UNA RAZÓN PARA VIVIR
Remy LeBeau estaba cegado por la ira. La carretera del condado de Wetchester se le aparecía como un borrón indefinido y lo único nítido en aquella desenfrenada carrera que había emprendido a lomos de su Harley era el rostro de Pícara. Pocas veces el ladrón cajún había experimentado una furia tan intensa, unida al mismo tiempo a un dolor tan poderoso que hacia que las lágrimas saltasen de sus ojos. Solo había pedido una prueba de confianza, algo pequeño en comparación con lo que él estaba dispuesto a compartir con ella, todos sus secretos, su pasado, el Gremio, el Hijo Nuevo..., todo aquello le parecía poco sacrificio para demostrarla su amor. Sin embargo, ella no debía tenerle a él en la misma consideración, porque se había negado a darle lo único que él le había pedido a cambio; su nombre. De nada había servido que le suplicara, que tratara de razonar con ella, al final, la intransigencia y sus propias inseguridades se habían impuesto y lo que había comenzado como una romántica conversación había degenerado en la más amarga y rencorosa de las discusiones.
Remy sentía que incluso esto había sido peor que lo de la Antártida. Por lo menos allí tenía la justificación de que el shock de la revelación de su implicación en la Masacre de los Morlocks y su propio sentimiento de culpa transmitido a Pícara en aquel beso, habían sido los culpables de que ella le abandonara allí. Pero ahora no había justificación posible, Pícara le había dejado claro que no confiaba en el y el amor sin confianza acaba volviéndose veneno y por eso ella había decidido acabar con su relación. Así, sin mas, y él en ese momento de rabia, había estado más que de acuerdo y ante la mirada furiosa de Pícara, la preocupada de Tormenta y la asombrada del resto de la Patrulla, testigos involuntarios de la escena, había emprendido aquella loca carrera. Quizá fuera la velocidad, la ira, las lágrimas que nublaban su visión o un cierto impulso suicida, pero Gambito, a pesar de sus reflejos sobrehumanos , no pudo esquivar al jeep que venía de frente, y que no pudo hacer nada por evitar que la moto del cajún se le viniera encima y que Gambito saliera despedido a una considerable distancia. Lo último que sintió Remy fue que su cuerpo caía. Por un momento fue consciente del dolor, que se fue diluyendo en una espesa negrura, habitada únicamente por la imagen de Pícara que le decía que no confiaba en él mientras sus ojos gritaban el amor que en verdad sentía.
Hank McCoy, distinguido científico y ensayista, no pudo evitar que un aluvión de maldiciones saliera por su boca, al tiempo que frenaba violentamente el jeep en un intento de evitar al loco motorista que se le había echado encima. Dio un volantazo y detuvo el coche atravesado en mitad de la carretera. Tardó unos momentos en recuperarse de la colisión y su primer pensamiento fue para el motorista que había chocado con él, sus instintos médicos se pusieron en acción buscando al herido. Salto del jeep y vio que la moto había quedado destrozada, y dedujo que su ocupante debía de haber salido despedido en la colisión. Tardo poco en encontrar al herido que yacía como un muñeco roto en mitad del asfalto y casi se le detiene el corazón al reconocerlo, era a Gambito a quien había atropellado. Un rápido examen le llevo a comprobar diversas fracturas , una conmoción y que su pulso se debilitaba rápidamente. Maldiciendo, la Bestia busco su teléfono móvil, esperando que la colisión no lo hubiera hecho añicos. Por fortuna no había sido así y desesperado marco el teléfono del hogar de la Patrulla X.
Picara estaba furiosa, furiosa de tal modo que comenzó a romper objetos por toda la habitación. La ira que llenaba su cabeza estaba dirigida mas contra ella misma que contra el ladrón cajún. No había confiado en él...¿por qué no lo había hecho?...Su mente le decía que había hecho bien, que Gambito no era un hombre en el que confiar, que era un ladrón y que solo la utilizaría...pero su corazón le gritaba otras cosas. Su corazón no cesaba de gritarle que había sido una cobarde. Estaba tan asustada de que alguien lograse entrar dentro de sus defensas, tan arduamente construidas a lo largo de los años, que prefería apartar al hombre que amaba lejos de ella antes que darle una oportunidad. Tenia que reconocer que el cajún había sido perseverante. Había sido el hombre mas paciente del mundo con ella. Había permanecido a su lado en los momentos difíciles y en los felices. La había aceptado con sus poderes, amándola tal y como era. Ella le había puesto mil trabas e impedimentos, incluso le había abandonado en la Antártida y aun así él había continuado amándola, destruyendo sus defensas y burlando todos sus sistemas de seguridad, como buen ladrón que era. Lo único que ella había podido reprocharle era su hermetismo con respecto a su pasado y desde luego había tenido motivos para ocultarlo, sus relaciones con el Gremio de Ladrones, su afiliación con Siniestro y la Masacre de los Morlocks... eran motivos mas que suficientes para querer esconderlos tras un tupido velo. Ella se lo había echado en cara, aunque desde luego no tenía ningún derecho. No es que ella hubiera sido una santa en el pasado. Había sido una terrorista junto a su madre adoptiva Mística, había robado los recuerdos de un montón de gente, destruido prácticamente la vida de Carol Danvers. Claro que había sido joven e influenciable, ¿pero acaso no lo había sido también Remy?. El no había sabido lo que iba a pasar, y trató de enmendar su error, salvó a Medula...y después se incorporó a la Patrulla X para intentar pagar por sus errores. En eso había demostrado ser incluso mas noble que ella, después de todo ella se había unido a la Patrulla para encontrar una solución a sus poderes.
-ˇMaldito Cajún! - grito y cogió lo que teníia mas a mano para lanzarlo contra la pared. Sin embargo en vez de eso se lo quedó mirando. Era una de esas bolas de nieve que cuando se agitan da la sensación de que nieva en su interior. Remy se la había regalado el invierno pasado. Era una bola extraña, antigua y muy elaborada, con una base en la que refulgían delicadas filigranas de oro con incrustaciones de piedras preciosas. A través del cristal no estaba el típico pueblo de montaña o la silueta de una ciudad sino un rubí de color tan rojo como la sangre, del mismo color que sus ojos tallado en forma de corazón. Ella se había quedado asombrada y había protestado, era un regalo demasiado caro, pero él había acallado sus protestas poniendo un dedo enguantado en sus labios.
-Shhhh chere, tú te mereces esto y mucho más. Esto es solo es para que recuerdes que mi corazón esta en tus manos.
Ella se había emocionado, las lágrimas se habían saltado de sus ojos de la misma manera en que ahora rodaban sin control sobre sus mejillas. Sostuvo la bola de cristal junto a su pecho mientras daba rienda suelta a su llanto. ¿Por qué no le había dicho su nombre, cuando él estaba dispuesto a compartirlo todo con ella? Porque sabía que eso le enfurecería y se apartaría de ella. Porque había estado demasiado asustada. Pero ahora ya no lo estaba, solo quería que Remy volviese y gritarle su nombre, echar abajo todo lo que quedaba de su caparazón externo y dejar entrar al que sin duda era el amor de su vida.
-Por favor Remy, vuelve.
Tormenta trataba de relajarse cuidando de las plantas de la Mansión. Con tantos problemas como había habido últimamente las pobrecillas estaban un tanto abandonadas. Con un movimiento de su mano creo una nube de lluvia sobre el tronco del Brasil del salón que estaba sediento. Su contacto con la naturaleza le permitió sentir el alivio de la planta al recibir el agua fresca. Mientras se encargaba de regar las otras plantas sus pensamientos volaron hacia Remy y Pícara. Había sido una escena desagradable y ella lo había sentido por los dos. Pícara era su amiga y Remy era prácticamente como un hermano para ella. Ororo sentía que los dos estaban hechos el uno para el otro, pero al parecer la diosa no se lo estaba poniendo nada fácil. El chirriante sonido del teléfono distrajo sus pensamientos.
-Instituto Xavier, dígame
-Ororo, soy Hank, deprisa, ha habido un accidente en la carretera del Condado. Gambito se me ha echado encima y lo he atropellado. Sus constantes se debilitan, necesito trasladarlo inmediatamente a la mansión o morirá. Daos prisa.
Tormenta colgó el teléfono precipitadamente e hizo sonar la alarma general.
-¿Qué demonios pasa Tormenta?- dijo Logan saliendo de la cocina.
-Gambito esta herido, deprisa Lobezno, prepara un transporte medico, es cuestión de vida o muerte.
Pícara que había bajado deprisa al oír la alarma se quedo paralizada al escuchar las palabras de Tormenta.
-¿Qué?...Tormenta, ¿qué le ha pasado a Remy?- demandó Pícara al borde de la histeria.
-Un accidente con la moto, no hay tiempo para explicaciones, será mejor que vayas preparando el laboratorio. Quiera la diosa que no lleguemos demasiado tarde. Pícara bajo como sonámbula al laboratorio y comenzó a preparar el equipo mientras Tormenta, Lobezno, Jean y Betsy iban al rescate de su compañero. Las únicas palabras que resonaban dentro de la cabeza de la chica eran *demasiado tarde*.
-Ha habido suerte - declaro Hank - hemos conseguido estabilizarlo y ahora sus constantes son estables, pero ha sufrido una fuerte conmoción . No se ven daños cerebrales, pero habrá que esperar a ver como evoluciona. Pícara, que no se había separado de Remy desde que había llegado miró a Hank preocupada.
-¿Cuándo se va a despertar? Hank hizo un gesto confuso, le dolía ver a Pícara tan apenada y preocupada y sentía no poder hacer mas por su compañera, pero no podía mentirla.
-No lo se Pícara, Jean y Betsy están intentando contactar con su mente pero parece que se hubiera desvanecido. Quien sabe... podría despertar hoy, dentro de una semana o dentro de diez años. Solo podemos rezar y esperar. Pícara trato de tragarse las lagrimas, pero no pudo. Estalló en un mar de sollozos incontrolables. Logan se acercó a ella y la sostuvo entre sus brazos.
-Tranquila nena, el cajún es un tipo duro y ha salido de peores situaciones. Ya veras como dentro de poco vuelve contigo.
-Eso espero Logan-dijo Pícara entre sollozos- eso espero.
Remy Lebeau se sentía tremendamente mareado, incluso a pesar de que tenia los ojos cerrados un torbellino de colores brillantes martilleaba su cerebro. No sabía lo que pasaba. Lo último que recordaba era la sensación de chocar y de caer al suelo y de un dolor horrible que se extendía por todo el cuerpo. Con cuidado abrió los ojos para volver a cerrarlos de nuevo cuando la luz le golpeo con la fuerza de un rayo. No sentía dolor en el cuerpo y supuso que el accidente no tenia que haber sido tan grave como había creído. Volvió a abrir los ojos, esperando ver el familiar complejo médico de la Mansión.
-Tormentita va a destrozarme por ser tan imprudente y Lobezno por destrozar la moto. Quien sabe, quizá hasta Pícara se haya preocupado... No sueñes cajún, a ella no le importas.
Sin embargo, cuando Gambito abrió los ojos solo vio un ambiente extraño. La habitación era de un blanco inmaculado. La cama era cómoda y no se veían aparatos médicos de ningún tipo. Por la ventana se veía un paisaje verde y soleado.
-Que extraño, cualquiera diría que estoy en la campiña inglesa en un buen día. Remy vio que estaba vestido no con su ropa sino con un pijama de seda azul.
-Si esto es un hospital debe de ser uno de los caros. Me pregunto...
Sin embargo a Remy no le dio tiempo a preguntarse nada porque la puerta se abrió y apareció ante el un hombrecillo vestido con levita, corbata, y un bombín ingles, y llevando en la mano un paraguas. Parecía un hombre mayor con el pelo cano y un bigote típico de un lord ingles. Se acercó, y se quitó el sombrero.
-Buenos días, el señor Lebeau supongo.
Remy sopesó la situación, no parecía un tipo peligroso, pero estaba acostumbrado a desconfiar de la gente. Se fijó en la puerta y en la ventana intentando imaginar una ruta de escape. Si querían retenerle, tendrían guardias apostados y por lo que se veía por la ventana parecía que estaban en un lugar elevado. De momento el tipo no había hecho ningún gesto amenazante así que por el momento él tampoco haría nada amenazante.
-Supone bien, mon ami.
-Encantado de conocerle - dijo el tipo inclinando la cabeza - permítame que me presente, soy el señor Cringebottom, al servicio de su majestad omniversal Roma y he sido asignado para encargarme de su caso.
Remy estaba cada vez más confuso, que lugar era aquel y porque estaba allí. Se pregunto si La Patrulla vendría a rescatarle.
-¿Estoy en la cárcel? El señor Cringebottom se echo a reír
-Oh no señor Lebeau, por supuesto que no. Permítame que le explique, comprendo que esto debe resultarle confuso. Verá, se encuentra usted en el Otro Mundo. Desde aquí se regulan todas las dimensiones alternativas de la Tierra. Las diferentes posibilidades que podrían haber resultado de ser las cosas un poco distintas. Sobre todas las realidades gobierna Roma, encargada de velar por el continuo espacio - tiempo. Sin duda, si conoce usted a algún miembro del grupo Excalibur habrá oído hablar de este lugar.
Remy hizo memoria y recordó haber oído hablar a Kurt y a Kitty de un viaje interminable por dimensiones alternativas y del Capitán Britania y su relación con Roma y una tal Saturnina.
-Algo he oído hablar si - reconoció Remy. - ˇMagnífico!. Exclamó Cringebottom - pues verá, he sido asignado para ocuparme de su caso debido a mis antecedentes con dicho grupo y con Lady Fénix. Nos enfrentamos a un caso un tanto particular, pero estoy seguro de que se resolverá a gusto de todos.
Remy estaba al borde de un ataque de nervios, ¿de qué caso le hablaba? Y ¿por qué estaba allí?
-Oiga....
-Pero que descuidado soy - exclamó de repente el señor Cringebottom- ¿dónde estarán mis modales?. Antes de nada permítame ofrecerle nuestra hospitalidad durante su estancia aquí. Estamos a su entera disposición. Estoy seguro de que antes de discutir cualquier cosa le hará falta un baño y un buen desayuno. En este armario están sus ropas y allí el baño. Mandaré que le busquen dentro de una hora para desayunar en el salón y discutir todo esto como personas civilizadas. Después de todo un hombre no puede enfrentarse a su destino con el estomago vacío y en pijama. Eso seria de una grosería imperdonable. Y saludando a Remy con el bombín salió por la puerta cerrándola con suavidad.
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