¿QUE ERES QUÉ?
Por Rhea Carlysse
Capítulo cinco
No estaba dormido, aunque tampoco se podía decir que estuviera despierto. Digamos que se encontraba en ese trance que era el punto medio entre los dos.
Podía sentir lo que le rodeaba, el cálido cuerpo que se acurrucaba junto a él. Podía oír el trinar de los pájaros a través de la ventana abierta e, incluso, podía pretender que tenía los ojos abiertos, pues recordaba a la perfección todos los elementos de su habitación.
A pesar de todo esto, seguía pretendiendo que estaba dormido, porque se estaba demasiado bien como para abandonar ese estado. Simplemente descansando y sin necesidad de pensar en nada. Siendo consciente y a la vez inconsciente. Todo era, claro, hasta que un horrible pitido le hizo caer de la cama al sonar directamente y a todo volumen en su oído.
Bobby Drake aterrizó duramente en el suelo con un golpe seco.
Mientras intentaba recuperarse del susto distinguió el rostro aún adormilado de Jean-Paul dirigiéndole una mirada, mezcla de diversión y extrañeza, desde la cama.
- ¿Haces eso muy a menudo? – preguntó reprimiendo un bostezo.
Bobby asintió.
- Todas las mañanas, es una buena forma de comenzar el día – contestó sarcásticamente.
Jean-Paul esbozó una sonrisa y volvió a enterrar la cara en la almohada.
El otro hombre se levantó del suelo y apagó la alarma de su reloj, que aún seguía sonando insistentemente en su muñeca.
Después de unos segundos intentando despertarse por completo se dispuso a vestirse. Levantarse temprano un domingo para vigilar a los pequeños no era sano, pero alguien tenía que hacerlo o luego se encontrarían con la Tercera Guerra Mundial, iniciada por conseguir la propiedad del mando a distancia.
- ¿Qué haces? – preguntó el canadiense observándole extrañado.
- Vestirme – contestó Bobby mientras se abrochaba los pantalones.
- Puedo verlo. ¿Por qué?
- Hoy me toca cuidar a los pequeños – aclaró sentándose en la cama cerca de Jean-Paul - ¿Te vienes?
- Claro... Tú espera sentado – contestó cerrando los ojos y cubriéndose hasta el cuello con las sábanas.
Bobby suspiró resignado y se levantó de la cama.
- Vale, ya veo lo que te preocupas de mi seguridad. Pero te lo advierto, si esos críos me matan o algo parecido, acabarás sintiéndote culpable.
- Avec tout ma coeur – murmuró desde la almohada.
- No tengo ni idea de lo que has dicho pero vale. Hasta luego – dijo saliendo de la habitación.
***
- Espera, ¿qué? – preguntó Noriko Ashida a su amiga Laurie Collins, que estaba sentada a su lado en el sofá.
- Lo que oyes.
- ¿Pero tú los viste? – volvió a preguntar Noriko desconfiada.
- No... Pero Josh sí.
- Claro, y la palabra de Josh es ley.
- Te lo digo en serio, el Hombre de Hielo y el profesor Beaubier están juntos, la escuela entera habla de ello.
Noriko la observó divertida.
- ¿En serio?
- Palabra de Scout.
- Tú no eres Scout.
- Ése no es el tema.
La chica del pelo azul se acomodó en el sofá, esos rumores había estado circulando por la mansión durante un par de días y no se los había creído en ningún momento. Hasta ahora.
En ese momento, un Bobby Drake bastante adormilado, entró en la sala.
Las dos chicas dejaron de hablar al instante. Noriko le observó con la boca semiabierta al tiempo que Laurie se sonrojaba y bajaba inmediatamente la vista, como si, de repente, el suelo le resultase tremendamente interesante.
Bobby ignoró las persistentes miradas, no sólo las de las dos chicas, sino las de la mayoría de los críos de la sala. Se dirigió hacia uno de los sillones y se dejó caer pesadamente en él.
***
La puerta volvió a sonar. Un molesto y persistente sonido.
Jean-Paul se cubrió la cabeza con la almohada para amortiguar el constante martilleo que inundaba la habitación.
El sonido paró y el canadiense suspiró de alivio. En ese momento un ligero click le anunció que alguien había abierto la puerta.
Levantó inmediatamente la cabeza para encontrarse estupefacto con la enfermera de la escuela.
- Eh... Annie... ¿Qué estás haciendo aquí? – preguntó asegurándose de que las sábanas cubrían los puntos necesarios de su cuerpo.
Annie se sentó sonriente en el borde de la cama.
- He venido a ver qué tal te había ido con Bobby. Ya veo que os habéis... eh... arreglado.
- Te lo preguntaré de nuevo Annie. ¿Qué haces a las nueve de la mañana en la habitación de Bobby Drake y – añadió con énfasis - sin invitación?
- Oh, vamos Jean-Paul, Bobby está con los niños así que es el momento perfecto para conseguir información. Además, si no me das detalles tendré que conseguirlos de alguna forma.
- Bueno, no creo que esta sea la mejor manera ni el mejor momento, así que, si no te importa... – señaló la puerta con la mano.
- ¿Sólo un poquito? – preguntó con un puchero.
Jean-Paul enarcó las cejas, aún adormilado.
- Annie – dijo hablando muy despacio -, es pronto. Estoy cansado. Vete.
- ¿Y por qué estás cansado? – preguntó con una ligera sonrisa de diversión.
- Te lo diría, pero sólo te daría envidia.
La enfermera le observó durante unos segundos con el ceño fruncido y, finalmente, se levantó para salir de la habitación.
Antes de llegar a la puerta se dio la vuelta.
- Vale, tú ganas. Pero, te lo advierto – dijo señalándole con el dedo –, cuando salgas de aquí voy a perseguirte hasta que me cuentes todo.
Jean-Paul puso los ojos en blanco.
***
- Bobby... – una mano sacudió su hombro al tiempo que una voz ligeramente chillona murmuraba a su oído. De repente, la voz dejó de murmurar - ¡Bobby!
Bobby Drake saltó al oír el grito en el oído y, por segunda vez en lo que iba de día, cayó de su cama. O de su improvisada cama, por así decirlo.
Abrió los ojos para encontrar a Jubilation Lee observándole con el ceño fruncido y los brazos cruzados justo al lado del sillón en el que antes había estado dormitando.
- Ya era hora. ¿Sabes una cosa? No sirve de nada que vengas a cuidar a los pequeños si te quedas dormido y... bueno, y no los cuidas, ¿sabes?
Bobby la miró con confusión y la chica puso los ojos en blanco y le tendió una mano para ayudarle a levantarse.
Reprimió un bostezo al tiempo que recorría la sala con la mirada. La mayoría de los alumnos habían desaparecido de allí y los pocos que quedaban los observaban con diversión.
- ¿Me he perdido algo? – preguntó mientras miraba el reloj.
Las diez y cuarto.
Júbilo se encogió de hombros.
- No demasiado. Han echado un capítulo repetido de Dawson Crece, Colin y Marta han vuelto a pelearse... ¿Qué tal te va con Jean-Paul? – dijo de carrerilla.
- Júbilo, ¿nunca te han enseñado el significado de vida privada?
- La vida privada no existe cuando convives con doscientas personas. ¿Qué tal con Jean-Paul?
- Bien, es todo lo que necesitas saber.
- ¿Ni un detalle?
- Júbilo...
- Vamos, somos amigos, sólo un poquito de información.
- No.
- Te prometo que no se lo digo a nadie.
Bobby la observó con incredulidad.
- Bueno, a casi nadie.
- No. Además, Logan me mataría si te contase algo.
- Créeme, soy lo suficientemente mayor como para hablar de estas cosas.
- Y yo lo suficientemente joven como para querer conservar mi vida – respondió mientras se desperezaba.
Júbilo puso los ojos en blanco y se tiró, literalmente, encima de un sofá que estaba justo delante de la televisión.
- ¿Hace mucho que estás aquí? – preguntó Bobby sentándose a su lado.
- Nah... Unos cinco minutos. ¿Tú?
- Desde las nueve – el rostro de Júbilo se contornó en una mueca de dolor fingido.
Permanecieron unos segundos en silencio hasta que Júbilo habló dubitativamente.
- ¿Qué... qué tal te va con Scott?
Bobby emitió un suspiro de resignación.
- ¿Quién te ha hablado de eso?
- Radio macuto. Scott habla con Warren, Warren con Paige y Paige conmigo. Somos todos una gran familia – hizo una pequeña pausa – No... No fuiste tú quien le pegó, ¿verdad?
El Hombre de Hielo dejó escapar una pequeña risa al tiempo que intentaba peinarse, inútilmente, con la mano.
- No. ¿Es que ha dicho eso?
- No, no ha querido decir quién ha sido, todavía no sé por qué.
- Tiene su orgullo de macho herido, es muy común entre la población masculina.
- ¿Y entonces quién...? Oh – terminó, comprendiendo.
- Sí, oh. Así que sí, estoy en una posición delicada.
- ¿Y vas a ir a hablar con él? – preguntó casualmente.
Bobby la observó con recelo.
- ¿Qué es esto?¿Un interrogatorio? No lo estarás grabando, ¿no?
- ¿Por quién me tomas? – inquirió exagerando un falso gesto de incredulidad.
Bobby negó divertido con la cabeza, una sonrisa asomando a sus labios.
- ¿Entonces?
- No lo sé – contestó apoyando la espalda en el sofá – Ahora mismo no sé qué hacer ni qué decir ni... nada.
***
Golpeó la puerta suavemente con los nudillos.
- ¿Emma?¿Estás ahí?
- Sí – contestó la fría voz de Emma Frost desde el interior de la habitación.
Abrió tentativamente la puerta para encontrarse con un mirada de indiferencia.
- ¿Querías algo Scott? – preguntó.
- Tenemos que hablar.
Emma le indicó que tomase asiento en la silla que permanecía desocupada frente a ella.
- ¿De qué quieres hablar?
- De lo que pasó ayer.
- De acuerdo.
Scott respiró hondo antes de comenzar.
- Emma, creo que estás siendo demasiado exagerada.
En ese momento fue el turno de Emma de respirar hondo antes de hablar.
- Escucha Scott, hay cosas... en mi pasado, que no me gustan, e intento redimirlas, pero no puedo compartir esto con alguien que piensa que las personas no pueden cambiar. Simplemente no puedo.
- No lo...
- Es muy sencillo Scott. Puede que antes encontraras poca diferencia de opiniones con Jean, pero yo no soy ella. Puedo convivir con el hecho de que su sombra esté siempre cerca de ti pero... No puedo... No pienso – corrigió instantáneamente – tolerar que tú o cualquier otra persona insinúe que sigo siendo la misma persona que era antes.
- Esto no es sobre ti Emma, sé que has cambiado pero...
- ¿Y cuál es la diferencia entonces?
- Es diferente.
- ¿Por qué?
Scott hizo una pausa.
- ¿Cuánto tiempo has conocido a Bobby? Y me refiero a realmente conocido. Yo le conozco desde que tenía dieciséis años, prácticamente hemos crecido juntos. ¿Crees que voy a aceptar así como así algo tan radical?¿De repente?¿Qué hay de Lorna, de Ópalo, de todas las chicas con las que ha salido?¿O eran sólo una distracción? Tú has estado en su mente Emma, así que explícamelo, porque yo no lo sé.
- Eso no es algo que debas hablar conmigo, Scott. Si lo que quieres es respuestas deberías ir a la fuente.
Permanecieron unos segundos en silencio.
- ¿Y qué pasa con lo nuestro? – preguntó Scott finalmente.
Emma dejó escapar una débil carcajada.
- No lo sé, supongo que se verá. Preferiría no hablar de eso ahora.
***
- ¿Y tú cómo lo ves? – preguntó Bobby.
- ¿La verdad? – contestó Pícara y el otro hombre asintió – Pinta mal.
- Gracias por tu apoyo.
- Escucha Bobby, quizá deberías ir a hablar con Scott.
- ¿Estás loca? Mi novio le rompió la mandíbula, sería un suicidio.
- Bueno, ahora la sangre de Warren lo cura todo, a lo mejor también le causó amnesia.
- No creo que haya tanta suerte.
Permanecieron en silencio durante unos segundos. Silencio que fue roto por Bobby al lanzar un gruñido de exasperación.
- ¡No sé qué hacer! – gruñó mientras se tiraba del pelo – Tú has absorbido a Scott alguna vez, ¿qué crees que haría?
- Oh vamos, como si fuera a acordarme de todas las veces que he absorbido a una persona. Además, éste no es el modo de arreglar las cosas.
- ¿Y qué sugieres? Y no me vengas otra vez con eso de: ve a hablar con él.
- No lo sé Bobby. Escucha, sé que es difícil pero si vas quieres arreglar las cosas vas a tener que hacerlo.
- ¿Hacer qué? – preguntó una voz masculina desde la entrada de la puerta - ¿No estaréis teniendo un affaire a mis espaldas, non?
- Sí, Remy – contestó Anna con una sonrisa – Sexo salvaje con la puerta abierta, para que sea más excitante.
- Bueno, si es sólo eso no me preocupo.
Remy Lebeau se acercó a la cama y rodeó a su novia con los brazos.
- ¿Pasa algo que Remy deba saber, chére?
- No, Bobby y yo sólo estábamos hablando.
El silencio volvió a embargar la habitación y Gámbito miró significativamente a Bobby.
- Vale – dijo por fin el aludido levantándose de la cama – Aquí sobro, lo pillo.
Antes de abandonar la habitación, lo último que oyó fue a Pícara recordándole que hablara con Scott.
***
Sabía que era una mala idea. Ahora mismo podía visualizar todas las posibles salidas de la conversación, y ninguna era buena.
Aun así, musitando y refunfuñando, Bobby Drake golpeó la puerta del despacho de Scott con los nudillos.
No tenía planeado qué iba a decir. ¿Iba a disculparse?¿A discutir?¿Qué?
Una voz le indicó que pasara.
Al abrir la puerta se encontró a su amigo sentado en su escritorio, sin levantar la vista de los papeles que tenía delante.
Esperó pacientemente hasta que Scott alzó la mirada. Una ligera expresión de sorpresa cruzó su rostro, pero desapareció casi inmediatamente.
- ¿Querías algo Bobby?
- Eh... ¿Serviría de algo si te dijera que no?
Scott enarcó las cejas en un gesto que le recordó vagamente al de Jean-Paul.
- No, probablemente no – contestó.
- Entonces sí, quería algo.
Abrió la boca para hablar y no salió ningún sonido. Cíclope esperó pacientemente, de modo que lo intentó otra vez.
- Verás Scott... Yo... Escucha, lo que está pasando entre nosotros es una estupidez. Quiero decir... Somos amigos desde hace demasiados años como para dejar que algo así lo cambie todo, ¿no crees?
Scott dejó escapar un pequeño suspiro.
- ¿Y qué sugieres que haga Bobby? No puedo pretender que no ha pasado nada.
- Ni te lo estoy pidiendo. Sólo quiero un poco de... No lo sé. De apoyo, de comprensión, de lo que sea.
- ¿Por qué Jean-Paul? – preguntó después de unos segundos.
- ¿Por qué Emma? – preguntó a su vez Bobby encogiéndose de hombros – ¿O es que es Jean-Paul lo que te molesta y no yo?
- No. Es sólo... Es demasiado repentino.
- Pues Hank dice que se veía a la legua – hizo una pequeña pausa y adoptó un porte pensativo – La verdad, no sé cómo tomarme eso.
Se produjo un pequeño silencio, tras el cual Scott habló.
- ¿Te das cuenta de lo que haces Bobby? Esto no es algo que puedas echar para atrás cuando te parezca o te aburras, esto es algo para toda la vida.
- Lo sé, ¿crees que no lo sé? Puedo ser algo infantil a veces, pero eso no significa que no me de cuenta de las cosas.
- ¿Y estás seguro?
- ¿Quieres que me lo cuelgue en un letrerito, Scott? Sí, estoy seguro. Soy gay y estoy enamorado de un canadiense arrogante, que ha escrito un libro y ha sido campeón olímpico de esquí. ¿Necesitas un informe psicológico o algo más?
- ¿Y si sale mal? – inquirió haciendo caso omiso de las acotaciones.
- Si sale mal, dedicaré mi vida al celibato, ya lo he decidido. ¿Qué dices? – preguntó con un tono esperanzado.
- Supongo que no depende de mí.
- No, en realidad no, pero me gustaría que lo aceptaras. Por cierto, Jean-Paul me dijo que te pidiera perdón de su parte por lo del puñetazo.
- No, no lo dijo – contestó Scott con un deje de diversión en la voz.
- De acuerdo, no, pero seguro que lo pensó.
- Lo dudo. ¿Seguro de que es esto lo que quieres? – preguntó de nuevo Cíclope.
- Sí – respondió sinceramente.
Scott esbozó una sonrisa. Forzada, pensó Bobby, pero no es un mal comienzo.
***
Cuando abrió la puerta de su habitación observó, sorprendido, que ya había alguien en ella.
- ¿No te has movido de aquí?
Jean-Paul negó con la cabeza y siguió observando el techo desde la cama.
- Annie me está persiguiendo y poco después Júbilo apareció también sospechosamente. ¿Crees que es suficiente como para denunciar por acoso?
- Si conocieras a Júbilo desde hace tanto tiempo como yo sabrías que la cárcel es inútil con ella.
Se sentó a su lado en la cama.
- ¿Qué tal te ha ido con Scott?
Bobby le miró extrañado.
- ¿Quién te lo ha dicho?
- Pícara también se pasó por aquí. Es cosa mía o ¿ahora nuestra vida es pública?
- Nuestra vida aquí nunca ha sido privada, es uno de los mandamientos de la escuela. Uno para todos y todos para uno, si ya lo decían los mosqueteros.
- ¿Y bien? – volvió a preguntar Jean-Paul.
- Pues... – contestó Bobby tumbándose en la cama e inclinando la cabeza en el hombro de su novio – Se lo ha tomado... Normal, supongo. No ha salido corriendo, eso es bueno. Tampoco a dado saltos de alegría, pero se acostumbrará. Además, cosas más raras que esto pasan aquí todos los días.
- Me alegro – dijo el canadiense.
- ¿De que pasen cosas raras?
- De que se haya arreglado – respondió depositando un suave beso en los labios de Bobby.
- Yo también. ¿Piensas quedarte aquí todo el día?
- Si así evito que me interroguen... Sí. ¿Y tú? – preguntó Jean-Paul mirándole a los ojos.
- No lo sé... Puede que encuentre una o dos razones para quedarme aquí...
Todos los personajes pertenecen a Marvel, pero la historia me pertenece a mi. Para cualquier utilización fuera de la web, deberás pedirme permiso. Agradecería cualquier comentario que quisieseis hacer, podéis poneros en contacto conmigo en la dirección de correo Rhea Carlysse