Iniciación
Por Dawn
Capítulo 1
(Rondador)
Voy a morir.
Sé que suena tópico pensarlo con el tipo de vida que llevo, pero en esta ocasión puedo sentirlo en cada uno de mis huesos. Acabo de recuperar el conocimiento, así que respiro todo lo hondo que me permite el dolor en el pecho y me centro. Intento acomodarme en el oscuro rincón donde me encuentro mientras mi mente repasa las posibles heridas sufridas. Me cuesta respirar y sé que debo tener lesiones internas, ya que con cada inspiración noto un dolor agudo en el costado. Es probable que deba añadir alguna costilla rota, así que me palpo con cuidado y localizo al menos dos. Flexiono despacio manos y pies; no parece que haya daños más allá de cierto dolor muscular. Repaso mi cuerpo detenidamente buscando posibles heridas: piernas bien, tronco bien, cola bien, brazos bien, cabeza mal... Tengo lo que parece un pequeño chichón con algo de sangre pegajosa.
Quizás no muera después de todo.
Ahora que parece que no moriré en un futuro más o menos inmediato, intento recordar por qué estaba inconsciente en un lugar a oscuras. Los recuerdos me llegan en oleadas dispersas. Recuerdos de un ataque: Cíclope dándome órdenes de huir y poner a salvo a todos los alumnos posibles, mientras los pesos pesados de la Patrulla son barridos del campo de batalla en que se ha convertido el patio trasero de la escuela. Hank inconsciente junto a la piscina, Emma sobre un charco de sangre a los pies de Scott, Alex y Lorna desaparecidos, Ororo descargando la furia de la naturaleza sobre sus atacantes antes de recibir un impacto y caer pesadamente al suelo. Pícara y Bobby intentan proteger a un inconsciente Jean Paul, cuando sus defensas ceden ante un grupo de seres de aspecto alienígena, es lo último que recuerdo antes de alcanzar a Beth, Kitty y Sofía. También recuerdo un fuerte dolor en la cabeza y en el costado unos segundos antes de la teleportación y después nada.
Hasta ahora.
Me levanto con cuidado y empiezo buscar información de dónde me encuentro. Las paredes son de piedra, frías y ligeramente húmedas al tacto. Intento centrar mi radio de teleportación y finalmente me doy cuenta de la única posibilidad: debo estar en las cuevas naturales que hay en las inmediaciones del lago en el lado opuesto a la escuela. Aunque, sinceramente, no lo tengo muy claro.
Despacio, intentado evitar movimientos que dañen aún más mis costillas, avanzo por las cuevas. Mis ojos se adaptan de inmediato a la oscuridad reinante y rezo que sea la dirección adecuada. Debo encontrar a las chicas. No sé como las he perdido durante la teleportación, pero tengo que encontrarlas y protegerlas. Son mi responsabilidad. Quizás no haya podido salvar a nadie más, pero las salvaré a ellas.
* * *
(Kitty)
Beth no para de llorar. No sé si eso es bueno, quizás necesita dejarlo salir todo. Nunca se me ha dado bien ver a los demás llorar así que aquí estoy, mirándola sin saber que decir o hacer para que se sienta mejor. Siento deseos de zarandearla y gritarle que tenemos que encontrar a Kurt, que es nuestra única posibilidad, que yo no puedo mantenerlas vivas sola, y sin embargo me oigo a mi misma decir las tonterías de siempre:
–Tranquilas –les aseguro mientras me arrodillo junto a ellas–. Todo irá bien, ya lo veréis. Pronto encontraremos a Kurt y todo se arreglará.
–¿Está segura? –pregunta Beth mirándome con sus pupilas amarillas totalmente dilatadas por el miedo. Sofía en cambio me sonríe tímidamente, pese a estar asustada no ha llorado.
– Completamente segura –miento con la mejor de mis sonrisas–. Te asombraría la cantidad de veces que nos pasan estas cosas a los mutantes. No hay semana que los X-Men no nos enfrentemos a algo así y salgamos inmunes.
–¿Estarán todos bien? –pregunta Sofía mientras intenta calmar sus nervios.
–Confiad en mi, ¿Acaso creéis que os mentiría? –Después de esta conversación arderé en el infierno de los mentirosos de por vida.
–Yo confío en usted –asegura Beth mientras poco a poco su llanto se convierte en pucheros–. ¿Qué hacemos ahora?
–Buscar a Kurt, le perdimos durante la teleportación. Espero que él sepa donde estamos.
–Parece un desierto –afirma Sofía, girando en redondo–. Y aquello de allí unas cuevas.
–Empieza a anochecer, hace frío –comenta Beth mientras se frota los brazos con las manos.
Me doy cuenta que ambas llevan apenas una camiseta encima del bañador y van calzadas con simples sandalias. Debían estar en la piscina cuando todo empezó. Yo en cambio llevo ropa de calle: vaqueros, camiseta y deportivas. Estoy mejor preparada pero echo de menos mi uniforme. Al menos toda mi ropa es de moléculas inestables.
–Tienes razón, lo mejor será que vayamos allí a resguardarnos. No sabemos dónde nos encontramos ni el tipo de bichos que nos podrían estar acechando –no me gusta hacer de líder pero soy la única adulta que hay, así que me toca mantenernos vivas hasta que llegue la caballería–. Recordad que tenemos nuestros poderes, así que no estamos indefensas.
–No sé por qué, pero eso no me tranquiliza demasiado –asegura Beth mientras avanzamos hacia el refugio que parecen ofrecer las rocas. Aunque ha dejado de llorar, parece que vaya a empezar de nuevo en cualquier instante.
–Pues yo puedo asegurarte que mis poderes me han salvado la vida muchas veces.
– Beth, recuerda que Ms Pryde ya ha estado en este tipo de situación. Sabe lo que se hace.
– Ya, es sólo que estoy asustada. Esto no es lo que me imaginaba cuando me matriculé en la escuela.
– Ni yo, te lo aseguro. Pero al menos estamos con un profe que sabe lo que hace. –asegura Sofía mientras me mira.
Me doy cuenta que Sofía intenta tranquilizar a Beth, y se le está dando muy bien. Es probable que sea una ayuda mucho mayor de lo que pueda parecer a simple vista.
–Soy una autentica experta. Estáis en las mejores manos, os lo puedo asegurar –bromeo mientras anoto otra mentira más a la larga lista que he soltado en los últimos diez minutos.
–¿Entramos? –pregunta Beth señalando la cueva.
–Sí, pero quedémonos cerca de la salida. No queremos perdernos y tampoco sabemos que hay dentro. Tú vas primero –digo mientras señalo a Beth que me mira asustada, será bueno para ella sentirse útil–. Eres fuerte, ágil y lo más importante, ves en la oscuridad.
Me cuesta todo mi poder de persuasión conseguir que Beth entre en las cuevas, pero finalmente consigo que entren. Beth en primer lugar, yo a su espalda y en último lugar Sofía. En esta posición puedo hacer que entremos las tres en fase si fuese necesario. Avanzamos apenas cuatro o cinco metros cuando hago que paren. Según pasan los minutos hace más frío y aumenta la oscuridad. Las lecciones de Lobi y Ororo aparecen en mi mente en el acto: primero un lugar donde resguardarte, después un fuego para calentarte, más tarde busca agua y comida y finalmente espera a que lleguemos. Lo primero lo tenemos, hacer un fuego sólo es cuestión de paciencia, pero la comida y el agua van a ser otra historia y no sé si podremos esperar a que lleguen. No sé si llegarán.
Hago que se sienten juntas mientras salgo en busca de ramas o algo que se parezca intentando no alejarme de la cueva. Hay pocos árboles y los que encuentro no es que parezcan vegetales, me recuerdan un poco a alguna especie alienígena que he visto en alguno de los planetas que hemos visitado: son como matorrales, morados, con espinas y retorcidos. Tengo suerte y encuentro suficiente para mantenernos calientes en cuanto desaparezca el sol. Más bien los soles, por que hay al menos dos en el horizonte. Espero que no se hayan dado cuenta, ya tienen suficiente con esto. No quiero tener que decirles que “Ya no estamos en Kansas”. Venga Katherine, sonríe mientras entras, que se sientan seguras.
–¡Ya estoy aquí! He encontrado algunas ramas, en cuanto se vaya el sol las encenderemos. Nos mantendrá calentitas y si hay algún animal en las cuevas lo mantendrá alejado –aseguro sonriendo–. Lección número uno “made in Lobezno” de supervivencia cavernícola.
He conseguido arrancarles una sonrisa y se empiezan a relajar. Pronto estamos las tres sentadas alrededor del fuego charlando como si estuviésemos en un campamento de verano. Intento que no piensen mucho en la situación y me pongo a parlotear sobre tonterías diversas: chicos, pelis, televisión, cualquier cosa que no esté relacionada con la escuela. Por desgracia nunca he sido una adolescente normal y me cuesta ser capaz de mantenerlas interesadas.
–Ms Pryde… – Empieza Sofía.
–Llámame Gatasombra, –la interrumpo –no sabemos donde estamos y creo que será mejor que usemos los apodos. Nunca se sabe. Además, va siendo hora de que dejéis de ser tan formales.
–Está bien –asegura con una sonrisa. Reconozco que tiene valor, al menos mucho más que Beth, que parece dispuesta a derrumbarse en cualquier momento. No entiendo como podía tomarme yo las cosas tan bien a su edad.
–Yo no tengo apodo –interrumpe Beth mirándome con sus grandes ojos amarillos. La observo unos segundos antes de tener una inspiración.
–Entonces es hora de adjudicarte uno.
–¿Voy a tener uno? –pega un salto y empieza a caminar muy deprisa–. Debe de ser algo relacionado con mis poderes, que nadie en la escuela tenga ya, que sea bonito, que…
–Tranquila –la interrumpo mientras no puedo evitar reírme de lo hiperactiva que resulta con catorce años, pero lo más importante es que le ayuda a olvidar el miedo–. ¿Qué te parece Cheetara?
–¡Mola! –asegura Sofía.
–Suena bien. ¿Qué significa?
–Es un personaje de “Thundercats”, una serie de dibujos que veía con Rondador cuando era pequeña. Físicamente te pareces un poco: con la piel clara, el pelo aleonado y los ojos amarillos. Además eran personajes con aspecto y habilidades felinas.
– Cheetara. ¡Me gusta!
Es asombroso como somos capaces de adaptarnos. Aquí estamos, en un planeta desconocido, apenas unas horas después de ver como la escuela era barrida por unos seres alienígenas, discutiendo un nombre en clave. Logan estaría orgulloso de nosotras. “Logan estará orgulloso de nosotras”, me obligo a rectificar.
* * *
(Rondador)
Avanzo pegado a las paredes, casi más por costumbre que otra cosa. Mis ojos ven en la oscuridad permitiéndome distinguir algunas cosas que me preocupan. La primera y más importante es que las paredes no son del mismo material que las cuevas junto al lago. La segunda que estas cuevas son enormes. La tercera que estoy dispuesto a jurar que, como diría Kitty, “No estamos en Kansas”. A menos que hallamos desarrollado la nueva moda de decorar las paredes con símbolos alienígenas y cráneos clavado en picas. No sé por qué pero esto me empieza a oler muy, pero que muy mal.
Tras avanzar durante varios minutos que se me hacen eternos distingo un fuego a lo lejos y la familiar voz de Kitty. Nunca me había alegrado tanto de oírla.
–Gutten Tag, Fräulein –saludo intentando sonar casual–. Parece que os estáis poniendo cómodas.
–¡Kurt! –grita Kitty saltándome encima y golpeando mis ya de por si doloridas costillas.
–Si llego a saber que te hace tanta ilusión encontrarme me perdería más a menudo.
–Idiota...
Creo que es la primera vez que veo a Kitty tan feliz por verme, casi añadiría que está aliviada. Observo que Sofía y Beth tienen buen aspecto y también parecen más relajadas. Me siento junto al fuego que han encendido y nos ponemos al día. Ellas aparecieron en mitad de desierto y yo en el interior de las cuevas. Al parecer las “perdí” durante la teleportación. Está claro que cuando las cosas se ponen feas, tienden a empeorar, ya que no parece que nos encontremos en la Tierra. No sabiendo dónde estamos las cosas se complican, ya que además de buscar a los demás tenemos que averiguar la forma de volver a nuestro mundo, pero primero necesitamos buscar un lugar más seguro.
–Mr. Wagner, ¿En qué piensa? –pregunta Beth, mirándome con el miedo aún reflejado en su rostro.
–Intento pensar en un lugar en el que estéis a salvo mientras hago un reconocimiento de la zona.
–De eso nada –asegura Sofía pegando un salto –Hay que ir a rescatar a los demás. Estoy segura de que necesitan ayuda.
–Ese será mi trabajo, Kitty cuidará de vosotras.
–Ni se te ocurra pensar que te vas a separar de nosotras. Además, no estás en condiciones de pelear, necesitas ayuda. Y no creo que sea fácil encontrar un lugar donde dejarlas y que estén a salvo.
El pragmatismo de Kitty agota las pocas reservas de energía que me quedan. Tenemos que averiguar que ha sido de los demás, quienes eran los seres que nos han atacado y cómo demonios se han saltado los sistemas de defensa de la escuela. Todo esto sin olvidarnos de descubrir donde nos encontramos...
Tras pensarlo un par de minutos tengo que admitir que lo mejor es que permanezcamos los cuatro juntos. Siguen siendo tres mutantes con buenos recursos y eso siempre es una ventaja, sin olvidarme de lo útil que es la experiencia de Kitty. Scott me matará cuando descubra que voy a llevar a una situación potencialmente peligrosa a dos estudiantes sin apenas adiestramiento contra un enemigo desconocido que nos supera en número ampliamente.
Al menos la mitad de la bronca se la llevará Kitty...
Todos los personajes pertenecen a Marvel, pero la historia me pertenece a mi. Para cualquier utilización fuera de mi web, deberás pedirme permiso. Agradecería cualquier comentario que quisieseis hacer, podéis poneros en contacto conmigo en la dirección de correo Dawn