LA VANIDAD DEL ARTISTA
Por DDT
(NOTA: Esta historia tiene lugar antes de los acontecimientos narrados en Xtreme X-Men nº 1)
Soy el mejor en lo que hago. ¿Lo he dicho alguna vez ya? Quizás me repito un poco, pero sí, soy el mejor en lo que hago. Es posible que estas misma palabras las hayas oído antes en boca de otro. Un tipo bajito y malcarado. Un viejo “amigo” mío. Él suele decirlas con ese tono grave y pomposo que le caracteriza, en plan “soy un tipo torturado enfrentado a todo el mundo”. Casi se diría que realmente se cree lo que dice, el muy cabrón. Pero yo sí lo digo en serio: soy el mejor en lo que hago. Y lo que hago es matar. No, no te asustes. Verás, soy bueno matando, muy bueno. Soy un verdadero artista. Y puedes estar seguro de que voy a hacer de ti un bonito cadáver, una puta obra maestra.
Mi “amigo”, el tipo malcarado del que te hablaba antes, no lo hace del todo mal, tengo que admitirlo. El suyo es un trabajo rápido, ejecutado con precisión, pero sin ningún atisbo de gracia o de ingenio. Es tan obvio que acaba resultando vulgar, tosco, casi infantil. Se necesita cierto olfato, cierto gusto por lo artístico, para hacer las cosas bien hechas. Y yo tengo un sentido especial para este tipo de cosas. A mí me gusta recrearme, tomármelo con calma, perderme en los detalles. Disfruto con el proceso creativo. Matar a alguien no es tan distinto de pintar un cuadro. Hay que tener paciencia, cuidar de los detalles, vigilar la composición, decidir el encuadre, buscar la luz adecuada... Demasiada sangre queda vulgar y demasiada poca resulta insulso. Yo me preocupo por esas cosas porque soy un artista. Un artista de veras cojonudo. ¿Hablo demasiado quizás? Es lo que tenemos los malos tipos como yo: no podemos evitar dejarnos llevar por un cierto sentido de la teatralidad, ¿sabes? Mucho me temo que la mayoría de nosotros pecamos en cierto modo de vanidosos, pero nos podemos permitir el lujo de serlo. No los tipos raros como el Sapo o
Verás, un día estaba ojeando libros en una librería del centro de Manhattan. Bueno, en verdad tengo que confesarte que estaba buscando números atrasados de Hustler, pero casi por casualidad vi un librito de este tipo, el tal Bacon, y me sobrecogió. Me llamó la atención la portada, donde se veía un retrato de esos que pinta que parece como si fuesen las tripas de un cerdo abierto en canal. De hecho eso fue lo que pensé que era al principio, por eso lo cogí y me puse a ojearlo. Odio admitirlo pero este tío me emocionó de verdad. Cuando vi sus pinturas pensé de inmediato “este tipo me entiende”. Nunca antes me había interesado demasiado por el arte, pero viendo su trabajo me di cuenta de que lo que yo hacía también era una forma de arte. Había algo en aquellos cuadros, en los colores, en la composición, en los trazos toscos pero llenos de fuerza, que en cierto modo conectaba con una parte muy profunda de mi mismo. Me recordaban a una vieja carnicería del barrio donde vivía antes, con todos esos bichos abiertos en canal, colgando del techo, rezumando sangre e inmundicia. Casi podía olerlo: el olor a carne desparramada por un suelo húmedo y sucio, el olor a sangre fresca brotando caliente de una vena recién abierta. No sé si sabes a qué me refiero. No, no es como el olor del pollo o del cerdo. La sangre humana huele distinto, es ligeramente más dulce, sutilmente más intensa, con un sabor acre al principio pero que permanece en el paladar mucho rato y tiene matices más complejos. Como un vino añejo. No, no hagas esa cara. A pesar de mi aspecto de tipo rudo sé bastante de vinos, aprendí algo en mi juventud. Mi “amigo”, el malcarado, prefiere la cerveza, pero como te decía antes es un tipo sin gusto y sin sensibilidad. Hay momentos donde la cerveza está fuera de lugar y si quieres disfrutar de verdad de ese instante tienes que regarte el gaznate con un buen vino. Como cuando acabas una obra y te pones a contemplar el resultado con la debida perspectiva. Pero estoy divagando, ¿no? Te estaba hablando del tal Bacon. Creo que el tipo era maricón, pero no me importa ¿sabes? No pienses mal de mí, no me gustan los maricas. Pero un tipo capaz de pintar así, alguien con esa sensibilidad merece todo mi respecto y admiración.
¿Te estoy aburriendo? Lo siento, si me pongo a hablar de arte comienzo a desvariar. Es la vanidad del artista supongo. Tendrás que admitir que somos tipos especiales, únicos. No hay muchos como yo andando por ahí fuera. ¡Oh, sí! Hay muchos asesinos a sueldo, mercenarios sin escrúpulos, tipos realmente malos que cobran una pasta gansa por cargarse a cualquier tipo. Y admito que el nuestro es un gremio bien remunerado, pero no te confundas conmigo. Esos otros tipos no son artistas, no ponen el corazón en lo que hacen, trabajan únicamente por la pasta. Vale, no niego que yo tampoco trabajo por amor al arte... al menos, no del todo. De algo tengo que vivir ¿no crees? No soy un tipo de gustos caros, pero también los malos tenemos que pagar el alquiler y la compra de la semana y la compañía femenina del sábado por la noche. Quizás podría obtener todo eso de una forma más... digamos: expeditiva. ¿Pero qué gracia habría en todo ello? ¿Dónde está la belleza? Yo soy un artista, incomprendido quizás, pero artista. Y como tal tengo muchos enemigos ahí fuera, gente que es incapaz de apreciar la sensibilidad y la trascendencia de mi trabajo. Gente que haría todo lo posible por apartarme de él y encerrarme en una jaula. Ir dejando un reguero de cadáveres por ahí no conseguiría más que llamar la atención y además resultaría demasiado vulgar. De joven no era así, era más impulsivo, más irreflexivo. Mataba indiscriminadamente, por puro placer físico. Pero ahora es distinto. Será que me hago viejo, pero ahora prefiero tomarme las cosas con calma, disfrutar del proceso creativo. De joven me estimulaba más la cantidad pero ahora prefiero la calidad. Ejecutar un asesinato es algo que requiere paciencia y sensibilidad si quieres hacerlo con estilo. Cualquier idiota con medio cerebro puede matar, pero hacerlo artísticamente es algo que sólo podemos hacer algunos especialmente dotados y yo, como ya te he dicho, soy el mejor en lo que hago.
El tipo se echa a llorar como una niñita. Creí que los federales serían tipos más duros, pero éste está cagado de miedo. Literalmente. Siento el fuerte olor de su orina y de su sudor inundando mis fosas nasales. Desventajas de tener un olfato desarrollado: el olor a mierda es más intenso. Con este tipo ni siquiera me tomé las molestias de pillarlo por sorpresa. Un metro noventa y casi cien quilos de peso perfectamente entrenados para pelear y tumbar chicos malos como yo. Un tipo duro sin duda, que sería capaz de aplastarte sólo con mirarte. A cualquier otro, claro. No a mí.
Me reconoció enseguida. Un tipo como yo no pasa desapercibido: alto, rubio, cachas, garras afiladas y sonrisa seductora. Al principio jugué un poco con él, sólo para tomarle la medida. Dejé que me tumbase un par de veces, y seguro que en algún momento se le pasó por su inocente cabecita la idea de que podía vencerme. “!Ey tíos, me he cargado a Dientes de Sable!” Pero el pinchoncito no tuvo en cuenta que él es sólo un pobre ratoncito y yo soy un gato muy grande y con muy malas pulgas. Un rugido, un par de movimientos rápidos, y aquí le tienes: arrodillado frente a mí, llorando como una nenaza y cubierto de mierda hasta las orejas.
-¿Me estás escuchando o vas a hacerme sentir como un idiota hablando a las paredes? – Sabe que no le conviene hacerme enfadar pero el tipo no para de sollozar y es incapaz de pronunciar palabra alguna. Y eso que no le he arrancado la lengua.
– Verás, voy a hacer un repaso en voz alta, solo para asegurarme de que no me olvido de nada. Alguien le dio el chivatazo a Falcone de que los federales habían pillado a uno de sus esbirros, uno particularmente torpe, y que al susodicho le habían prometido inmunidad a cambio de conseguirles información comprometedora que podría llevar a Falcone a pasar unas largas vacaciones entre rejas, cosa que no le gustó mucho. Así que alguien del círculo de Falcone que conoce mi reputación se pone en contacto conmigo y me ofrece una nada despreciable suma de dinero por dar con el chivato y enviarlo al infierno. Como te he dicho antes disfruto con mi trabajo, soy capaz de hacerlo completamente gratis si el proyecto me resulta lo suficientemente atractivo. Pero de algo tengo que comer y a nadie le amarga un dulce. Tenías que haber visto la cara del tipo que me trajo el maletín con la primera entrega de la pasta. Tenía aún más miedo que tú y le castañeteaban los dientes de una forma muy divertida. El tipo no me quitó el ojo de encima ni un instante, ni cuando abrí el maletín delante suyo con toda aquella enorme cantidad de dinero a la vista. Seguro que pensó que me lo iba a comer vivo o algo así. Es obvio que acepté el trato: una primera entrega antes sólo para despertar mi interés y el resto cuando hubiese acabado el trabajito. Pensé que me costaría un poco más dar con el rastro del tipejo en cuestión pero no fue muy difícil dar contigo, el agente del F.B.I. encargado de supervisar la vigilancia del chivato. Sé que sois tipos concienzudos y no dudo que le habéis escondido muy bien. Pero Falcone se está impacientando y como el cliente siempre tiene la razón he pensado que la forma más rápida y fácil de encontrarle y satisfacer así los deseos de mi cliente, era que tú mismo me dijeses dónde lo habéis escondido. ¿Qué te parece mi plan?
El tipo solloza cada vez más fuerte. Las lágrimas manchan el cuello de su camisa y a mí me está haciendo perder la paciencia. Es culpa mía. Hablo demasiado. Me pongo a hablar y hablar y luego estos tipos no me toman en serio.
-Verás, me he propuesto hacer de ti mi nueva obra de arte. Pero puedo hacerlo de dos formas: puedo hacerlo rápido e indoloro o lento. Muy lento. Dolorosamente lento. Te confieso que a mí personalmente me gusta más la segunda opción. ¿Has visto alguna vez a un pintor o a un escultor trabajando en su obra? ¿Has visto la paciencia y el mimo que ponen en la ejecución de la misma, trabajando sin prisas? Pues a mí me pasa lo mismo, disfruto tanto que me gusta recrearme en los pequeños detalles. Entiendo que tú lo veas distinto y que no compartas mi punto de vista. No puedo culparte: no tienes ni puta idea sobre arte. Sólo por eso merecerías que te demostrase cómo se hace una obra de arte, una verdaderamente buena, de esas que te sobrecogen el corazón cuando la admiras. El proceso creativo para un artista de mi talento es algo particularmente doloroso, muy doloroso, y me gustaría de veras que compartieras ese dolor conmigo. Pero para que veas que yo también puedo ser un buen tipo estoy dispuesto a perdonarte esa pequeña falta de sensibilidad, no voy a engañarte; voy a matarte. Pero puedo hacerlo tan suave y tan rápido que ni te darás cuenta. Ahora estás aquí y un instante después estarás con los angelitos del cielo cantando canciones hippies y tocando el arpa. Puedo darte una muerte dulce, pero quiero algo a cambio: información. Dime dónde tenéis escondido el chivato y te prometo que ni siquiera te darás cuenta de que has abandonado este jodido mundo.
En el fondo es un tipo listo. Se da cuenta de que ya está muerto, de que es sólo un cadáver ambulante, arrodillado en el suelo de una habitación, llorando como una nena y sin apenas poder articular palabra alguna. Le regalo mi mejor sonrisa, finjo una mueca de compresión y el tipo, entre sollozos cada vez más intensos, termina por quebrarse del todo y me da la dirección que quiero. Se lleva las manos al pecho, la cara manchada por las lágrimas, la camisa empapada en sudor, todo él oliendo a orina y mierda. Le sigo sonriendo mientras me acerco a él y le regalo una caricia en el rostro húmedo. Me pregunto qué pensará del tacto áspero y rudo de mis manazas, qué pasará en estos instantes por su cabecita.
Mi movimiento es tan rápido que apenas lo ve. Al principio no se da cuenta de lo que le hecho, pero de pronto, sin previo aviso, siente un dolor intenso y lacerante en el vientre, como la mordedura de un látigo pero mucho más intenso. Sus tripas se desparraman por el suelo con un sonido viscoso y sucio. Él intenta recogerlas con las manos y devolverlas a su sitio. Está tan asustado y tan sorprendido que ni siquiera puede gritar. Empieza a temblar cada vez más convulsivamente y seguro que empieza a sentir un ligero mareo que, a pesar de todo, no puede ocultar el agudo dolor en su estómago. Doy un par de pasos hacia atrás para contemplar mi obra con la debida perspectiva. Estoy seguro de que incluso él es capaz de percibir la belleza del momento mientras un charco de sangre de un rojo intenso y brillante va extendiéndose a su alrededor, abriéndose como una bonita flor. Tardará siglos en morir desangrado, o al menos así se lo parecerá. Verá como los minutos se alargan y se hacen eternos y en todo ese instante tendrá ocasión de saborear la belleza de mi obra y captar la ironía implícita en la escena. Después de todo le he dado la oportunidad de compartir el dolor de un artista torturado. Seguro que apreciará mi gesto. ¿O acaso el muy estúpido pensó por un instante que se puede confiar en la palabra de un asesino?
*****
Han pasado tres días. Los federales han tenido la precaución de llevarse al chivato a otra ciudad y ocultarlo en un piso franco en las afueras de Chicago, en una bonita y tranquila zona residencial. Yo me lo he tomado con calma, sin muchas prisas, cosa que no ha gustado demasiado a Falcone. Me llamó en persona la noche pasada, furioso, diciéndome que me pagaba una pasta increíble para que yo le ofreciese resultados y que según sus noticias el corazón del chivato todavía estaba latiendo en su sitio habitual. Le rugí por teléfono y el tipo se calmó del todo y se puso a ronronear como un gatito mimoso. Conoce mi reputación y sabe que no le conviene hacerme enfadar. Por muy capo mafioso que sea, por muy numeroso que sea su ejército de lacayos y matones, sabe que no es fácil esconderse de mí. Pero también es cierto que el tipo me paga una cantidad considerable de dinero y que si quiero mantener mi reputación debo ser escrupuloso con el cumplimiento del contrato. Hacía tiempo que no aceptaba un encargo por dinero. He dado muchas vueltas en mi vida: he sido asesino, soldado, mercenario, terrorista... He trabajado en el bando de los buenos y en el de los malos. En el fondo he hecho siempre lo que me ha dado la gana, pero siempre he aceptado sólo aquellos trabajos que me gustaban, aquellos que me permitían expresarme como lo que de verdad soy: un artista. Bueno, también está todo aquel embrollo de Factor-X, pero eso no cuenta. El asunto de los Merodeadores fue quizás el trabajo más divertido que he hecho nunca. Siniestro era un tipo raro aunque sabía hacer las cosas bien, a lo grande, sin andarse con chiquitas. Lástima que le perdía su ego; siempre se consideró demasiado importante. ¡Ah, los buenos viejos tiempos! Ahora las cosas son distintas, todo está demasiado embrollado, el mundo se ha vuelto demasiado complicado para un tipo de gustos sencillos como yo. Me hago viejo, me conformo con encargos como los de Falcone, trabajos fáciles y bien pagados que me permiten pagar el alquiler modesto de un agujero infecto y oscuro en pleno Village de Manhattan. ¿Dónde sino iba a vivir alguien de mi talento? En pleno barrio de los artistas.
Y aquí me tienes una vez más, haciendo mi trabajo. Hace poco más de media hora que llegué a la casa donde los federales custodian al chivato. Llevo un rato vigilando la casa desde una distancia prudencial. Los sonidos y olores que me llegan me revelan que hay sólo tres tipos dentro. Uno de ellos es una mujer. Otro debe ser el chivato. No me gusta. Demasiado tranquilo, demasiada poca vigilancia para proteger a un testigo que podría hundir a uno de los capos más poderosos y buscados de Nueva York. Huelo a trampa.
Me he propuesto ser cauteloso. Mi intuición me dice que hay algo que no funciona, así que pongo alerta todos mis sentidos. Si es una trampa no me cogerán desprevenido. Así que me acerco sigilosamente por la puerta de atrás. Está cerrada con llave pero me basta un simple giro de muñeca para romper la cerradura e introducirme silenciosamente en el interior de la casa. Tengo ante mí un largo pasillo a oscuras que distribuye habitaciones a cada lado. Me concentro y enfoco mis sentidos para tratar de reconocer el terreno de juego, pero antes de que pueda comenzar a olfatear todo el apartamento una mujer sale de una de las habitaciones, leyendo algo en sus manos distraídamente, un papel o una carta. El pasillo está a oscuras y ella no me ha visto. Yo permanezco agazapado, muy quieto, para no llamar su atención. Se gira distraídamente dándome la espalda y comienza a andar lentamente por el pasillo, en dirección a la habitación que hay al fondo, contoneando sus caderas como una furcia barata. He de reconocer que, por lo que puedo intuir desde mi posición, está muy buena. Yo voy acercándome a ella por la espalda, lenta y sigilosamente. Su perfume barato inunda por completo mi nariz, un perfume de esos demasiado fuertes, intensos, y en demasiada cantidad, como si se hubiese bañado en él. Casi hace que me escuezan las narices. Me paro un momento a observarla. Lleva el cabello recogido y viste una bata que parece seda de un color oscuro. La bata se ciñe a su cuerpo resaltando una figura esbelta, ligeramente musculada. Hay una cierta tensión alerta en su cuerpo fibrado y evidentemente entrenado para la lucha. Deduzco que es una federal. Me acerco un poco más y me yergo para poder alcanzar mejor su cuello desde atrás. El intenso olor de su perfume me golpea de nuevo con fuerza, y de repente me doy cuenta: el perfume oculta otro olor, un olor vagamente conocido, pero antes de que pueda recordar a quién pertenece algo me golpea con fuerza en el estómago.
Todo lo que viene a continuación sucede demasiado deprisa, yo extiendo mi brazo lentamente por encima de su hombro derecho para poder rebanarle el cuello, ella se agacha ligeramente y extiende su pierna izquierda golpeándome con fuerza la base del vientre. Toda ella es un borrón oscuro en movimiento, rápida y letal como una cobra. Evidentemente ha recibido algún tipo de entrenamiento ninja. Caigo hacia atrás golpeando el suelo con dureza, medio aturdido por el golpe inesperado. Es buena. Pero va a necesitar algo más para vencerme. Ella se acerca a mí. No demasiado. Es lista: se mantiene fuera del alcance de mis garras. Extiende un brazo para encender la luz del pasillo y de pronto ya no necesito hacer memoria para saber dónde antes había olido su olor. Su largo y sedoso cabello violeta que ella libra de sus ataduras con un movimiento grácil de su mano izquierda, sus rasgados ojos oscuros, su tez pálida y esa mueca de desdén permanente en sus labios. Mariposa Mental: la perfecta señorita repipi inglesa reconvertida a ninja en horas bajas. ¡Je! Casi me muero de risa. No sé cómo descubrieron tan rápido que iba detrás del chivato, no sé quién tuvo la feliz idea de pedir a los putos X-Men que protegieran al testigo. Pero si hay alguno de esos malditos mutantes a quién nunca hubiesen debido enviar, ésa era Mariposa.
- Hola preciosa. Hacía tiempo que no te veía... viva. Quizás tengas ganas de volver a bailar de nuevo conmigo. Aún no he olvidado el sabor de tu sangre.
La zorra ni se inmuta. Permanece ahí, de pie, aparentemente relajada. Puedo notar como todos sus músculos están en tensión, todos sus sentidos alerta. Espera que yo haga el primer movimiento para contraatacar. La tipa es dura. Ya lo pensé la primera vez que me enfrenté a ella, cuando no era más que una remilgada niña pija de clase alta. Y también lo pensé la segunda vez que bailamos juntos. Esa vez la maté. Estaba muerta cuando la dejé allí tirada desangrándose lentamente, aunque ella aún no se daba cuenta de ello. No había posibilidad alguna de que sobreviviese. Pero estos putos X-Men no saben morir con dignidad. Tendrían que aprender de los Morlocks, que cuando la palman lo hacen con estilo: se quedan bien quietos, sin molestar ni abrir la boca, muertecitos para siempre. Pero no, ellos siempre tienen que volver para fastidiar al personal. Qué devaluado está el oficio de villano si tenemos que soportar estas indignidades. Y que creídos tienen que ser algunos de estos puñeteros supertipos para volver una y otra vez de la tumba, como si no hubiese ya suficiente escoria en el mundo dispuesta a aguar los planes de un honrado asesino a sueldo.
Vuelvo a divagar y eso es algo que no puedo permitirme. Ya vencí una vez a esta guarra y volveré a hacerlo, pero no va a ponérmelo fácil. Nos conocemos demasiado, hemos bailado juntos muchas veces y sabemos cada uno cuáles son las debilidades del otro. No volverá a confiar otra vez en sus poderes psíquicos. Sabe que desde que mi buen “amigo” Logan hundió una de sus bonitas garras de adamantium en mi cráneo, mi coco no ha vuelto a ser el mismo. Es divertido que tenga que darle las gracias a ese enano bastardo por haber hecho mi mente menos vulnerable a un ataque psíquico. Cuando volvamos a vernos quizás tenga ocasión de agradecérselo... arrancándole el corazón. Nada me daría más placer en esta vida que beberme la sangre de ese puto cabrón canadiense y partirle cada uno de sus miserables huesos, arrancarle la piel a tiras y enviársela por correo a sus amiguitos de esa escuela de tarados mutantes, en un bonito paquete atado con un lazo amarillo. ¡Je! Sería de veras muy divertido. Solo de imaginarme la cara que pondrían todos esos gilipollas me dan ganas de ponerlo en práctica. Pero antes tendré que encargarme de esta bruja teñida.
Salto sobre ella con un rugido que haría cagarse en los pantalones al mismísimo King Kong, pero la zorra ni se inmuta. Me esquiva con una finta rápida y aprovecha para darme un golpe en las costillas. Ignoró el dolor y giro en el aire para caer sobre mis propios pies. No pierdo el tiempo, me impulso de nuevo con todas mis fuerzas y esta vez logro cogerla desprevenida. Araño su espalda y me llevo de recuerdo un jirón de piel. La zorrita no logra reprimir un gemido de dolor pero la tipa es dura. Gira sobre sus pies y se sitúa en posición de ataque dispuesta a plantarme cara. Le concedo que tiene valor. Cualquiera capaz de plantarme cara y mirarme directamente a los ojos como lo hace ella merece todo mi respeto. Pero eso no la salvará. Voy a abrirla en canal y a desparramar todas sus tripas por el suelo para que ella pueda verlas. Luego le arrancaré los tendones de los brazos y la colgaré por ellos en un árbol para que se vaya secando lentamente al sol. ¿Bonito, no? Ya lo he dicho antes, soy un artista. Y esta tipa se merece una atención especial. Voy a hacer de ella mi mejor obra hasta la fecha, algo memorable, algo de lo que hablen todas las generaciones futuras de bastardos mutantes. Haré que cuando piensen en ella digan “tuvo una muerte hermosa”. Sonrío al pensarlo, imaginando todas las posibles formas de cortarla y trocearla, pensando en la música chillona y estridente que saldrá de su garganta cuando hunda mis garras entre sus costillas.
La sonrisa se me congela en la cara cuando siento un sonido percutante y afilado a mi espalda. No necesito darme la vuelta para saber de dónde proviene y qué significa: reconocería ese sonido en cualquier lugar. He oído mil veces antes ese “snikt” que suena casi como el gatillo de una pistola de juguete, y siempre que lo escucho sé que a continuación va a venir una juerga de las buenas, de esas que te gusta recordar una y otra vez acompañado de viejos amigos y cervezas frías, sentados en la barra de un bar de carretera perdido en mitad del camino a ninguna parte. “¡Ey, Creed! ¿Te acuerdas de aquella vez que le diste una paliza al bueno de Logan y lo dejaste para el arrastre? ¿Recuerdas cómo salió huyendo con el rabo entre las piernas y llorando como un bebé? Tardó semanas en recuperar toda su piel!” ¡Je! He dicho que me gusta el buen vino y es cierto, pero ciertas conversaciones es mejor tenerlas con un botellín de Budweiser bien fría pegada a los labios.
Así que tengo a esta zorra aprendiz de ninja delante de mí y al enano sanguinario a mis espaldas. Va a ser una bonita juerga. La zorra está herida pero se mantiene en pie. Es dura y fuerte, entrenada para aguantar el dolor y hacérmelo aún más difícil. El enano que está a mis espaldas está fresco como una rosa y con ganas de marcha. Yo soy más grande, más fuerte que cualquiera de ellos, pero también soy un blanco más fácil. La ninja es escurridiza como una anguila y muy lista. Sé que no puede leer mis pensamientos fácilmente, el “regalito” de Logan hace que mi mente sea resbaladiza como un pescado fresco. Pero ella también lo sabe y no intentará utilizar esa ventaja. Por el contrario centrará todos sus sentidos en mí, en la pelea. Y esta vez no habrá ninguna niñata tonta que le distraiga y a la que deba proteger. Es fuerte, rápida y tiene muchas ganas de devolverme el golpe, lo que la hace aún más peligrosa. Y por si fuera poco tiene al enano para cubrirle las espaldas. Quizás sea más de lo que puedo morder... ¡Me gusta!
Aguzo mis sentidos al máximo y me vuelvo para saludar a mi viejo colega de aventuras sin dejar de prestar atención a la muñequita que ahora tengo a mis espaldas.
- ¿Qué tal te va, enano? No haces buena cara.
- Mejor que la tuya, Creed.
- Eso va a cambiar dentro de un rato, enano. Espero que tengas mucha pasta en el banco o donde quiera que tú lo guardes, porque la vas a necesitar para que un cirujano reconstruya tu fea jeta después de que yo te haya dado una caricia.
Me río de mi propio chiste, pero el enano no hace ni puto caso. Se queda de pie mirándome desafiante y apestando a cigarro barato, con ese ridículo sombrero de cowboy calado hasta las cejas y con las garras desenfundadas, como si fuese un viejo vaquero en una peli de John Ford. Su cara es una máscara inexpresiva, dura y fría, como tallada en piedra. Pero no me engaña. Hace mucho que nos conocemos. Hemos compartido muchas cervezas juntos, muchas juergas. Unas veces trabajando en el mismo bando, otras enfrentados. Yo no le gusto y él no me gusta a mí, y he olvidado por completo de dónde viene ese odio profundo que nos une. ¡Oh, sí! Estamos más unidos de lo que él quiere reconocer. Y por mucho que le pese sabe que ese lazo no se romperá nunca. No importa las veces que peleemos, no importa que sea yo quién muerda el polvo o sea él, nunca será una victoria definitiva. Nos volveremos a levantar con los huesos rotos y la nariz partida sólo para volver a encontrarnos, una y otra vez, y volver a caer, el uno o el otro. Somos demasiado cabezotas y nuestro odio es demasiado fuerte. He comprendido, quizás demasiado tarde, que no puedo matarlo, del mismo modo que él no puede matarme a mí. Si fuese de otro modo se acabaría la diversión, y si hay algo seguro y cierto en esta puta vida es que los dos sabemos cómo divertirnos. Y cuando más nos divertimos es cuando bailamos juntos. ¡Jodido enano bastardo! Estás aquí. No esperaba menos de ti.
- ¿Vas a aguarme la fiesta, enano? ¿O vas a dejar que haga mi trabajo y me marche tranquilamente?
- Sabes que no puedo, Creed. No vamos a darte al esbirro de Falcone. Los federales le han cogido cariño y nos han pedido que le guardemos el paquete hasta la entrega.
- ¿Por qué hacéis esto, enano? Por la pasta no, seguro. ¿Le debes un favor a alguien? ¿O vas a decirme que lo haces por principios?
- Algunos los tenemos. No vas a llevarte al chivato.
- ¿Y tú y esa zorra de pelo violeta me lo vais a impedir?
- Podemos intentarlo.
- Tendrás que hacer algo más que intentarlo si no queréis que le arranque el corazón a ese chivato.
Soy un artista. ¿Lo he dicho antes, verdad? Sí, soy un artista. Pero además deberían darme el puto Oscar al mejor actor del mundo. Logan y la ninja juntos, peleando en el mismo bando. Por separado no serían ningún problema para mí. Podría vencerlos. Con tiempo quizás, dejando algo de piel por el camino, pero sin duda alguna que podría cargármelos. Pero juntos... Mientras hablo con Logan no dejo de sonreírle mostrándoles todos los dientes de mi bonita sonrisa, aparentando una seguridad aplastante. Pero por dentro no me río, por dentro me estoy preguntando si no habré mordido más de lo que puedo tragar. Los dos son duros y yo no me siento tan seguro como quiero aparentar. Pero aquí me tienes y por mis cojones que no voy a rajarme ahora. Si me tumban te puedo asegurar que voy a llevarme algo de ellos conmigo: un corazón, un pulmón... Lo que sea.
Pongo todos mis sentidos en alerta máxima. Huelo, oigo, siento cada elemento que me rodea. Calculo instintivamente la distancia que me separa de cada uno de ellos y echo un vistazo rápido alrededor de mí para ver qué puedo utilizar como arma. Soy rápido improvisando. Salto en dirección a Logan y con un movimiento rápido alargo un brazo, arranco un cuadro de la pared y lo lanzo contra Mariposa. Estoy seguro que lo atrapará al vuelo pero al menos la distraerá un instante. Es todo cuanto necesito para poder centrarme en el enano. Casi vuelo a través del pasillo mientras extiendo mis garras hacia él. Él se agacha y gira en el aire levantando sus garras metálicas. Es rápido pero no lo suficiente. Yo corto profundo. Él más. ¡Bendito factor de curación! Ya lo noto como comienza a trabajar aún antes de que yo toque el suelo.
Aterrizo con las manos por delante, doy una voltereta y me pongo en pie rápidamente, alcanzando un pesado jarrón metálico a un lado del pasillo y lanzándolo con todas mis fuerzas al enano. Él se protege con los brazos pero el golpe le hace trastabillar y cae al suelo. Mariposa no pierde el tiempo. Salta sobre él apuntándome a la garganta con una katana. ¿De dónde cojones ha sacado la puta espada? Es algo que realmente me fastidia de estos supertipos: siempre parecen tener algún tipo de puñetero bolsillo mágico de donde sacan todo lo que necesitan, siempre en el momento menos oportuno.
Agarro la katana con mis manos antes de que me rebane el cuello y la hago girar con fuerza. La katana está realmente afilada y se hunde en las palmas de mis manos, haciéndome sangrar en abundancia. Pero no me preocupa, no tardarán en curarse. Mi movimiento hace que Mariposa pierda el equilibrio y caiga al suelo. Yo tampoco pierdo el tiempo y me lanzo sobre ella con mis manos aún sangrantes extendidas en dirección a su pecho, pero es demasiado rápida. Hace girar su cuerpo y se sitúa debajo de mí, clavando su rodilla en mi estómago. Dejo de respirar un instante y ella aprovecha mi confusión para clavar la palma de su mano bajo mi barbilla, dejándome ligeramente atontado por un instante. Mariposa se retira rápidamente antes de que yo pueda reaccionar y ya veo como Logan se abalanza sobre mí, con esas bonitas garras suyas apuntando a mis ojos.
¡Mierda! Parece que estos dos tarados lo hubiesen ensayado antes. Están perfectamente compenetrados, es como si bailasen un complicado ballet con muchos años de práctica a sus espaldas. Cada uno cubre las espaldas del otro y cada uno se retira a tiempo para permitir que su compañero ataque. Toma y daca. Golpea con fuerza y echa a correr, sin darme un respiro, manteniendo las fuerzas. Apenas esquivo el golpe de Logan, que me arranca parte de la mejilla derecha. Aprovecho la fuerza de su movimiento y tiro de él, golpeándole la base del estómago y volteándolo sobre mi cabeza para hacerle caer a mis espaldas. Pero antes de que pueda darme la vuelta para rematarlo Mariposa me corta con su espada: un movimiento limpio, no muy profundo, desde mi hombro derecho al costado izquierdo. Habría matado a un hombre normal, pero yo soy más fuerte y más rápido y tengo la piel más dura.
Me he movido hacia atrás a tiempo de que el filo de su espada no profundizase más. Y además tengo un bendito factor mutante de curación que hace que me recupere más rápidamente de las heridas. Algunos de estos tarados mutantes siempre se están quejando de la maldición de ser mutante y chorradas por el estilo. Pero eso es algo que yo nunca entenderé. Yo doy gracias a Dios por ser mutante, soy lo que soy por ser mutante, soy un artista por ser mutante, y doy fe por todos los infiernos que me enorgullezco de ello.
Estos dos héroes de pacotilla no están dispuestos a dejarme que disfrute tranquilamente de los dones que la naturaleza me ha dado. La pelea prosigue sin tregua, con furia, destrozando el mobiliario por el camino. Un corte, un arañazo, una patada, un golpe. Los tres juntos somos como un maldito enjambre de bichos moviéndose a cámara rápida. Ellos golpean fuerte y yo contraataco con más fuerza aún. Ellos cortan profundo y yo lo hago todavía más profundo. La ventaja la llevan ellos. Juntos son una fuerza imparable. Por mucho que golpee ellos me devuelven los golpes con fuerza redoblada. Los lanzo de un lado a otro del apartamento, destrozando puertas y paredes, pero no quieren darse por vencidos. Espero que los chicos del F.B.I. no paguen un alquiler muy caro por este antro, porque cuando acabemos nuestra pequeña juerga van a tener que demoler este sitio para volver a reconstruirlo de nuevo. Así que aquí nos tienes a los tres, cubiertos de sangre y sudor hasta las pestañas, y estoy de veras convencido que este par de advenedizos están disfrutando casi tanto como yo de la juerga. El bueno de Logan es como un pequeño diablo, todo rabia, furia e instinto salvaje. Verlo con la camisa hecha jirones, apenas cubriéndole el torso velludo y lleno de cicatrices, todo él cubierto de sangre de pies a cabeza, es algo que asusta de veras.
Algo me dice que se va a enfadar cuando vea que ha perdido su bonito sombrero de cowboy. Pero Mariposa es otra cosa. Está herida, despeinada, cubierta de sangre, aún así se mantiene fría como un témpano, más hermosa que nunca. Nunca pensé que sobreviviría a nuestro último encuentro, pero la muerte le sienta bien. Sí, ella no se da cuenta pero ya está muerta. ¡Oh, no! No seré yo quién la mate. Al menos no esta noche. Pero está condenada y no lo sabe. Puedo olerlo. Puedo sentir cuando alguien tiene la soga al cuello y esta zorrita tiene la muerte pisándole los talones. Es una lástima que se vaya a perder para siempre esa carita achinada y ese cuerpo de escándalo. Hubiésemos hecho una bonita pareja.
Le sonrió, mostrándole los dientes que aún me quedan (seguro que estoy echo un asco), y le lanzo un beso al aire. Un beso que en parte es un desafío y en parte un insulto. Al principio ninguna expresión se muestra en su rostro. Luego, rápidamente, sin previo aviso, lanza un grito de furia y se lanza contra mí con una velocidad de cobra, con su pierna derecha completamente extendida. Podría esquivarla fácilmente pero dejo que me golpeé el pecho, lanzándome a través de la habitación contra una puerta cerrada. Soy demasiado grande y demasiado pesado y la puerta cede fácilmente ante el peso de mi cuerpo. Caigo de espaldas y con una voltereta rápida vuelvo a ponerme rápidamente en pie, en posición de ataque, intentando ignorar el dolor. Seguro que tengo la marca de la bota de Mariposa grabada en mi pecho.
No estoy solo en la habitación. A mi lado hay un tipo bajito, esmirriado, demasiado asustado para comprender qué está pasando. Le miro, le sonrío y el chivato inmediatamente se da cuenta de que mi sonrisa será lo penúltimo que verá en su vida. Lo último que ve es su corazón, aún palpitante, bailando delante de sus ojos en la palma de mi mano. Mariposa me mira desde el quicio de la puerta y esta vez sí que no puede ocultar una mueca de tristeza y decepción en su rostro. El chivato está muerto, yo me he ganado mi recompensa y los putos X-Men han fracasado en su misión. ¿No resulta divertido? Mariposa entra en la habitación muy lentamente y Logan la sigue. Saben que han sido víctimas de un engaño. Todo el tiempo han creído dirigir la pelea, todo el rato han pensado que me tenían contra las cuerdas, empujándome de un sitio a otro del apartamento, lanzándome contra paredes y puertas cerradas, creyendo que estaba a su merced. Ahora se dan cuenta de que yo me he dejado caer donde he querido. Casi desde el principio me di cuenta de que no podía vencerlos, no a los dos juntos, pero eso no tenía porqué impedirme cumplir con mi encargo. Dejándome golpear y tumbar les he hecho llevarme justo donde yo quería estar: aquí, en la habitación del chivato que mi olfato localizó nada más entré en la casa. Tendrías que ver ahora la expresión de sus rostros: ¡es para morirse de risa!
Se les han quitado las ganas de seguir peleando, y a mí también. Saben que una vez cumplido mi objetivo no tengo por qué permanecer aquí, enzarzado en una pelea que sé que no puedo ganar. Y ellos también saben que si salgo huyendo no van a poder atraparme, no voy a darles facilidades en ese sentido. Relajo mis músculos y adopto una postura más cómoda, permitiendo que mi sistema nervioso se centre por completo en mi factor de curación. Logan y la ninja también se relajan, la pelea está terminada.
- ¡Ey, enano! Ha sido una bonita juerga, pero no puedo quedarme más rato. Me está esperando un bonito maletín repleto de pasta.
- No voy a dejarte marchar, Creed. No voy a dejar que te salgas con la tuya. Voy a ir detrás de ti y no voy a parar hasta encerrarte en una jaula, como el animal que eres.
- Puedes intentarlo, enano. Quizás lo logres... o quizás no. En cuanto a ti Mariposa... No, estoy convencido de que éste ha sido nuestro último baile. Es una lástima: me gusta bailar contigo.
Me retiro lentamente sin darles la espalda (no es cuestión de tentar a la suerte). Salto hacia atrás a través de una ventana, destrozando los cristales, y echo a correr para fundirme por completo en la oscuridad del exterior. El bueno de Logan no se resigna a dejarme marchar y salta detrás de mí rugiendo como un lobo furioso. Mariposa es más lista: se queda quieta, mirando como desaparezco entre las sombras. Mientras corro calle abajo veo su rostro grabado a fuego en mi memoria, con una expresión indescifrable enmarcada en su bonita cara oriental. He tocado nervio ¿verdad, chica? Seguro que no vas a poder dormir esta noche pensando en mis últimas palabras. En cuanto al viejo Logan... Bueno, me perseguirá un rato y terminará por darse cuenta de que soy más listo de lo que él cree y que hace mucho que aprendí a esconder mi rastro de su olfato. Entonces se pondrá como loco, hará algunos pequeños destrozos en el mobiliario urbano e irá a descargar su frustración en cualquier antro de mal muerte, ahogándose en cerveza.
*****
Han pasado dos días y me he recuperado por completo de mis heridas, vagueando y tirado en el roñoso sofá de mi apartamento del Village. Estas últimas noches no he hecho más que pensar en el rostro de Mariposa cuando me despedí de ella. Me pregunto si entendió realmente el significado de mis últimas palabras, pero creo que sí. En ese instante final se dibujó en su rostro una expresión extraña, en parte comprensión y en parte tristeza, y creo que se dio cuanta del mensaje que le estaba haciendo llegar. Sé que algún día alguien hará de ella una bonita obra de arte y que yo no estaré allí para verlo. Y siento de verás envidia de ese tipo. Envidia y rabia, rabia por haberme robado la idea. Pero es lo que tenemos los tipos de mi talento. Siempre habrá mediocres dispuestos a robarnos ideas a los verdaderos artistas.
FIN
Estos personajes pertenecen a Marvel, aunque la historia sea integra de DDT, y en ningún momento ha tenido ánimo de lucro ni aprovecharse de los derechos legales de Marvel. Para utilizar este fanfic fuera de esta web debes pedir permiso a Caldecott Si deseas ponerte en contacto con el autor para decirle lo mucho que te ha gustado puedes hacerlo en la misma dirección. Me encanrgaré de que le llege.