So here is another longshot. Black and White.
A negative this time, in dazzle-dark,
Smudge and pallor where we make out you and me,
The selves we've struggled with and struggled out of,
Two shades who have consumed each other's fire,
Two flames in sunlight that can sear and singe,
But seem like wisps of enervated air,
After-wavers, feathery ether-shifts . . .
Yet apt to rekindle suddenly
If we find along the way charred grass and sticks
And an old fire-fragrance lingering on,
Erotic woodsmoke, witchery, intrigue,
Leaving us none the wiser, just better primed
To speed the plough again and feed the flame
~ Stanza Two of 'The Walk', by Seamus Heaney
El día de Navidad había llegado en un estallido de villancicos. Los favoritos de toda la vida sonaban en la radio, tan frescos y radiantes como la infinita nieve a pesar de lo viejos que eran. Alegrando al mundo. Paz para toda la humanidad.
Jean Grey, antes conocida como Fénix, estaba sentada en la cama, estirándose como un perezoso gato. Habían vuelto a Westchester para las Navidades, esperando pasar las fiestas con sus compañeros de equipo y amigos. Un tiempo para pasar juntos, que es lo que ella siempre había sentido, un tiempo como ningún otro.
El olor de la Navidad impregnaba el aire. De pino agrio y helado. De regalos envueltos en secreto y entregados con amor. ¿Por qué no iba a elevar sus espíritus?. Nunca había ocurrido en el pasado, pero sin embargo este año un vago pero preocupante malestar se cernía sobre ella, arruinando su perfecta felicidad.
Suspiró, espiando a su marido mientras éste roncaba. La mano de Scott descansaba sobre la almohada, estrechándola contra su pecho. Era tan pragmático, responsable y predecible.
"Me pregunto que práctico regalo me hará este año", pensó, "¿una aspiradora?, ¿un lavavajillas?, ¿un secador?, ¿o un cortacesped?".
Jean se detuvo, momentaneamente horrorizada por su deslealtad. ¿Era la falta de romance de Scott la causa de su descontento? Imposible. Impensable. Aunque...
Su ensimismamiento se vio interrumpido por un suave golpe en la puerta del dormitorio. Se deslizó dentro de su albornoz - otro regalo de cumpleaños de Scott - y abrió la puerta. Aún no se había acostumbrado a vivir en la mansión, tras meses de vida casi solitaria en Alaska.
"Mis disculpas, Jean," dijo Coloso sonriendo, "pero quería desearte feliz Navidad e informarte de que el desayuno está servido."
"Feliz Navidad a tí también, " dijo Jean abrazando a su amigo "despertaré a Scott."
"Por supuesto," asintió Piotr, "no queremos que sea como el oso que duerme durante las Navidades. Nunca nos lo perdonaría."
Jean rió, pero le sonó falso. Tan frágil como un cristal de nieve, tan efímera como la escarcha matinal. ¿Qué les había pasado a ellos? ¿Y a su amor?.
El desayuno de Navidad era un acontecimiento fastuoso de tortitas con jarabe de arce y pastelitos de arandanos. Cuando la comida se había acabado y los platos se habían lavado, Jean miró alrededor de la mesa. Pilas impecables de regalos estaban detrás de cada sitio, envueltos en papeles variados y atados con cintas brillantes y rizadas. Todo el mundo se miraba con el mejor de los ánimos, bromeando y tomando el pelo a los demás sobre los regalos, disfrutando de los lazos de amistad y amor que los unían como una cinta de Navidad.
Los ojos de Jean se posaron por un momento en Pícara, quien la pilló y le devolvió una sonrisa. Una exquisita gargantilla de esmeraldas adornaba el cuello de la sureña. Un regalo de Gambito. Era increible, pensó Jean, como tres pequeñas palabras pueden cambiarlo todo.
Ella sintió su paquete para Scott - un estilizado paquete que contenía un reloj que le había gustado durante sus jornadas de compras. ¿Le daría él algo similar, o sería otro útil regalo?. Para su sorpresa, Scott empujó su silla y se levantó, aclarando su garganta.
"Genial," se mofó Médula, "otro discurso bien avenido."
Cíclope la ignoró y continuó: " He pasado por mucho este año tanto como líder del equipo como persona. He cuestionado todo en lo que siempre he creido, y lo he visto insuficiente. He estado al borde la la muerte y he vuelto. No hubiese sobrevivido si no fuera por el amor y apoyo de mi esposa...". Hizo una pausa para mirar a Jean. " Muchos han dicho que detras de todo hombre bueno hay una mujer mejor, y hoy quiero agradecerla por... por todo. Te quiero Jean, y no se lo que haría sin tí".
De repende, Fénix comprendió la verdad. Había más amor que pasión. Algo que permanecía despues que las llamas se transformasen en cenizas, algo que perduraría a través tanto del bien como del mal, algo que, como el oro, no se esfumaría en la niebla.
Inesperadamente, como un regalo de un extraño, la alegría brotó en Fénix y sonrió. Y, aunque el regalo de Cíclope resultase ser una lavadora, ella sabía que todo iría bien.
Fin
Fénix, Cíclope y todos los personajes relacionados pertenecen a Marvel y no son usado en beneficio propio. Todos los comentarios a brucepat@iafrica.com.