ALGUNOS SECRETOS NO SE PUEDEN ESCONDER
Por Rhea Carlysse
Capítulo uno
Bobby Drake observó su reflejo en el espejo. Su pecho estaba prácticamente cubierto de hielo. El hecho de que la zona de alcance de su mutación secundaria hubiera aumentado no era nada nuevo, al contrario, era bastante predecible. Lo que le preocupaba era que el hielo ya no era translúcido, sino opaco. Lo que significaba que su interior se estaba transformando en hielo al igual que su exterior.Acercó su mano a la zona blanquecina que cubría su flanco derecho y la acarició con los dedos. Antes la cicatriz de su operación de apendicitis había estado allí, ahora ni siquiera le quedaba una mínima marca, sólo una zona plana y resbaladiza. Ni siquiera podía sentir el contacto en el abdomen, aunque sí podía sentir cómo los dedos se le entumecían poco a poco.
Respirando profundamente dejó caer la mano hacia un lado y se dispuso a colocarse de nuevo la camisa.
Últimamente dedicaba mucho tiempo a esto. Observar, reflexionar y hundirse en la autocompasión. Hace tiempo si alguien le hubiera dicho que iba a acabar así se habría reído a carcajadas en su propia cara. Después de todo eso es lo que hacía. Bobby Drake, el chico que no crecía, el comediante del grupo, el que no dejaba que las cosas le preocupasen y, según la opinión de una gran mayoría, un inmaduro que aún debería seguir en la universidad.
Cuando estuvo completamente vestido echó otra mirada al espejo. A primera vista nadie diría que le pasaba algo, de hecho nadie lo había notado durante... ¿cuánto?¿Meses? Por alguna razón el hecho de que nadie hubiese prestado atención a esos detalles le molestaba y sin embargo, por otro lado, la idea de que la gente supiera lo que le pasaba le ponía enfermo. Desde que lo habían averiguado le trataban como si fuera a romperse en cualquier segundo. Aunque por otro lado, no es que estuvieran muy equivocados...
Apartando esos pensamientos de su mente se colocó sus gafas de sol y salió de su habitación.
***
Jean-Paul Beaubier apartó el examen que había estado corrigiendo. A veces se preguntaba si debía corregir los exámenes o quemarlos directamente... Al menos los alumnos escribían bien el nombre.
Cerró los ojos y apoyó la cabeza en las manos. El día estaba siendo demasiado largo...
Un repentino golpe en la puerta lo sacó de su estado adormilado. Lo ignoró y volvió a cerrar los ojos. La puerta volvió a sonar.
Dejando escapar un suspiro de frustración se levantó pesadamente.
- ¿Qué pasa? – preguntó de mala manera al abrir la puerta.
Miró extrañado al hombre rubio que estaba ahora frente a él. Warren Worthington III llevaba puesto su uniforme de los X-Men y le observaba con expresión apremiante.
- ¿Hay algún problema?
- Tenemos una reunión en cinco minutos. Scott quiere que vayas.
Jean-Paul le observó un momento antes de esbozar una sonrisa irónica.
- ¿Se me permite recordar que fui apartado del equipo activo? – preguntó sin modificar su expresión.
- Cinco minutos Beaubier – contestó el rubio. Aparentemente el hecho de que Jean-Paul fuera incluido en la misión no le había hecho demasiada gracia.
Le dirigió una última mirada a su compañero de equipo mientras éste se alejaba por el pasillo. Worthington nunca le había gustado, y él nunca le había gustado a Worthington así que no había ningún problema entre ellos. Simplemente intentaban evitarse todo el tiempo que podían.
La posibilidad de no acudir a la reunión se le pasó por la cabeza un par de veces. Después de todo, no es cómo si le hubiesen necesitado en el tiempo que había estado inactivo.
Después de ponerse su uniforme se dispuso a dirigirse hacia la reunión.
***
Bobby entornó los ojos a medida que Scott hablaba. No es que no le interesase lo que decía... Bueno, la verdad es que no, no le interesaba en absoluto. El caso es que a lo largo de los años su amigo había adquirido la poco admirable capacidad de dormir a los presentes durante sus discursos.
Miró a su alrededor mientras Cíclope continuaba relatando la ardua tarea que les habían encomendado. Recorrió con la mirada a los miembros de su equipo. Warren se sentaba a su derecha, junto a su inseparable novia Paige. A veces pensaba que estaban unidos por los labios, pero en estos momentos se limitaban a escuchar a Scott con atención. A su lado estaba Júbilo, aparentemente tan aburrida como él y haciendo pompas con su chicle rosa. Jean-Paul se sentaba a su lado y miraba a Cíclope con un deje de superioridad y arrogancia, como si conociese de memoria toda la misión y pensase que podía hacerlo él solo. A la izquierda de Scott se encontraba su hermano Alex, alias Kaos.
El equipo había variado algo con respecto a las últimas misiones. La diferencia más visible era el hecho de que Estrella del Norte participara, aunque no sabía si calificarlo como una buena o mala noticia. También se notaba la ausencia de Ororo y Logan.
Bobby pegó un pequeño salto al oír a Scott mencionar su nombre y volvió de lleno a la realidad.
- ¿Sí?
- Tú irás con Jean-Paul. Alex, tú con Júbilo.
Perfecto, pensó Bobby mientras Cíclope seguía hablando, por parejas y con el canadiense. Por supuesto Warren y Paige fueron emparejados juntos.
Escrutó el rostro de Jean-Paul intentando descubrir qué tal se había tomado él el emparejamiento. Seguía observando a Scott con una expresión tan indescifrable como siempre.
Con algo de esfuerzo volvió a escuchar al director del instituto. Al parecer era una simple misión de vigilancia. Alguna organización sospechosa de tratamiento indebido de ingeniería genética. Peligroso si era cierto e irritante y aburrido si no lo era. Nada demasiado grave.
***
Jean-Paul sintió los ojos de Bobby clavarse en él y luchó por no devolverle la mirada. Perfecto, pensó, simplemente perfecto. No sólo tenía que ir en una estúpida misión de vigilancia, sino que además tenía que ir con Bobby Drake. Dios le odiaba, no era nada nuevo. ¿Y para eso les habían hecho ponerse los trajes?¿No se suponía que en las misiones de vigilancia se trataba de no destacar?¿Y por qué no podían haberle dejado en paz como habían hecho hasta ahora?
Miró de reojo a Bobby y vio que había apartado la mirada de él. Por fin. Bueno, no tenía que ser tan difícil. Sólo tenía que mantener su libido bajo control lo que durara la misión. Ya lo había hecho antes estando en Alpha Flight y había salido bien. Más o menos.
Cíclope seguía hablando. ¿Es que ese hombre no se callaba nunca? Ni que fueran unos novatos en esto...
Volvió a dirigir una mirada furtiva al Hombre de Hielo. Vamos, ¿cuánto podía durar la misión? Una semana a lo sumo, y ya había aguantado varios meses.
Los demás comenzaron a levantarse. Así que por fin había terminado la reunión... Jean-Paul se levantó también y se dirigió a la salida. Tenía la sensación de que iba a ser un día largo.
***
Bobby contempló su amplia gama de ropa en su armario. Incógnito. Eso era lo que tenían que hacer, lo que significaba (como muy amablemente le recordó Jean-Paul) que nada o un porcentaje muy pequeño de su guardarropa serviría. Maldito canadiense. No sabía cómo lo hacía, pero sólo le hacía falta abrir la boca para sacar a cualquiera de sus casillas.
Se decidió por una camiseta negra y unos vaqueros. Cómo había llegado una camiseta sin colores chillones a su armario le resultaba un misterio, pero servía para la ocasión.
Al pasar junto al espejo de camino a la puerta notó cómo algo brillaba en el reflejo. Extrañado se acercó a comprobar qué era, para descubrir un pequeño trozo de hielo abriéndose paso junto a su ojo izquierdo. Cerró los ojos e intentó, en vano, de revertir el pequeño trozo de escarcha a su estado normal.
Al volver a abrirlos y comprobar que no había habido cambios respiró hondo y se colocó sus gafas de sol. Sabía que tarde o temprano le serían útiles. Además, lo último que necesitaba era a un canadiense arrogante haciendo comentarios sobre su salud.
Tras una última comprobación para descubrir si el hielo se había extendido en alguna parte más salió de la habitación. Su compañero de equipo ya se encontraba fuera esperándole.
Jean-Paul vestía completamente de negro. Vaqueros, camisa y gabardina a juego. Un auténtico James Bond, pensó Bobby mientras le recorría de arriba abajo con la mirada.
- ¿Dónde están los demás? – preguntó colocándose su chaqueta. No es que la necesitase, después de todo, era el hombre de hielo.
Jean-Paul pareció dudar un poco antes de contestar.
- Ya se han ido, así que deberíamos darnos prisa si no queremos perdernos algo interesante – añadió con un deje de ironía.
Comenzaron a caminar en dirección al garaje.
- ¿Cómo vamos a llegar hasta allí? – preguntó Bobby.
- Había pensado en tu coche.
- ¿Por qué no el tuyo?
- Bueno, creo que un BMW descapotable y rojo llamaría demasiado la atención.
Bobby cerró los puños y apretó lo más fuerte que pudo hasta que las ganas de estrangular a Jean-Paul se desvanecieron un poco. Y eso que ni siquiera habían empezado oficialmente la misión. Esto iba a salir mal, ya lo estaba visualizando.
***
- ¿Es que este trasto no puede ir más despacio? – preguntó Jean-Paul por enésima vez.
- Escucha, si te apetece ir más deprisa ve corriendo, pero a mí déjame en paz – contestó Bobby sin apartar los ojos de la carretera.
Jean-Paul suspiró. Había visto tortugas más rápidas que ese coche.
Rozó casualmente una de sus orejas. El inductor de imágenes las mantenía bajo una apariencia normal, después de todo, se trataba de no llamar la atención. Aún así no le gustaba. Nunca le había gustado esconderse.
Miró de reojo al conductor del vehículo. La verdad es que se había sorprendido al ver a Drake. Una parte de él esperaba que apareciese con unas bermudas y una camisa hawaiana. Lo único que le llamaba la atención eran las malditas gafas de sol, que parecía no quitarse ni para dormir.
Volvió a sentir el nudo en estómago. Casi como cuando le había visto salir de su habitación. Había que reconocerlo, cuando el chico le ponía empeño sabía conjuntar la ropa.
Apartó los pensamientos de Bobby Drake de su mente. Si quería deshacerse de este maldito capricho (porque eso era lo que era, simple y pura atracción física) lo primero que tenía que hacer era dejar de pensar en él a cada segundo.
Debería centrarse en la misión. Eso, la misión. ¿Por qué les mandaban a ellos a la misión?¿Es que no había telépatas para estas cosas? Después de todo, ¿no era pedir mucho que dos X-Men reconocidos pasaran desapercibidos? Sobre todo cuando uno de ellos era ex-atleta olímpico y había escrito un libro.
- ¿Crees que la misión durará mucho? – oyó preguntar a Bobby de repente.
- Seguramente lo suficiente para que el jefe se dé cuenta de que no había nada de lo que preocuparse.
Bobby respiró hondo y decidió que a partir de ahora limitaría al mínimo la conversación con el canadiense. A cada comentario que había hecho le había respondido una frase mordaz o arrogante. Él mismo no había estado de muy buen humor últimamente, pero es que Jean-Paul parecía llevarlo en la sangre.
Centró su mirada en la carretera y permanecieron en silencio durante unos minutos, cada uno centrado en sus propios pensamientos.
De vez en cuando Bobby tenía la sensación de que su compañero le dirigía miradas furtivas. Desechó el pensamiento de inmediato. Desde que su mutación secundaria había comenzado la paranoia parecía haberse adueñado de su vida. Tenía la sensación de que todo iba contra él. Primero la no-boda de Lorna y Alex (y los... comentarios de Lorna en su despedida de soltera), el beso de Annie para que después se fuera con Alex... Tanta mala suerte le hacía pensar que quizá lo más sabio para ahorrarse rechazos sería pasarse al lado de Estrella del Norte.
Una pequeña risa emergió de sus labios tan pronto como el pensamiento apareció en su mente. Jean-Paul le dirigió una mirada extraña y a continuación negó levemente con la cabeza. Genial, hasta él pensaba que era un caso perdido.
***
- ¿Se puede saber por qué habéis tardado tanto?
- Hola a ti también Warren. Sí, estamos bien, ¿y tú? – fue la respuesta de Bobby después de que su amigo se parara junto a la ventanilla de su coche.
Ni siquiera había esperado a que salieran del automóvil y tenía la sensación de que si Warren hubiese podido les habría empezado a leer la cartilla antes de aparcar. Warren era así, el liderazgo se le subía a la cabeza y se creía el rey del mundo.
- Lo repetiré, ¿por qué habéis tardado tanto?
- No sabía que os habías ido. Quizá lo hubiera sabido si alguien se hubiera dignado a avisarme – contestó despreocupadamente mientras salía del coche.
- Sabes de sobra cómo funciona esto Bobby, no puedes aparecer cuando te dé la gana en una misión oficial.
- Relâche-toi oiseau, deja al pobre chico. Tampoco ha sido culpa suya.
Bobby le dirigió una mirada de incredulidad al hablante. ¿De verdad estaba oyendo a Jean-Paul defenderle?
- El pobre no sabía qué ropa ponerse y luego ese cacharro que llama coche no quería circular a más de cinco kilómetros por hora – añadió con una sonrisa.
Demasiado bueno para ser cierto, pensó mientras cerraba el coche con llave. Se giró para observar a sus compañeros de equipo. Warren y Paige daban el pego de parejita feliz, hasta habían cogido un conjunto a juego.
- Bueno, ¿qué tenemos que hacer? – preguntó Bobby.
Warren señaló con el pulgar hacia un callejón.
- La entrada trasera. Tenemos que saber quién entra y sale, cuándo... todo lo que podamos averiguar. Nosotros estaremos vigilando las otras dos entradas.
***
- ¿Y para qué nos hemos vestido de incógnito si nadie nos va a ver?
Jean-Paul puso los ojos en blanco y siguió observando la entrada. Aunque Bobby tenía un punto. Desde la azotea de un edificio era difícil que alguien les viera. Cómo no, Worthington les había reservado el peor sitio posible.
No podían haber colocado cámaras en la pared del edificio... no. Casi llamaban más la atención con la ropa que llevaban de lo que la llamarían con los uniformes puestos. Y, por supuesto, nadie había aparecido por allí en las dos horas que llevaban vigilando. A medida que la noche se abría camino les costaba más trabajo mantener los ojos abiertos.
- Podemos jugar al “veo, veo”.
Jean-Paul respiró hondo.
- Yo veo una persona que se va a caer “accidentalmente” del edificio si no se calla – comentó despreocupadamente.
- ¿Sabes? Esto va a ser todavía más aburrido si no tenemos algún tipo de conversación.
- ¿Y por qué tiene que ser una conversación estúpida?
- ¿Sabes qué? Déjalo. Vamos a vigilar.
El canadiense negó levemente con la cabeza y agradeció a Dios los dos minutos de silencio que se le concedieron. Pasado ese tiempo comenzó a escuchar, a través de silbidos, una cancioncilla pegadiza.
Cerró los ojos y se mordió el labio inferior para intentar frenar la cascada de comentarios hacia su compañero. La próxima vez que decidiera sentirse atraído por un hombre buscaría uno mudo. O mejor, dedicaría su vida al celibato.
Bobby continuó silbando la canción durante unos minutos, hasta que Jean-Paul no pudo más.
- Drake, ¿te importaría parar?
El Hombre de Hielo le miró desconcertado.
- ¿Por qué? Tendré que hacer algo para entretenerme, ¿verdad?
- ¿Y no podrías buscar algo silencioso que hacer?
- Perdone majestad, olvidé que no debía lastimar sus delicados oídos – exclamó Bobby sarcásticamente - ¿Cree que podrá tolerar mi humilde existencia durante el resto de la misión?
- Je ne sais pas, ¿crees que podrás mantener la boca cerrada durante el resto de la misión?¿O es biológicamente imposible?
- Escucha, si no te gusta trabajar en equipo no deberías haberte apuntado a la misión.
- Primero, yo no me apunté a la misión, me obligaron. Y segundo, esto no es trabajar en equipo, es aburrirse en pareja. Así que si tienes...
En ese momento Jean-Paul notó que Bobby no le estaba prestando atención, sino que estaba observando atentamente el lugar que deberían estar vigilando.
La puerta se acababa de abrir y un par de personas estaban saliendo por ella. Un hombre y una mujer. El hombre era rubio y de complexión atlética. La mujer morena y con el pelo corto. Su rostro le resultaba extrañamente familiar.
- ¿Esa es Carolina Roman? – preguntó Bobby casi en un susurro.
Algo, pensó Jean-Paul, innecesario ya que nadie podría haberlos oído desde allí arriba.
- ¿Carolina Roman es esa genetista que apareció tanto en televisión hace un par de años? – dijo Jean-Paul sacando la información de algún rincón de su mente - ¿La que estuvo en tantas manifestaciones anti-mutantes?
- Sí. La seguimos la pista durante unos meses, pero no parecía hacer nada ilegal. No habíamos sabido nada de ella hasta ahora. ¿Sabes quién es el otro?
El canadiense recorrió al acompañante de la mujer con la mirada.
- Un matón.
- ¿Lo conoces?
- No.
- ¿Y entonces por qué lo dices?
- Tiene cara de Neandertal.
Bobby le observó con expresión de incredulidad.
- Eso es muy científico – dijo arrastrando el sarcasmo en cada una de sus palabras.
- Lo creas o no funciona el noventa y nueve por ciento de las veces.
- Estoy seguro...
Jean-Paul no pudo reprimir que una pequeña sonrisa se abriera paso en sus labios. Se disponía a contestar cuando un ruido desvió su atención.
- Deberíamos informar a Warren – comenzó a decir Bobby -, o podríamos esperar un poco para que se aburriesen más y así vengar-
Una mano le tapó la boca. Bobby se quejó a Jean-Paul inútilmente, pero éste no le soltó, sino que siguió escudriñando en la oscuridad.
- ¿Has oído eso? – preguntó destapándole la boca.
- ¿El qué?
- Juraría que...
- Sí, bueno, pues la próxima vez avísame en lugar de amordazarme.
Jean-Paul avanzó en la oscuridad explorando la azotea. Había oído algo, estaba seguro. Pudo oír los pasos de Bobby detrás de él, seguramente para soltar alguna irritante tontería más. En ese momento sintió cómo algo le golpeaba fuertemente en la cabeza.
Cayó al suelo desorientado. Ante él distinguió una figura borrosa, justo antes de sumirse en la oscuridad.
Todos los personajes pertenecen a Marvel, pero la historia me pertenece a mi. Para cualquier utilización fuera de la web, deberás pedirme permiso. Agradecería cualquier comentario que quisieseis hacer, podéis poneros en contacto conmigo en la dirección de correo Rhea Carlysse