El palacio de la mente

Por Alejandro

La oscuridad es abrumadora, te envuelve en su grueso manto, te atrapa, no puedes moverte, estás débil. La estrecha habitación es tan antigua como moderna, rodeada de vida , vida que fluirá hasta mí para hacerme fuerte. En el centro del gran complejo se encuentra mi lugar de descanso, mis apretados aposentos... mi sarcófago. En su interior me encuentro descansando, algo que últimamente hago más tiempo del que desearía. Mi cuerpo es inmortal, si, pero cuando es dañado necesito de tiempo para poder recuperarme, tiempo y la energía vital que fluye por estos conductos que apenas comprendo. Me han llamado de muchas formas. Algunos me han adorado como a un dios, muchos me han temido y odiado. Pero solo muy pocos han visto a En Sabah Nur como la persona que... fue. Cuando estoy sumido en mi sueño de recuperación no puedo hacer otra cosa que pensar, y pienso en lo que fui, lo que soy y lo que pude ser.

A lo largo de mi larga vida, al igual que mi cuerpo, mi mente ha evolucionado, he ido depurando mis ideas y creencias. No puedo estar equivocado, es imposible, mi longevidad me avala.

Aún me quedan meses para salir de mi encierro. Debo abrir mi mente, dejar que se expanda, que pase el tiempo. Para ello empleo técnicas de meditación más antiguas que el tiempo, me adentro en el complejo entramado de mi mente, lenta pero firmemente. Me encuentro con unas puertas gigantescas sujetas por sí solas, que son el equivalente de mis defensas psíquicas que  pocas personas podrían atravesar. Paso a través de ellas para aparecer en un enorme palacio, el palacio de mi mente. En la entrada se extiende un grandioso salón con una única mesa redonda en su centro. Camino hasta ella y recojo la copa que hay sobre su superficie, está llena de un líquido de color rojo brillante, es sangre; representa todo el derramamiento que se ha producido por mi causa. ¿Cuántos han muerto desde que yo vi la luz y sentí el calor del sol? ¿Cuántos amigos han quedado atrás? No importa, ya no importa.

Dejo la copa en su lugar para adentrarme más aún en los entresijos de una mente inmortal. Conforme voy caminando llego a un pasillo acariciado de suaves cristales en lugar de las acostumbradas y opacas paredes. A través de estos cristales se ven sendos paisajes; a la izquierda me encuentro con un paraje desolador, es un desierto completamente despojado de vida en el que hasta el más resistente de los seres perecería al poco tiempo de arrojar su mísero aliento sobre tal lugar. Al girarme hacia mi diestra me sorprendo al ver un escenario en el que el más mínimo mal no tiene cabida, es una estepa por la que pisa tranquilamente la vida. No es un lugar que me sea de agrado y no se por qué se encuentra aquí. Más adelante deberé de detenerme y examinarlo. Al concluir el largo e inesperado pasillo llego hasta una inmensa biblioteca. Este lugar de mi mente es el que es más asiduamente visitado, aunque hay un cierto rincón con determinados libros al cual guardo una extraña reticencia de visitar. Todos los hechos que han ocurrido, todo lo que he podido presenciar, todos mis actos, todo el dolor, la rabia y el odio, están aquí recogidos. Un simple mortal necesitaría toda una vida de lectura sin descanso para poder comprender una ínfima parte de lo que aquí descansa. De repente noto algo extraño, una presencia ¡¡Es imposible!! ¡Nadie puede penetrar en mi mente! ¿Quién se atreve? ...¡Ozymandias! Me dispongo a acabar con la mísera no-vida de éste demasiado críptico sirviente, pero, ¡NO!, se encuentra en el rincón más apartado de la estancia, el lugar reservado para relatar toda la muerte, el daño y el dolor que he provocado; uhmm!, no puedo aparentar debilidad ante un súbdito, menos aún ante éste.

Hace años que me negaba siquiera a mirar hacia ese lugar, aunque ya es hora de enfrentar mi miedo, un ser como yo no debe presentar ninguna debilidad. Encamino mis pasos hacia el vil esclavo, me da la espalda, está sentado escribiendo algo, quizá no sepa que le observo, éste va a ser su último fallo. Me encuentro a un metro escaso de él, la oscuridad del lugar me intenta sobrecoger, pero ¿cómo puede la oscuridad abrumar a la oscuridad hecha hombre?

De repente mi vasallo se vuelve hacia mi sin signo de sorpresa en su pétrea cara, me mira con tristeza, en su rostro se ve reflejado un gran pesar, sabe que ha llegado su hora y con una voz pesadumbrosa dice:

-Señor, le he servido bien todo este tiempo.

-Cierto es, pero debes saber que esta intrusión debe ser castigada.

-No, señor, no volverá a infringir castigo alguno.

-¡¿CÓMO OSAS?! ¿QUÉ DEMONIOS ESTÁS ESCRIBIENDO AHÍ?!

-Señor, no debe leerlo.

-¡!Me dices qué debo hacer!!??

-No señor, en este último libro relato... su muerte...

Después de esto noto un gran empuje, me están sacando del plano astral, me están despertando de mi sueño. Al abrir los ojos me ciega la luz que entra por entre la puerta abierta de mi sarcófago. Cuando logro ver, descubro frente a mi a mi más antiguo esclavo, Ozymandias.

-Dime Ozimandias, ¿Cuánto llevas aquí?

-Señor, acabo de llegar. Tú me llamaste.

                                                           ¿FIN?

Estos personajes pertenecen a Marvel, aunque la historia sea nuestra, y en ningún momento hemos pretendido sacar lucro de ello ni aprovecharnos de los derechos legales de Marvel. Para utilizar este mail fuera de esta web debes pedirme permiso a Alejandro