ALGUNOS SECRETOS NO SE PUEDEN ESCONDER
Por Rhea Carlysse
Capítulo cuatro
- ¿Satisfecho con la respuesta?
Al no recibir contestación, Annie escrutó el rostro de Bobby. La miraba, pero no la estaba mirando. Tenía la sensación de que para el otro hombre era transparente y que éste estaba sumergido en su propio mundo.
- ¿Bobby?
De repente Bobby la miró como si se hubiese dado cuenta de que seguía en la habitación.
- ¿Estás bien?
Lentamente el Hombre de Hielo asintió.
- Tengo que irme – dijo distraídamente mientras se dirigía a la salida.
Annie lo observó extrañada mientras Bobby caminaba como si no supiera por dónde iba. ¿Qué podría haberle pasado ahora?
***
Bobby avanzó por la mansión sin fijarse en su rumbo. Aún estaba confuso. Muy confuso. ¿Por qué todo esto le tenía que estar pasando a él? Hace poco tenía una vida relativamente (de acuerdo, muy relativamente) normal. Hace poco sabía qué era lo que quería y ahora... Ahora sólo quería no saber nada.
Intentar arreglarlo, eso le había dicho Annie. Sin embargo... ¿Por qué todo resultaba tan difícil?
¿Y si se equivocaba? ¿Y si sólo era eso? Confusión. O soledad. ¿Y si no sentía nada más que eso? ¿De verdad quería arriesgarse? ¿Realmente merecía la pena?
Pensar en ello le provocaba demasiado dolor de cabeza y, sin embargo, no podía evitarlo. Era como si estuviese presente en todos y cada uno de sus pensamientos y sensaciones. Algo que estaba allí y que no podía definir. ¿Soledad? ¿Confusión? O la más aterradora de ellas: ¿amor?
Quizá no había sido buena idea acudir a Annie. ¿En serio quería aceptar el consejo de una mujer que estaba saliendo con Alex? Es como si de repente Lorna apareciese y le aconsejase saltar por un puente. Bueno, quizá no era no mismo, pero el hecho de que Annie hubiese decidido salir con Alex ya era una muestra de su poca coherencia mental.
Sí. Era eso. Annie tenía que estar equivocada. Él no podía estar enamorado de Jean-Paul. Simplemente no podía. Eso estaba... mal.
¿Verdad?
***
Jean-Paul se revolvió en su cama. Hacía días que no podía dormir bien y eso estaba afectando a sus clases. Si hasta había perdonado un examen a sus alumnos...
Giró en la cama hasta quedar boca arriba, mirando el techo. Necesitaba hacer algo.
Se incorporó lentamente y se quedó unos segundos mirando la oscuridad. Comer. Tenía que comer algo. La comida siempre quitaba las penas. De hecho, si el azúcar le hubiese sentado bien a su organismo se habría estado alimentando de helado de chocolate durante los últimos días.
Salió de su habitación rumbo a la cocina. Cuando abrió la puerta se sorprendió de encontrar a alguien allí a esas horas.
- ¿Tú tampoco podías dormir? – preguntó Kitty mientras dejaba el libro que había estado leyendo a un lado.
- Más o menos – respondió Jean-Paul mientras se acercaba a la nevera a por algo de beber - ¿Insomnio?
Kitty se encogió de hombros.
- Más o menos – contestó con una sonrisa – Te cuento mis problemas si me cuentas los tuyos.
El canadiense se volvió para mirarla.
- Y yo pensando que Júbilo era la única cotilla que había en la mansión.
- Bueno, Júbilo cuenta los secretos, yo no. A no ser que me paguen bien por ello, claro...
Jean-Paul rió levemente mientras se inclinaba de nuevo en el frigorífico para coger una botella de leche. No era su bebida preferida, pero la otra posibilidad era un café, y eso sí que le mantendría despierto durante toda la noche.
Cogió un vaso y se sentó en la mesa al lado de Kitty, a la que robó un par de galletas con pequeños trozos de chocolate.
- Bueno, ¿hay trato? – preguntó la morena.
- Créeme, no quieres saber lo que me pasa – dio un pequeño mordisco a una de las galletas - ¿Problemas con el hombre de acero?
- Algo así. Es sólo que... Todo es muy complicado y no dejo de darle vueltas a la cabeza.
- Conozco la sensación.
Permanecieron unos segundos en silencio. Kitty mirando al vacío y Jean-Paul comiendo.
- ¿Por qué sigues aquí? – preguntó la chica de repente. Al notar la expresión de incredulidad del canadiense rectificó – Quiero decir, no parece que te vaya mucho esto. Cuando llegué había apuestas para ver cuanto aguantabas antes de irte.
- Me encanta el aprecio que me tiene la gente por aquí...
- No me refiero a...
- Sé a lo que te refieres. En cuanto a la pregunta... ni yo mismo lo sé.
En realidad sí, murmuró su conciencia desde las profundidades de su mente, y tiene que ver con cierto hombre de hielo.
- Supongo que le he cogido el gusto a eso de suspender exámenes – continuó.
Kitty escudriño su rostro para intentar descubrir si estaba bromeando, pero no encontró ninguna pista. Y conociendo a Jean-Paul (lo poco que le conocía) era perfectamente capaz de hablar en serio.
- Entonces... – comenzó Kitty – Tú no puedes dormir porque...
Jean-Paul se encogió de hombros.
- Demasiadas cosas en la cabeza.
La chica se dispuso a poner los ojos en blanco pero un bostezo se lo impidió.
- Bueno, como ya veo que no estás muy colaborador espero que no te importe que me vaya a la cama.
- ¿Puedo quedarme con las galletas? – preguntó Jean-Paul esperanzadoramente.
- Supongo – se levantó para salir de la cocina – Que tengas suerte con tu insomnio – dijo antes de abandonar la sala.
Jean-Paul cogió otra galleta más. Al traste su metabolismo, necesitaba chocolate.
***
Hank McCoy colocó la muestra celular que había preparado en el microscopio. Se inclinó para mirar y justo entonces oyó unos golpes apresurados en la puerta.
- ¿Hank? ¿Estás ahí? – oyó preguntar a su mejor amigo desde el otro lado.
Rápidamente se acercó a la puerta y la abrió.
- ¿Ocurre algo Bobby? – preguntó algo preocupado al observar el rostro de confusión que tenía su amigo.
- Puede. ¿Puedo pasar?
- Claro – se apartó para dejar paso a Bobby y cerró la puerta.
Bobby se sentó encima de una mesa vacía que había al fondo del laboratorio. Hank esperó pacientemente a que comenzara a hablar.
- Hank... tú... bueno, ¿eres mi mejor amigo, no?
- Claro.
- Y si... si me pasase algo se supone que tendría que contártelo porque somos los mejores amigos, ¿no? – el otro hombre le observó en silencio – Y se supone que tú me apoyarías pasara lo que pasara, ¿verdad?
- ¿Dónde quieres llegar a parar Bobby?
Bobby respiró hondo. Esto tampoco había sido buena idea. Tendría que haberse quedado en su habitación.
- Bueno, si a mí me pasase algo tú tendrías que ayudarme, ¿no?
- Sabes que sí, Robert, pero me gustaría saber qué es lo que te ocurre.
- Verás, hay... Hay una cosa a la que he estado dando vueltas desde hace unos días y... Bueno, es complicado.
- ¿Es sobre la mutación secundaria?
- Ojalá, eso me quitaría dolor de cabeza.
- Entonces...
- Hank, ¿tú me considerarías un desesperado?
Hank le observó algo confuso.
- ¿A qué te refieres?
- Bueno... Después de todos los problemas amorosos que he tenido, y ahora con lo de la mutación secundaria... Tendría muchos problemas para estar con alguien y... Bueno, ¿tú crees que sería capaz de... de estar con alguien sólo por eso? ¿Por qué estoy desesperado?
- No – contestó su amigo sin dudarlo.
Bobby casi oyó cómo se rompían todos sus esquemas. Durante un momento había esperado que dijera que sí. Todo habría sido más fácil, sin quebraderos de cabeza.
- ¿No? – murmuró.
- No – repitió Hank – Creo que serías incapaz de hacer algo así. ¿Y ahora me vas a contar qué es lo que te pasa?
El otro hombre abrió la boca para decir algo, pero no salió ningún sonido. Probó de nuevo.
- Es... bueno. El otro día me... me pasó algo y... bueno, es complicado.
- Eso ya lo has dicho.
- Vale – Bobby tomó aire – Supongo que te enteraste de lo que pasó el otro día en la reunión.
- Oí algo, sí.
- Fue la mutación secundaria, comenzó a crecer. Sin más, en medio de la reunión. Y... Y salí corriendo de allí. Me asusté.
- Bobby, si te pasó eso deberías haber venido...
- Ese no es el problema.
Hank le miró algo perdido.
- Verás, cuando salí de la reunión me fui a mi habitación y conseguí revertir el hielo, pero seguía algo asustado, ¿sabes? Y, bueno, me quedé allí para calmarme y Jean-Paul vino a ver lo que me había pasado.
- Sí, oí que Warren estaba furioso porque los dos os habíais ido sin dar explicaciones.
- Yo estaba algo cabreado también, ¿sabes? Quiero decir, salí corriendo de aquella reunión y la única persona que vino a ver qué me había pasado era alguien con quién discutía cada dos palabras.
- Lo siento Bobby, no pensé que...
- No. Da igual, eso no es lo que pasó, sólo parte.
- ¿Entonces...?
Bobby se mordió el labio inferior. No quería llegar a la parte importante.
- Nos fuimos por ahí, ya sabes a... a despotricar contra el mundo y a olvidarnos un poco de todo.
- Me cuesta imaginarme a Jean-Paul haciendo eso.
- No es tan malo, ¿sabes? – dijo antes de poder contenerse y deseó haber cerrado la boca. Comentarios como ese eran los que le daban dolor de cabeza – El caso es que bebimos mucho. Bueno, por lo menos yo bebí mucho – sí, eso quedaba bien, era como quitarse culpa de lo que había hecho – Y... Y volvimos a la mansión y... bueno...
- Comprendo – dijo Hank como si le acabaran de explicar un problema de matemáticas.
- ¿Ah sí?
- Te acostaste con Jean-Paul.
Bobby sabía que debía parecer un idiota con la boca abierta como la tenía. Le acababa de contar lo que había hecho a su mejor amigo y allí estaba, como si le estuviese contando que había ido al videoclub y había sacado una película que no era la que tenía planeada.
Una parte de él esperaba que le dijese que estaba mal. Porque lo había estado. Se supone que él no tenía que haber hecho eso. No es que tuviese nada en contra de los gays pero... Él no era... Él no podía serlo. Simplemente no podía.
- ¿Bobby?
Bobby salió de su estado de trance.
- ¿Estás bien?
- ¿Y ya está? ¿Te parece bien?
- Bueno, estoy sorprendido pero...
- Claro, porque tu expresión es la sorpresa personificada.
- No hay nada de malo en lo que hiciste.
- ¿Ah no? Me acosté con otro hombre pero no hay nada de malo – exclamó sarcásticamente.
- No, siempre y cuando fuera lo que querías hacer.
- Pero yo no quería...
- Robert, puede que no lo creas, pero sé algo sobre este campo y dos no lo hacen si uno no quiere.
- ¿Y si uno estaba muy borracho?
Su amigo le miró inquisitivamente.
- No. A mí no me gusta Jean-Paul, no puede gustarme.
- Eso, mi buen amigo, es algo en lo que podemos diferir.
- ¿A qué te refieres?
- Bueno, Robert, soy científico, mi trabajo es analizar las cosas.
- No hay nada que analizar.
- ¿Has venido aquí a que te ayude o a que te diga lo que quieres oír? – preguntó, sin embargo su tono era amable, no reprochador.
- Aún no lo he decidido.
- Hace un momento me has dicho que Jean-Paul no era tan malo.
- Porque no lo es – contestó instintivamente, deseando de nuevo haber cerrado la boca.
Hank le observó como diciendo: “ahí tienes la respuesta”.
Bobby enterró su rostro entre las manos.
- Esto no me está pasando a mí – murmuró cerrando con fuerza los ojos.
- Por tu reacción supongo que la mañana siguiente no fue demasiado bien.
- No. Yo... dije algunas cosas que desearía no haber dicho y... y luego empezó toda la culpabilidad y todos los... los sentimientos y... Esto no me puede estar pasando a mí – levantó la cabeza y miró a Hank fijamente - ¿Tengo una pegatina en la espalda que pone “idiota” o algo así? Porque sino (,) no me explico por qué todo esto me tiene que pasar a mí.
- Las cosas ocurren como tienen que ocurrir, no como quieres que ocurran.
Permanecieron en un cómodo silencio durante unos segundos, quizá minutos. Hasta que Bobby se decidió a hablar.
- Entonces, ¿no te importa? Lo que pasó quiero decir.
- Robert, soy una persona cubierta de pelo azul que cada vez se parece más a un animal, mi mejor amigo se está convirtiendo en hielo, la casa está llena de antiguos villanos que se han pasado al bando de los buenos, entre ellos la novia de un buen amigo y pertenezco a un grupo de superhéroes con quienes combato el mal y lucho por la tolerancia y la aceptación. ¿De verdad crees que el hecho de que te gusten los hombres o las mujeres va a cambiar el hecho de que seamos amigos? ¿O mi forma de verte?
- Supongo que no pero...
- Además, era bastante previsible.
Bobby abrió los ojos hasta que parecían dos pequeñas esferas.
- ¿Cómo?
- Bueno, como ya te he dicho soy científico – añadió con una sonrisa en los labios.
- No sé qué hacer... – murmuró mientras volvía a cerrar fuertemente los ojos.
- Haz lo que creas que tienes que hacer.
***
Jean-Paul se levantó de su escritorio mientras reprimía un bostezo. Los estudiantes había salido ya hacía diez minutos y él casi se había quedado dormido apoyado en la mesa. Necesitaba librarse de su insomnio ya.
Recogió sus papeles y salió del aula, afortunadamente no tenía más clases. Lo único que quería era volver a su habitación, tumbarse en la cama y...
- Cuidado – dijo Pícara cuando Jean-Paul chocó contra ella.
- Lo siento, estoy algo ido.
- Puedo verlo – murmuró la mujer mientras se agachaba a ayudarle a recoger sus papeles - ¿Estás bien?
- Oui, sólo cansado.
- Vamos – dijo Pícara agarrándole del brazo – Te invito a tomar un café.
Jean-Paul iba a discutir, pero sabía que no había manera de hacer que Pícara cambiase de opinión, aunque fuera por un café. Además, necesitaba cafeína.
***
- Bueno, cuéntame lo que te preocupa – comenzó Pícara.
Jean-Paul y ella estaban sentados en una de las mesas de la cafetería. Había algunos alumnos por allí, disfrutando de una hora libre después de una mañana de clases.
- No me pasa nada. ¿Por qué de repente a todo el mundo le importa mi estado de ánimo?
- Venga, te conozco JP, sé que te pasa algo y si no me lo cuentas voy a tener que recurrir a métodos menos... ortodoxos.
- Primero: es Jean-Paul, no JP. Segundo: ¿qué métodos?
- Bueno, sólo tendría que dejarle caer a Júbilo que tienes un secreto y ella haría el resto.
- No te atreverías...
- Pruébame – contestó sonriendo – Y ahora cuéntame qué es lo que te pasa.
El canadiense se encogió de hombros.
- No es nada. He estado dándole demasiadas vueltas a las cosas.
- ¿A qué cosas?
- Eso queda entre yo y yo – dijo Jean-Paul sonriendo.
- Pues te recuerdo que yo fui tú una vez, así que eso me incluye.
- No te cansas nunca, ¿verdad?
- No.
Jean-Paul iba a contestar cuando un ruido interrumpió la conversación. Los dos se giraron para descubrir el foco. Dos de los alumnos se estaban peleando dentro de la cafetería. Jean-Paul los identificó como Josh Foley y Julian Kelller.
Foley tenía a Keller contra la pared cogido por el cuello de la camisa. En un abrir y cerrar de ojos Foley salió volando contra la otra pared por cortesía de la telekinesia de su contrincante.
Pícara y Jean-Paul se levantaron a separarlos, al ser los dos únicos adultos que había en la sala.
- ¿Dónde crees que vas? – preguntó Pícara mientras agarraba a Keller antes de que pudiese acercarse a Foley de nuevo.
Jean-Paul se acercó al chico caído y le ayudó a levantarse.
- Explicación. Ahora.
- ¿Ha pasado algo? – preguntó de repente alguien desde la puerta – He oído un ruido y...
Bobby se quedó con la palabra en la boca al ver a Jean-Paul y éste desvió la mirada.
- Empezó él – gritó Keller señalando al otro chico.
- ¿Qué? Eso es mentira. Él fue quien empezó a insultar.
- Ya vale de discutir sobre quién ha empezado la pelea. Los niños de cinco años hacen eso y la última vez que lo comprobé los dos habíais pasado la quincena.
- Quizá deberíamos llevarlos con su tutor correspondiente – comenzó Bobby acercándose un poco, pero sin mirar a Jean-Paul – Creo que son Dani y...
- Gracias Drake – le cortó el canadiense fríamente - ¿Por qué no te vas? Podemos arreglárnoslas perfectamente.
El otro hombre pareció vacilar un poco antes de hablar.
- Yo sólo...
- Dudo mucho que estés capacitado para inculcar algo de madurez a un par de críos cuando ves los dibujos animados con ellos.
- ¿Ah sí? – preguntó Bobby mordazmente y mirando a Jean-Paul a los ojos – Pues yo dudo mucho que estés capacitado para dar consejos de padre cuando sólo has tenido seis meses de experiencia, ¿no crees?
Nada más terminar Bobby deseó haberse callado. Se suponía que iba a arreglarlo, o al menos a aclararse un poco, no a estropearlo aún más.
Jean-Paul soltó el brazo de Josh Foley y se dirigió despacio a la salida de la cafetería.
Bobby abrió la boca para intentar arreglarlo pero no dijo nada. Pícara le observaba con una expresión extraña. ¿Decepción? Los alumnos que quedaban no parecían haber entendido nada y cuchicheaban entre ellos.
Después de unos segundos en los que la cafetería estuvo en silencio salió corriendo detrás de Jean-Paul.
***
Jean-Paul andaba a toda velocidad hacia la puerta que daba al jardín. Necesitaba estar en un sitio abierto. Necesitaba volar.
Ese maldito cabrón de Drake no podía conformarse con todo lo que había hecho, sino que tenía que hurgar en su pasado y...
Necesitaba volar.
Comenzó a caminar aún más rápido cuando oyó pasos familiares que le seguían. Los alumnos y profesores que había en la mansión los miraban extrañados.
- Jean-Paul, espera... – oyó decir a Bobby desde atrás.
Hizo caso omiso y salió fuera. Avanzó un poco más y cuando se disponía a despegar una mano atrapó su brazo.
***
Bobby siguió a Jean-Paul a través de la multitud de alumnos y profesores. No estaba corriendo, pero desde luego andaba muy, muy rápido. Tanto que costaba seguirle.
Todos les dirigían miradas extrañas. Algunos divertidos, otros incrédulos.
- Jean-Paul, espera... – gritó Bobby mientras esquivaba a un par de adolescentes.
Observó cómo el canadiense se dirigía hacia el jardín de la mansión. Iba a echar a volar, no había que ser un genio para verlo.
Comenzó a avanzar más deprisa, hasta que por fin le alcanzó.
- ¿Qué quieres? – preguntó Jean-Paul dándose la vuelta y haciendo que Bobby le soltase el brazo.
Tenía cierta expresión de odio en el rostro.
- Lo siento – consiguió murmurar Bobby. Toda la valentía que había acumulado en el trayecto se había evaporado como por arte de magia.
- ¿Ah sí? – exclamó el canadiense sarcásticamente – Bueno, supongo que ahora estoy más tranquilo.
- Yo no...
- ¿Tú no qué? ¿No querías decir lo que dijiste?¿No querías hacer lo que hiciste?¿Tú no qué, Drake?
- Lo sien...
- Eso ya lo has dicho – le cortó Jean-Paul fríamente.
Bobby le observó sin saber qué decir. De ahora en adelante tendría que aprender a mantener la boca cerrada.
- No tenía que haber dicho eso. Yo no quería...
- ¿Hacerme daño? Pues buen trabajo.
- Yo sólo...
- No tenías derecho – volvió a interrumpirle Jean-Paul – Mi pasado es mío. Sólo mío y de nadie más.
- Bueno, entonces no deberías haber escrito un libro sobre él, ¿no crees? – preguntó Bobby, su enfado volviendo por momentos.
- ¿Crees que es divertido? Supongo que a ti te lo pareció. Supongo que pensaste que ya que me habías jodido por partida doble podías hacerlo una vez más.
- Lo creas o no Beaubier, el sol no gira a tu alrededor. Yo no quería decir lo que dije, fue un accidente.
- Es cierto, lo olvidaba, conmigo eres propenso a los accidentes.
De repente el suelo pareció interesar a Bobby enormemente.
- De hecho me sorprende que hayas reunido el valor de acercarte a mí. ¿Has cogido el kit anti-homosexualidad antes de venir?
- Lo... lo siento.
- Me parece que te repites.
Bobby respiró hondo.
- Eso no. Lo del otro día. Lo siento.
Por un momento Jean-Paul parecía no saber qué decir y, de repente, comenzó a reír.
- No me lo puedo creer... – comentó entre risas - ¿Crees que... Crees que puedes venir aquí después de una semana, decir lo que has dicho y... y decir que lo sientes? – preguntó. Ya había dejado de reír – ¿Y qué parte es la que sientes exactamente?
- Reaccioné... No debería haber reaccionado así.
Jean-Paul le observó con una expresión extraña, como si no supiera si echar a volar o darle un puñetazo.
De algún modo Bobby reunió algo de valor para continuar.
- Estaba... asustado. Y todo era nuevo para mí y... No lo sé. Estaba asustado.
- ¿Y crees que yo no? ¿Crees que no me asustaba la idea del rechazo? ¿La posibilidad de asquear a la única persona que yo quería tener cerca?
Jean-Paul se dio cuenta tarde de que había dicho más de la cuenta. Bobby había levantado la mirada y le observaba con una expresión interrogante.
- ¿La única persona que qué?
- Eso no importa ahora – contestó Jean-Paul mientras se daba la vuelta y comenzaba a caminar lejos de Bobby.
Sintió cómo una mano le sujetaba el brazo por segunda vez.
- ¿Lo has dicho en serio? – preguntó Bobby casi en un susurro.
Jean-Paul asintió levemente.
- ¿Y sigues pensando lo mismo?
El canadiense le miró algo confuso. Bobby dio un paso hacia delante, acortando la distancia que había entre ellos. Respiró hondo y rozó sus labios con los de Jean-Paul.
***
Varios alumnos se agolpaban en una ventana. Annie los observó extrañados, preguntándose qué estarían viendo. Entonces distinguió a Pícara intentando lograr una mejor vista desde su posición en la ventana.
Se acercó para ver qué ocurría.
- ¿Qué pasa? – Pícara se puso un dedo en los labios para indicarla que se callara.
Annie se puso de puntillas hasta que distinguió un par de figuras en el jardín.
- ¿Ése no es...? – comenzó.
En ese momento observó cómo Bobby avanzaba lenta y tentativamente para besar a la otra persona. A Jean-Paul.
- Vaya, así que era eso...
***
Jean-Paul cerró los ojos. El beso era diferente al de la otra noche, y esta vez tenía la certeza de que Bobby no estaba siendo influido por el alcohol.
Se inclinó un poco hacia delante, devolviendo el beso lentamente, como intentando que no se perdiera el momento. Como si tuviera miedo de despertar y que todo hubiera sido un sueño.
Después de unos segundos Bobby se apartó un par de centímetros. Aún podía sentir su cálida respiración en el rostro. Continuó con los ojos cerrados.
- He sido un idiota – dijo Bobby mientras colocaba sus manos en la cintura de Jean-Paul - ¿me perdonas?
Jean-Paul sonrió y abrió los ojos.
- Puede, pero vas a tener que hacer muchos méritos.
Bobby sonrió también y enterró su rostro en el cuello del canadiense.
En ese momento Jean-Paul vio un grupo de personas agolpadas en una ventana. Observándoles. Su sonrisa se ensanchó. Esto iba a ser difícil de explicar.
Todos los personajes pertenecen a Marvel, pero la historia me pertenece a mi. Para cualquier utilización fuera de la web, deberás pedirme permiso. Agradecería cualquier comentario que quisieseis hacer, podéis poneros en contacto conmigo en la dirección de correo Rhea Carlysse