.

-          ¿Por qué están castigados?

Dani le miró extrañado.

-          Pensé que lo sabías – negó con la cabeza – Bueno, da igual, Josh y Julian están aquí por la pelea de ayer en la cafetería, y Kevin porque Josh y él se pelearon esta mañana. ¿Verdad? – preguntó mirando al joven tapado de pies a cabeza.

-          No fue mi culpa, ya se lo he dicho – contestó apartando la mirada de Foley.

-          Sí, claro... – respondió el chico de piel dorada.

-          Ya vale – los interrumpió Danielle y se volvió para mirar de nuevo al canadiense – A veces pienso que son críos de cinco años. ¿Entonces? – preguntó con una sonrisa.

Jean-Paul emitió un suspiro de resignación y se apartó de la puerta para permitirles el paso. La sonrisa de Danielle se ensanchó aún más.

-          Un par de horas, no más – la advirtió Jean-Paul mirando el reloj.

Un par de horas. Bobby no va a ir a ningún sitio en un par de horas, después de todo, vive aquí, pensó mientras se sentaba en la silla.

Comprobó de nuevo la pantalla del móvil.

-          ¿Qué tenemos que hacer? – preguntó Ford, que aún estaba de pie junto a los otros dos alumnos.

-          ¿Pardon?

-          Que qué tenemos que hacer ¿Quedarnos de pie las dos horas y ya está?

Jean-Paul respiró hondo. El castigo. Cierto.

Se encogió de hombros y volvió a coger su móvil, debatiéndose entre si usarlo o no.

***

Mientras avanzaba hacia el aula de Economía, Bobby, palpó su bolsillo. Mierda. El móvil. Debía seguir en su dormitorio.

A lo mejor debería volver, por si llamaba Jean-Paul...

No. Nada de Jean-Paul. Tenía que dejar de pensar en Jean-Paul. Ahora lo que tenía que hacer era pensar en qué le iba a decir a Warren, si es que era cierto que quería disculparse...

Abrió la puerta del aula y encontró a su amigo esperándole dentro.

-          ¿Querías hablar? – preguntó apoyándose en el marco de la puerta.

-          Sí – contestó rápidamente mientras se levantaba de la mesa en la que estaba sentado – Aunque preferiría que cerrases la puerta.

-          ¿Qué pasa, te da miedo que te vean disculpándote?

-          Vale, déjala abierta.

Bobby avanzó hasta colocarse frente a Warren con los brazos cruzados.

-          ¿Y bien?

Warren respiró hondo.

-          Lo siento – dijo escupiendo las palabras.

-          Sí, se ve que lo dices con sentimiento.

-          Siento lo que dije. No me importa si eres... si eres... Bueno, ya sabes.

El otro hombre le observó divertido.

-          Y... Eso.

-          Ah... ¿Quién te ha dicho que vinieras a pedirme perdón?

-          Paige, - dijo sin pensar, y añadió rápidamente – pero iba a venir de todas formas.

-          Genial. Escucha Warren, sé que no estás muy acostumbrado a esto de las disculpas, pero te has portado como un cabrón, así que disculpa que no te perdone a la primera de cambio. Me temo que vas a tener que trabajar un poco en la disculpa – contestó con una sonrisa.

-          Disfrutas con esto, ¿verdad?

-          Mucho – respondió sin que la sonrisa desapareciera de su rostro.

-          ¿Y qué quieres que te diga?

-          No lo sé, algo que te salga de dentro.

-          No sé qué ves en Beaubier.

-          No tan de dentro, por favor.

Warren respiró hondo de nuevo.

-          Siento lo que dije sobre ti. Sé que eres capaz de tomar decisiones que no sean estúpidas y... y... Vale, no puedo, no puedo decir que me alegro porque estés con Beaubier.

Bobby enarcó las cejas.

-          Lo estabas haciendo bien hasta que has llegado al final.

Tenía que admitirlo, le encantaba hacer sufrir a Warren.

-          Es que no sé por qué tienes que estar con él.

Ni yo...

-          Eso no es asunto tuyo, así que vuelve a lo de la disculpa.

-          De acuerdo... Me alegro por ti. ¿Satisfecho? – silencio. Respiró hondo otra vez, esto iba a ser difícil – Vale, si... si quieres estar con Beaubier lo acepto, pero no esperes que me empiece a gustar.

Bobby sonrió un poco.

-          ¿Te ha costado mucho?

-          Ni te lo imaginas. ¿Entonces? ¿Estoy perdonado?

-          Bueno, digamos que de momento no me disgustas... ¿Lo has dicho en serio?

-          ¿El qué?

-          Todo. ¿De verdad no te importa?

-          Bueno... Supongo que me acostumbraré con el tiempo. Pero no esperes que me guste Beaubier.

El otro hombre se rió un poco ante el comentario.

-          A lo mejor ya no tienes que preocuparte más por eso.

***

Bobby volvió a su habitación bastante más reanimado que cuando se había ido. Aún así no podía dejar de pensar en lo extraña que había sido la charla con Warren. Casi tres horas de charla sobre su vida sentimental era algo que nunca se hubiera imaginado. Bueno, algo bueno tenía que salir de su relación con Paige.

Seguía siendo extraño, aunque reconfortante.

Abrió la puerta de su dormitorio y pegó un pequeño salto en el sitio al observar que ya había alguien dentro.

-          Bonsoir – saludó Jean-Paul.

Bobby observó incrédulo al hombre que había sentado en su cama.

-          ¿Qué haces en mi habitación?

-          Quería hablar contigo – contestó como si fuera lo más obvio del mundo.

-          Y sabes que esto es allanamiento de morada, ¿verdad?

Jean-Paul no contestó.

-          ¿Cómo has entrado?

-          La ventana estaba abierta.

-          ¿Y crees que eso te da derecho a entrar en mi habitación cuando te de la gana?

-          He venido a hablar Bobby, no a discutir.

Bobby respiró hondo.

-          ¿Y de qué querías hablar?

-          Siento lo de antes. No quería decir eso.

-          ¿El qué? ¿Que no soy capaz de mantener una decisión? No te preocupes, suele ser un pensamiento muy común por aquí.

-          Je suis tres désolé. Je n´ai pas du dire ces choses.

El otro hombre se mordió el labio inferior. Lo estaba haciendo otra vez. Siempre que quería algo o quería imponer autoridad hablaba en francés. Y lo peor es que lo hacía todo más romántico.

-          Robert, s´il te plaît...

-          En inglés por favor. No hablo francés.

-          Lo siento mucho.

Bobby le observó en silencio durante unos segundos, hasta que, por fin, habló.

-          No es... No es sólo por eso Jean-Paul.

-          ¿Entonces por qué es?

-          Es... Todo lo que ha pasado. Demasiadas cosas a la vez. Demasiadas personas en mi contra. No sé qué hacer. Y, de repente, saltas con eso y ha sido la gota que colma el vaso, ¿sabes?

-          Me lo imagino.

-          Lo dudo...

Bobby se acercó y se sentó en la cama.

-          ¿Por qué me preguntaste eso?

-          No lo sé – respondió encogiéndose de hombros – No quería que lo que decían tus amigos fuera verdad.

-          ¿Y no me creíste cuando te dije que no me arrepentía?

-          Oui, mais... No lo sé, supongo que es lo mismo que tú. Quería creerte y no dejaba de oír una vocecita en mi cabeza diciéndome que era demasiado bueno para ser cierto y... Y después llegó Summers tipo boy scout diciéndome que nada de esto iba a durar. Y sí, fue la gota que colmó el vaso.

-          Scott puede ser un capullo a veces.

-          Sí, pero ahora es un capullo con la mandíbula desencajada.

Silencio.

-          Entonces...

-          Entonces.

-          ¿Y qué se supone que hacemos ahora? – preguntó Bobby.

Jean-Paul se encogió de hombros de nuevo.

-          Tú decides – dijo sin mirarle a los ojos.

Permanecieron un tiempo en silencio.

-          Warren se disculpó conmigo – dijo de repente Bobby.

-          ¿Sí?

-          Sí, creo que Paige le convenció, pero se ha disculpado. Supongo que es un avance.

-          Bueno, seguro que Worthington no tiene muchas luces, pero no es tan tonto como para perder un amigo por algo así.

-          ¿Y Scott sí lo es?

-          Summers es... Es complicado. El concepto de dos hombres que estén juntos debe ser difícil de comprender para alguien que todavía piensa que los bebés vienen de París.

El otro hombre emitió una risa algo apagada.

-          ¿Entonces?

Bobby le observó durante unos segundos.

-          ¿Me prometes que no vas a volver a hacerme algo como lo de hoy?

-          Oui.

-          ¿Y que no vas a volver a pegar a mis amigos?

-          Eso puede ser un poco más difícil.

-          Jean-Paul...

-          Sí, vale, lo prometo.

-          No pareces muy convencido.

Jean-Paul respiró hondo.

-          Prometo no pegar a ninguno de tus amigos. ¿Satisfecho?

-          Bueno, aún tienes que perfeccionar ese tono de convicción, pero vale.

-          ¿Entonces estoy perdonado?

-          Supongo. Hoy parece ser el día de las disculpas a Bobby, además, que alguien como tú se disculpe debe requerir una gran fuerza de voluntad.

-          ¿Qué quieres decir con alguien como yo? – preguntó con una sonrisa – Soy humilde, guapo, inteligente...

-          Sí, sobretodo humilde.

-          Eso me ha herido Bobby, si hay algo que soy sobretodo es guapo.

Bobby comenzó a sonreír a su vez y se acercó más a su novio, rodeándole la cintura con un brazo.

-          Entonces, ¿te quedas a pasar la noche? – preguntó sugerentemente.

 


Todos los personajes pertenecen a Marvel, pero la historia me pertenece a mi. Para cualquier utilización fuera de la web, deberás pedirme permiso. Agradecería cualquier comentario que quisieseis hacer, podéis poneros en contacto conmigo en la dirección de correo Rhea Carlysse

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