ALGUNOS SECRETOS NO SE PUEDEN ESCONDER
Por Rhea Carlysse
Capítulo tres
Bobby se despertó al sentir un movimiento junto a él. Al principio no sabía de qué se trataba, aunque tampoco le apetecía abrir los ojos para averiguarlo; se sentía extrañamente bien tal y cómo estaba, salvo por el dolor de cabeza.
Muy a su pesar levantó lentamente los párpados. Lo primero que notó fue que estaba en una habitación que no era la suya, lo segundo que el brazo de alguien le rodeaba la cintura, y lo tercero, y más obvio, que lo único que lo tapaba en ese momento eran las sábanas de la cama.
Con cuidado de no hacer ningún movimiento brusco se deslizó del abrazo de su compañero de cama y se levantó. Evitó mirar a la persona que estaba en la habitación con él para no confirmar sus sospechas, puede que la noche anterior no hubiera estado muy lúcido, pero todavía le llegaban algunas imágenes y recuerdos.
Respirando hondo se dio lentamente la vuelta. Sintió un extraño nudo en el estómago al observar la escena, aunque no supo si calificarlo como algo bueno o algo malo.
Jean-Paul aún dormía, a cada suave respiración su pecho se elevaba lentamente. Toda la tensión que normalmente se percibía en su rostro había desaparecido. Sus labios se curvaban en una ligera sonrisa, apenas perceptible, pero estaba ahí. Bobby no pudo dejar de notar que había un deje de vulnerabilidad que nunca había observado en él y que era algo que el canadiense intentaba evitar a toda costa que alguien viera.
Tragó saliva y se agachó para recoger toda su ropa, que aún seguía esparcida por el suelo. Cómo había llegado hasta esta situación, prefería no saberlo. Lo único que quería en ese momento era salir de allí y esperar a que se le pasase ese maldito dolor de cabeza.
Todo lo silenciosamente que pudo se acercó a la puerta de la habitación, y sin echar una última mirada al hombre dormido salió de allí.
***
Jean-Paul se escudó con la almohada nada más oír el sonido del despertador, sin embargo no consiguió bloquear el insoportable pitido. Alzó la mano a ciegas e intentó pararlo, sin éxito. Visiblemente molesto se levantó y le asestó un golpe con la mano. Una vez se hizo de nuevo el silencio volvió a tumbarse en la cama, notando, de repente, que estaba más vacía de lo que debería.
Varias sensaciones se apoderaron de él en el momento en el que recordó todo lo que había pasado. La primera de felicidad. La segunda de desconcierto. La tercera de miedo. Todos los sentimientos se entremezclaron mientras sus pensamientos viajaban a mil kilómetros por hora.
El hecho de que Bobby se hubiera marchado no era extraño, podía haber mil motivos por los que haberlo hecho. Sin embargo, todos esos motivos parecían tener una connotación negativa. ¿Y si se avergonzaba de lo que había hecho? ¿Y si simplemente estaba asqueado por ello?¿Y si no recordaba nada? Había tomado el suficiente alcohol para eso, y definitivamente el haberse despertado en la cama de Jean-Paul podría haber supuesto un auténtico shock.
Jean-Paul enterró su rostro entre sus manos. La verdad es que él tampoco lo había planeado así. No es que fuera un romántico empedernido pero...
Miró el reloj, aún quedaba una hora para que comenzaran sus clases, si se daba prisa podría alcanzar a Bobby y hablar de todo lo ocurrido.
***
- ¿Bobby?
Bobby se dio la vuelta a toda velocidad.
- ¿Sí?
Kurt le miró extrañado. Cualquiera lo habría hecho. En medio del pasillo, a las seis y media de la mañana, descalzo y sólo con unos pantalones puestos.
Bobby alzó la camisa que llevaba en la mano y se cubrió inmediatamente el pecho.
- ¿Qué estás haciendo?
El otro se encogió de hombros.
- Tomando una ducha – contestó con toda la naturalidad que pudo.
- ¿Fuera de tu habitación?
- Mi ducha está estropeada.
- No estás mojado.
Bobby abrió la boca como si fuera a decir algo, su mente trabajando en encontrar una excusa que no fuera estúpida.
- Eh... Es que me seco rápido.
Kurt le miró aún más extrañado, pero negó con la cabeza y pasó de largo.
Cuando su amigo desapareció, Bobby, dejó escapar un suspiro de alivio. Habría que dar gracias a que a esas horas nadie estuviera demasiado despierto, o la excusa habría sonado aún más patética.
Prácticamente corrió todo el camino que quedaba hasta su habitación. Cuando llegó cerró con fuerza la puerta tras de sí y echó el cerrojo. Lo último que necesitaba ahora era una visita inesperada.
Respiró profundamente varias veces para calmarse. ¿Qué había hecho? De todas las estupideces que podía haber cometido ésta era, definitivamente, la peor.
Miró el reloj, aún quedaba más de una hora para que empezasen las clases. Perfecto, tenía que dar clase con resaca.
Con algo de esfuerzo logró colocarse su camisa a la que, como pudo notar después, le faltaban algunos botones.
Se sentó en la cama y enterró su rostro entre las manos. Sentía un constante martilleo en la cabeza. ¿Cómo había llegado a esta situación? Tenía vagos recuerdos, sin embargo nada preciso. No podía quitarse de la cabeza la sensación de bienestar en la que se encontraba cuando había despertado, como si todo fuese extrañamente... correcto.
No. No tenía que pensar en eso. No sabia qué era lo que le había pasado para llegar a hacer algo así, pero estaba mal. Muy mal. Desde luego, si algo sabía era que no iba a bajar a desayunar. De hecho, si le hubieran dado opción, no habría salido de su habitación en mucho tiempo.
***
Jean-Paul observó cómo todos los alumnos de su clase abandonaban rápidamente del aula. Ya era la hora de comer y todavía no había conseguido localizar a Bobby. Esperó a que todos los estudiantes hubieran salido para comenzar a recoger sus cosas.
Caminó distraído por los pasillos y, de repente, distinguió un rostro familiar que se dirigía a la cocina.
Apresuró el paso y agarró a Bobby del brazo antes de que éste pudiera evitarle por más tiempo.
Podría asegurar que Bobby perdió todo el color que tenía nada más verle. Eso no era una buena señal...
Jean-Paul le soltó el brazo y permanecieron unos segundos en silencio.
- Hola – murmuró Bobby casi imperceptiblemente - ¿Tienes clase ahora?
- Es la hora de comer.
- Claro, entonces no tienes. Eh... yo tengo prisa, así que casi que me voy yendo...
Intentó darse la vuelta para irse y Jean-Paul volvió a sujetarle del brazo.
- ¿Eso es todo lo que tienes que decir? – preguntó con un deje de incredulidad.
- No sé de que... – comenzó Bobby con una media sonrisa.
- Tenemos que hablar.
El otro hombre se encogió de hombros.
- No creo que tengamos que hablar de nada en particular.
- ¿Ah no?
- No. Lo que pasó... No pasó nada, ¿vale?
Jean-Paul le observó con una mirada de incredulidad.
- Pardon?
- Lo que has oído.
- Así que simplemente vas a fingir que no ha pasado nada. Es eso, non?
- Exacto.
- Eso es muy maduro Drake. Me extraña que tus amigos no te tomen en serio con esa filosofía que tienes hacia todo lo que te pasa.
- Escucha, – empezó a decir Bobby – yo no soy... yo no soy como tú. Así que déjalo estar.
- Claro, anoche parecías muy hetero. Debe ser algún mecanismo para reafirmar la sexualidad, te acuestas con un gay pero al día siguiente sigues siendo heterosexual. Impresionante.
Bobby abrió la boca para contestar y Jean-Paul le observó apremiante y con los brazos cruzados sobre el pecho.
- Anoche estaba totalmente borracho e hice una estupidez, pero no soy gay, así que no intentes convertirme en uno.
El canadiense esbozó una pequeña sonrisa amarga.
- Ya puedo ver que no eres gay Drake. Lo que eres, es un cabrón – dijo mientras se daba la vuelta – Yo que tú me mantendría lejos, podría contagiarte algo.
Comenzó a andar por el pasillo, esta vez en dirección a su dormitorio. Se le habían quitado las ganas de comer.
***
Bobby siguió con la mirada a Jean-Paul hasta que giró la esquina. Bueno, si él no estaba en el comedor no había ningún problema en que comiese con los demás.
Maldito canadiense, siempre complicando las cosas. Había sido un error, nada más. De acuerdo que no había sido la manera más sutil de comunicárselo pero tendría que aceptar su decisión. Sin embargo él se lo tomaba como si... Pero eso daba igual. Lo único que quería ahora era olvidarse de todo eso. No había pasado nada. Nada.
Cuando entró en el comedor tuvo la sensación de que todo el mundo le miraba. Tenía la sensación de que su paranoia aumentaba cada vez más. Nadie podía saber lo que había pasado. Nadie. ¿Verdad?
Miró a su alrededor, nadie le estaba mirando. Eran todo imaginaciones. Nadie lo sabía. No había ninguna razón por la que mirarlo. Ninguna. Y si lo supieran ¿qué iban a decir? Después de todo no era como si le hubiese gustado. Porque no le había gustado. No. No podía haberle gustado, ¿verdad?
En su camino hacia una de las mesas vislumbró el rostro de Emma Frost. Su cara se iluminó en una ligera sonrisa de superioridad cuando le vio, como si supiera algo que los demás no sabían.
Bobby se quedó quieto y palideció ligeramente. Ella lo sabía. Telepatía, ¿cómo no haberlo supuesto?
En cuanto ese pensamiento cruzó su mente palideció aún más. Rachel también era telépata, y muchos alumnos. Por no mencionar a los empáticos.
Se dio la vuelta y volvió a salir del comedor.
Tenía que calmarse. Tenía buenas defensas telepáticas, y Jean-Paul también. Casi seguro. Después de todo, Emma debía de haberse encargado de eso, ¿verdad?
***
Jean-Paul entró en su habitación y cerró la puerta de un golpe seco. Drake era un cabrón. Un auténtico cabrón.
Aunque en parte la culpa había sido suya. Por creer que podía haber conseguido lo que quería por una sola vez en su vida. Evidentemente ese tipo de cosas no le pasaban a él.
Sintió cómo sus ojos se humedecían levemente. Genial, como si no suficiente se iba a poner a llorar.
Cerró los ojos con fuerza hasta que estuvo más calmado. Nunca había sido de los que lloraban, y no iba a empezar a serlo ahora. No por culpa de Drake.
¿A quién trataba de engañar? ¿De verdad había pensado que todos sus sueños se iban a cumplir así como así? Ni que fuera una maldita película americana. En la vida real, sobretodo en la suya, esas cosas no pasaban.
***
Unos ligeros golpes en la puerta hicieron que Bobby saliese de su estado adormilado. Estuvo a punto de no abrir, no quería llevarse alguna sorpresa desagradable...
Los golpes volvieron a sonar insistentemente.
- Ya voy – dijo mientras se levantaba y acudía a abrir.
Todas las esperanzas de que su día mejorara se desvanecieron en cuanto vio quién se encontraba tras la puerta.
- ¿Puedo pasar? – preguntó Emma con una ligera sonrisa mientras se apoyaba en el rellano.
- Eh... Claro – contestó tragando saliva y apartándose.
Emma avanzó con paso decido, como si estuviera en su propia habitación y se sentó en el borde de la cama. Bobby cerró la puerta y cuando se volvió pudo ver a la Reina Blanca mirándolo inquisitivamente y con la sonrisa aún bailando en sus labios. Tenía la sensación de que estaba utilizando una gran fuerza de voluntad para no comenzar a reír.
- Supongo que sabes por qué estoy aquí.
Bobby tragó saliva y asintió levemente. No podía creer que estuviese en esta situación, asustado por tener que hablar de su vida sexual con una antigua enemiga, resultaba ridículo.
- Escucha, lo que tú o cualquier otro miembro del cuerpo docente haga en su tiempo libre me da igual – comenzó mirando a Bobby a los ojos – Sin embargo, me gustaría recordarte que este centro está lleno de adolescentes con poderes psíquicos que aún no dominan, y ciertas... actividades, podrían causarles algún que otro problema.
Bobby volvió a asentir y miró hacia el suelo.
- ¿Quién más lo sabe? – preguntó con la voz algo temblorosa y sabiendo que estaba enrojeciendo a cada momento.
- Nadie, al menos que yo sepa. Bloqueé los pensamientos de Jean-Paul, pero deberías comentarle lo de los bloqueos psíquicos, así la próxima vez no tendréis problemas.
Sintió cómo enrojecía todavía más y levantó la mirada, incrédulo.
- ¿Qué próxima vez? No va a volver a pasar.
- Claro Bobby... – respondió Emma mientras se levantaba y caminaba con un deje de elegancia hacia la puerta – Por cierto – añadió antes de salir -, creo que tienes clase ahora, deberías darte prisa si no quieres llegar tarde.
Bobby la observó salir de la habitación, todavía incrédulo ante la irónica sonrisa que se había dibujado en los labios de la mujer. Tenía la sensación de que sabía algo que Bobby aún no alcanzaba a comprender.
Afectado todavía por la corta conversación miró su reloj. Llegaba cinco minutos tarde a su próxima clase.
***
Ororo Munroe caminaba despreocupadamente por los pasillos. No había tenido más que una clase en todo el día así que se podía decir que había sido una jornada tranquila.
El timbre que daba por finalizadas las clases sonó. Ororo se giró para observar por la pequeña ventana de cristal que había a su lado, en una de las puertas, el aula por la que estaba pasando. Ninguno de los alumnos se había movido al sonido del timbre, al contrario que en las demás clases, cuyos alumnos salían prácticamente corriendo y sin dirigir una mirada al profesor. En casi todas las clases pasaba eso... bueno, en la de Logan no.
Lentamente los estudiantes se levantaron de sus sillas y comenzaron a salir ordenadamente de su aula. Ororo pudo distinguir algunos de los murmullos entre los que hablaban los alumnos. Algo sobre una bajada general de nota y de que el profesor no tenía derecho a pagar sus problemas personales con ellos.
Una vez la habitación estuvo vacía la mujer procedió a golpear suavemente la puerta de madera.
Jean-Paul, que había estado hojeando unos papeles levantó inmediatamente la vista.
- ¿Qué pasa?
- ¿Estás bien? – preguntó Ororo algo preocupada.
- Perfectamente – contestó sonriendo sarcásticamente - ¿Por qué no debería estarlo? El mundo es felicidad.
- ¿Ha pasado algo que yo debería saber?
Ororo avanzó y se sentó encima de la mesa que estaba enfrente de la del profesor.
- ¿Ha pasado algo? Puede. ¿Que tú debas saber? No.
- Algunos de los alumnos se estaban quejando de las notas.
Jean-Paul se encogió de hombros.
- Bueno, no es mi culpa que sean unos incompetentes – comentó levantándose de la silla y cogiendo su chaqueta – Y ahora, si me disculpas, tengo que irme.
Con esto salió del aula.
Ororo había oído hablar de la “calurosa” personalidad de Jean-Paul, pero nunca la había sufrido en primera persona, con ella siempre había sido... bueno, puede que no amable pero algo cercano a eso. De las personas que había en la mansión era una de las pocas que entendía lo que era vivir en la calle, suponía que por eso siempre se habían tratado con respeto, ya que tenían algunos puntos en común.
***
Jean-Paul continuó andando sin mirar atrás. Lo último que necesitaba era alguien que pretendiera saber cómo se sentía. Que él supiera a nadie de la mansión le habían quitado lo único que quería antes de poder tenerlo. Aunque quizás se había pasado con los alumnos, ellos no tenían la culpa de que uno de sus profesores fuera un cabrón... y no se estaba refiriendo a él mismo.
Bueno, si quería superar esto lo primero que tenía que hacer era dejar de pensar en Drake, y el primer paso era evitarle completamente.
***
Pasaban los días. Bobby evitaba a toda costa encontrarse con Jean-Paul, y al parecer el canadiense hacía lo mismo. Sin embargo no podía dejar de dar vueltas a todo lo que le había pasado.
No sabía que le preocupaba más: que Emma supiese lo que había pasado y que, al parecer, estuviese convencida de que iba a volver a ocurrir, que todos los demás notasen que le estaba pasando algo raro cuando no le habían prestado atención en meses, o que se sintiese mal por Jean-Paul. Sí, definitivamente esto último era lo que más le preocupaba.
No podía dejar de darle vueltas a su última conversación, no podía evitar sentirse mal, después de todo, había sido el único que le había ayudado, sus amigos ni siquiera le habían preguntado por qué salió corriendo de la reunión.
Aunque, por otro lado, debería respetar sus decisiones. Lo que había pasado había sido un error. Un estúpido error. Atribuido al alcohol, la depresión y nada más. Porque no había nada más, ¿verdad?
Había evitado pensar en eso, ignorar ciertas... sensaciones, porque sólo había sido un error. Sin embargo sentía muchas sensaciones diferentes al mismo tiempo y estaba más confundido de lo que había estado en toda su vida.
Cada vez que se cruzaban sentía una especie de nudo en el estómago. Al principio lo había atribuido a una mezcla entre culpabilidad y enfado, pero después de unos días se dio cuenta de que la sensación ya estaba allí desde hacía bastante tiempo.
Una noche, cuando volvía a su habitación vio un libro que sobresalía de la estantería. Un libro azul con un rostro familiar en la portada. Se había propuesto leerlo cuando tuviera tiempo y ahora que lo tenía no sabía si quería hacerlo.
Una parte de él pensaba que le ayudaría a aclarar sus ideas, a entender un poco más a Jean-Paul; mientras que otra parte pensaba que lo que menos necesitaba ahora mismo era conocerle todavía más.
Miró el libro indeciso durante unos segundos, hasta que finalmente decidió levantarse a cogerlo. Después de todo, se lo había prometido a Pícara, y tendría que devolvérselo pronto o las consecuencias serían terribles; todavía recordaba la última vez que había tardado en devolverle un DVD.
- No sabes cuanto dolor de cabeza me estás causando Beaubier – dijo en voz alta observando la foto de la portada.
Abrió el libro y comenzó a leer.
A medida que avanzaba el libro se sorprendía más y más de la historia del canadiense. Siempre había pensado que tendría un origen más parecido al de Warren. Un niño rico y mimado, no el de una persona que había perdido a sus padres cinco veces: sus padres biológicos, sus padres adoptivos y la persona que le había acogido cuando estos murieron. Aunque quizá el hecho que más le sorprendiese era que, durante un corto periodo de seis meses, había llegado a ser padre y que su hija había muerto en sus brazos.
Volvió a notar la sensación de culpabilidad. No es que lo que les estaba pasando tuviera algo que ver, sin embargo... No podía evitar sentirse culpable.
Cuando cerró el libro eran casi las dos de la madrugada. Adormilado lo depositó en su mesita de noche y apoyó su cabeza en la almohada.
Después de la lectura estaba aún más confundido si cabe. Siempre había tomado a Jean-Paul por un egocéntrico rico que se creía el rey del mundo. Sin embargo en los últimos días había estado notando, sin quererlo, pequeños matices que volvían de golpe a su mente. La expresión de preocupación cuando salió corriendo de la reunión, la ligera sensación de vulnerabilidad la mañana siguiente, la mirada de odio que tenía cuando discutieron... Por no hablar de las pequeñas sensaciones a las que no había prestado atención durante mucho tiempo, las que le hacían dudar que todo lo que había pasado hubiera sido a causa del azar.
Justo antes de caer dormido la ligera sensación de que se había equivocado con Jean-Paul desde el principio cruzó su mente.
***
- Annie, ¿puedo hablar contigo un momento?
Annie Ghazikhanian se giró sorprendida para descubrir a Bobby Drake en la puerta de la enfermería.
- ¿Ha pasado algo?¿Es la mutación secundaria? – preguntó algo asustada.
- No es nada de eso. Es sólo... Necesito hablar contigo.
Bobby se revolvió nervioso mientras Annie se aproximaba para cerrar la puerta de la enfermería y darles algo de intimidad. No estaba convencido de que esto fuera una buena idea.
Cuando la habitación estuvo a salvo de otros oídos Annie se volvió hacia él.
- ¿Qué pasa?
Bobby respiró hondo.
- Es... verás... Imagínate que has hecho algo malo. Algo que supuestamente está mal y que escandalizaría a todos tus amigos, por no hablar de familiares... Y tú sabes que está mal, porque durante toda tu vida te han dicho que está mal y... y... bueno, sabes a lo que me refiero, ¿no? El caso es que has hecho algo malo, hablando hipotéticamente, pero después de mucho meditarlo empiezas a pensar que no ha podido ser del todo malo, y que incluso puede haber sido algo bueno, pero sigues pensado que en cierto sentido está mal y...
- ¿Con quién te has acostado? – preguntó de repente mirándole a los ojos, que se abrieron como platos.
- Yo no... yo no... ¿Por qué contigo todo se reduce al sexo? – preguntó a la defensiva.
- No la habrás dejado embarazada, ¿verdad? – exclamó algo escandalizada.
- Me parece que estás percibiendo mal la situación.
- Entonces, ¿qué te ha pasado?
- Te he dicho que era una situación hipotética.
Annie puso los ojos en blanco durante un momento y suspiró de resignación.
- De acuerdo, ¿y adónde querías llegar con esta situación hipotética?
- Vale... – tomó aire – Digamos que alguien hace algo que podía parecer malo pero que puede no serlo, y que esa persona, hipotéticamente hablando, se ha dado cuenta de eso demasiado tarde, ¿debería esa persona hipotética hacer algo al respecto e intentar arreglarlo?
La enfermera pareció meditarlo mucho.
- ¿Es un asunto del corazón?
- Puede...
- Entonces creo que deberías... que la persona hipotética debería tomar todas las oportunidades que tenga, si es que puede arreglarlo.
Bobby apretó los labios.
- ¿Satisfecho con la respuesta?
Todos los personajes pertenecen a Marvel, pero la historia me pertenece a mi. Para cualquier utilización fuera de la web, deberás pedirme permiso. Agradecería cualquier comentario que quisieseis hacer, podéis poneros en contacto conmigo en la dirección de correo Rhea Carlysse