LA PRINCESA Y EL LADRÓN

por Dawn

La nieve caía lentamente al otro lado del cristal. Aún recordaba la primera vez que vio la nieve, fue hace varios años cuando se trasladó con Irene y Raven a Nueva York para una misión de la Hermandad. Allí estaba ella, helada bajo un jersey demásiado fino para la nieve y mirando asombrada como las calles eran blancas y los copos caían sobre su mano. Entonces adoraba la nieve, fria, esponjosa y blanca.

La nieve era algo desconocido en Mississipi, igual que el frío, al menos igual que el frío que hacia en Nueva York. Igual que el frío y la nieve de la Antartida. La nieve siempre le recordaba la Antartida y el juicio de Remy. Desde entonces ya no la soportaba; le traía demásiados recuerdos. Pícara se arrebujó bajo las mantas de su cama e intentó volver a dormirse, pero ya no podía. Enfadada, apartó las mantas a un lado y se levantó buscando rápidamente su bata. Quizás un tazón de chocolate caliente la animaría lo suficiente como para poder empezar el día sin sentir ganas de matar a alguien, pensamiento que se empezaba a desarrollar muy a menudo en su cabeza. Bueno, para ser sincera, matar no era la palabra apropiada... Quizás torturar hasta la muerte seria más apropiada. "¡Bastardo Cajún!, la muerte es demásiado poco para esa pequeña rata de cloaca".

Estaba claro que hoy iba a ser uno de "esos" días. Refunfuñando sobre tener cuidado con lo que se desea, Pícara avanzó hacia la ducha.

- Uff, nena, será mejor que hagas algo con tu aspecto o tendrás más comentarios irónicos de Drake- dijo cuando vio su aspecto reflejado en el espejo. Su cabello rojizo estaba totalmente enmarañado, y su mechón blanco era un conjunto de cabellos difusos por toda su cabeza. Sus grandes ojos verdes estaban rojizos y se podían ver grandes ojeras. Aún así, su rostro poseía la belleza sureña que la caracterizaba.

- Menos mal que el ejercicio está bajando el atracón a chocolate que me estoy pegando o voy a empezar a engordar, a parte de que ya empiezo a hablar sola- dijo mientras empezaba entrar en la ducha -. Pensandolo bien, necesito más chocolate.

Tras ducharse , Pícara se puso una mallas ajustadas, una sudadera amplia, botas a juego y con un suspiro se colocó sus guantes. Una vez finalizado el ritual matutino, salió de su habitación camino de la cocina. Al pasar junto a la puerta que se encontraba junto a la suya, tuvo que contenerse para no pegar la oreja y averiguar si Remy estaba en su habitación. "Seguro que ha pasado la noche con esa Lara Croft de tercera categoría" pensó según bajaba las escaleras, "será..., será...., será....¡CERDO!".

-¡Ouhhhh!-El ruido de su pie atravesando la pared del salón la sacó de su ensimismamiento. Miró a su alrededor y al no ver a nadie cogió la planta más cercana y la colocó tapando el agujero " Gracias ´Ro por llenarnos la casa de plantas, pero ya se me están acabando. Voy a tener que empezar a tener cuidado o la casa parecerá un queso de agujeros".


-¿No fue venturoso el abandonar el salón cuando llegó a nuestros oídos el sonido de la puerta de su habitación?

-Llevas razón Hank, pero que sea el Hombre de Hielo no quiere decir que me guste la idea de estar en la calle bajo una nevada. Tú al menos llevas abrigo de piel incorporado.

-¿Preferirías haber estado en el salón?

-¡NOOOOO!, seguro que soy más frágil que la pared. Creo que ya ha llegado a la cocina, entremos.

-Yo esperaría unos segundos más, no sea que vuelva.... Puro sentido de autoconservación.


Una más que malhumorada Pícara entró en el cocina, miró alrededor y se encontró con Kitty Pryde sentada en la mesa de la cocina, concentrada en unos folios sobre los que escribía. Al entrar Pícara levantó la cabeza.

- Buenos días, pensaba que solo estábamos levantados Hank, Bobby y yo - dijo pasandose la mano por el pelo para quitarselo de los ojos.

- No podía dormir, pero no he visto a la pareja metomentodo al bajar. ¿Que haces?

-Escribo un cuento. Suelo escribir cuando no puedo dormir. Si quieres chocolate acabo de hacer... - dijo señalando con la cabeza el cazo lleno de humeante chocolate.

- Gracias - dijo llenandose la taza de chocolate hasta el borde mirando como el vapor se elevaba del borde de la taza. Se apoyó en la encimera y miró por la ventana. - Pensaba que era la única con problemás para dormir últimamente.

- No te creas, a mi la nieve me recuerda a Illyana. Recordé cuando la conocí y el cuento que la conté para que se durmiese, y me apeteció escribir otro cuento.- Kitty miró a Pícara de soslayo. "Si no me mata por esto voy a tener suerte."

-¿De que va? - dijo sentadonse en una de las sillas de la cocina.

- Es un cuento de hadas. Ya casi está terminado, ¿quieres oirlo?- dijo pensando: " Bueno, ahora o nunca, suerte que soy intangible."


En esos momentos un adormilado Remy Lebeau bajaba por las escaleras cuando tropezó con una planta que él juraría que no estaba allí cuando se acostó.

Dieu!¿Quien ha cambiado la planta de lugar?-Pregunto cogiendla para ponerla en su lugar. Al separarla vio el agujero y prudentemente la dejó en su nuevo sitio - ¿Está de mal humor?

- Ahora está en la cocina y no parecía de buen humor - dijo Bobby sin dejar de mirar los dibujos animados de la televisión - Kitty está con ella, creo que están tomando chocolate caliente. Kitty estaba escribiendo un cuento que quería leerla.

- Voy a ver si puedo desayunar, mon ami.

-Remy...

-¿Oui?

- Recuerda que tú no eres intangible, y no es que me caigas demásiado bien, pero no quiero recoger tus restos de la cocina.


"Allá vamos" pensó Kitty - Se titula La princesa y el ladrón - Kitty pareció no notar como se fruncía el ceño de Pícara.

Erase una vez en un reino muy lejano que vivía una princesa. Pero no era una princesa cualquiera y no era un reino cualquiera ni vivía en un castillo cualquiera.

Era la princesa más bella del mundo, tanto que se comentaba en todos los reinos que no había existido nunca una princesa tan hermosa. Era alta, esbelta, con hermosos ojos de un verde esmeralda en un rostro de color marfil. Su piel era suave como el terciopelo, sus labios rojos y jugosos como fresas. Pero lo más impresionante de la princesa es que su pelo largo y rojizo estaba surcado por un mechón blanco como la nieve.

Como todas las princesas vivía en un castillo, un castillo construido en mármol, y en el centro del castillo había una torre donde la princesa estaba encerrada por culpa de una maldición. La torre era alta y lisa, tan lisa que nadie podía escalarla y tan alta que desde lo alto se podía ver todo el reino. Las ventanas estaban selladas por un sello mágico, que era como una fina tela que impedía a la princesa tocar a nadie o salir. .

Cuando la princesa cumplió los 13 años, una malvada bruja, que estaba celosa de su belleza maldijo a la princesa; no podría tocar nunca a nadie hasta que su nombre fuese revelado, y para asegurarse de que nadie lo conocía, hizo que fuera borrado de las mentes de todos los habitantes del reino. Solo la princesa lo conocía, pero no podía decirlo porque la bruja lo había encerrado en lo más profundo de su mente. Así, con los años, se la empezó a conocer simplemente como "La Princesa". Para completar la maldición lanzó un hechizo que impedía a nadie estar más de 14 días junto a La Princesa. Cada dos semanas una tormenta de rayos azotaba el castillo y derribaba todo lo que encontraba, salvo la torre.

El rey hizo correr el mensaje de que quien liberase a La Princesa se casaría con ella, y recibiría joyas y honores. Animados por el desafío y por la recompensa, los príncipes y caballeros llegaron a cientos, pero todos se volvían desesperanzados a sus reinos al no poder liberar a La Princesa.

El tiempo pasaba... La Princesa crecía y se hacia más hermosa, su cabello más largo, y sus hermosos ojos verdes se volvían más tristes. Tenía todo lo que podía desear, ya que solo con pensarlo aparecían ante ella joyas, vestidos, comida...pero estaba sola, cada vez más sola.

Un día se despertó, y descubrió que habían pasado los años y ya no venía gente al castillo, que estaba sola en medio de las ruinas de lo que un día fue su hermoso hogar.

Un día notó que llamaban en los muros de la torre.

- Princesa - dijo una voz desde el otro lado de la ventana.

Cuando miró a través de la ventana vio un hombre junto a su ventana. Hacía mucho tiempo que no venía nadie a verla y le observó con detenimiento. Era alto, fuerte, su ropa se notaba usada y su cabello castaño necesitaba un buen corte. Pero lo mejor eran sus ojos; tenían un brillo rojizo que hacia que su hermoso rostro tuviera una apariencia pícara.

- ¿Eres un príncipe?

- No - dijo el extraño con una media sonrisa - NO soy un príncipe...

- ¿Un caballero entonces? - ahora empezaba a estar intrigada.

- ¡Nooo! - respondió con una sonrisa - soy un ladrón.

- ¿Un ladrón? ¿y que esperas robar aquí? No queda nada en el reino salvo mi torre, y no se puede ni entrar ni salir de ella. Me temo que no eres un ladrón muy bueno.

- Ahí te equivocas; soy el mejor ladrón del mundo. Ya tengo joyas y dinero más que suficientes, pero cuando me enteré que nadie había conseguido robar tu nombre, quise ver si era capaz de hacerlo. Puedo robar cualquier cosa en cualquier lugar; no me debería costar robar un nombre.

- De acuerdo, pero deberás irte en 2 semanas, por que si no la maldición te matará.

- Está bien. Tengo dos semanas para robar tu nombre - Dijo con una hermosa sonrisa.

La Princesa miraba como el ladrón preparaba sus cosas para pasar un tiempo allí. Y cuanto más le miraba, más la costaba dejar de hacerlo. Al final del día se descubrió bordando de frente a la ventana, solo para ver como el ladrón se hacía la cena.

Durante los siguientes días no hacían más que hablar; el ladrón la hablaba del mundo, de sus robos más famosos, de como había crecido en una ciudad, que era huérfano, que había sido criado por una hermandad de ladrones, y que acabó siendo el mejor ladrón del mundo. La contó como robó la Princesa Momentánea, los secretos del Rey Sombra y finalmente hablaron de lo solos que se sentían. Ella encerrada en la torre, él sin un sitio donde estar.

- ¿Como es el amor? - preguntó La Princesa una noche, estaba sentada junto a su ventana observando al ladrón haciendo un solitario.

- ¿El amor...? Buena pregunta. Nunca he estado enamorado. He conocido mujeres hermosas, he reído y me he divertido con ellas, pero nunca he conocido a nadie que hiciese que mi corazón vibrase. Supongo que el amor es lo que te impulsa a hacer locuras y hace que todo tenga sentido... - en sus ojos se veía una sombra de tristeza - Una vez creí estar enamorado, pero fue hace tiempo.

- ¿Que pasó? - Ella estaba intrigada. Nunca había estado el tiempo suficiente con nadie como para tener un amigo, y menos enamorarse.

- ¿Curiosidad, Princesa?- preguntó el ladrón con una sonrisa burlona.

- Si fue importante para tí, me gustaria conocerlo.

- Murió - sus ojos ya no tenían tristeza, parecían una máscara fría que ocultaba sus sentimientos.

- ¡Oh! Lo siento, ¿Como ocurrió?, si no es indiscreción, claro. - En su expresión no había maldad, solo ingenua curiosidad.

- Yo la maté - Sus labios se curvaron en una sonrisa cínica y de sus ojos cayó una lágrima mientras continuaba - se llamaba Belladona, y era una asesina. En mi ciudad, como te dije antes, hay hermandades de asesinos y ladrones. Nos conocimos de pequeños y nos divertíamos juntos. Sabíamos que estaba prohibido por que nuestras hermandades no se llevan bien, pero no nos importaba. Hace unos años tropecé en un trabajo con un miembro de su hermandad, tuvimos un desacuerdo y...bueno, acabó cayendo desde 3 pisos de altura. La mandaron a ella para matarme. Yo confiaba en ella, no me di cuenta de sus intenciones hasta que me clavo un cuchillo en el pecho- se desabrocho la camisa y la enseñó la cicatriz - me salvaron mis reflejos.

- Lo siento - sus ojos estaban llenos de lágrimás - no tenia que haber preguntado algo así. Debe de ser duro recordar que alguien en quien confías te ha traicionado... Ojalá pudiera hacer algo para compensar tu dolor.

- Ya lo has hecho - la sonrisa del ladrón ya estaba también en sus ojos, era triste pero autentica - Nunca se lo había contado a nadie. Pensé que no le importaba a nadie, y gracias a ti he podido compartir mis secretos. GRACIAS. Eres una persona realmente especial.

La Princesa se ruborizó al sentir como la miraba el ladrón; nunca nadie la había hecho sentir así. Su corazón no paraba de latir alocadamente, y su mente no se apartaba la imagen de su pecho desnudo. Era algo nuevo, y estaba asustada, tanto que dio las buenas noches apresuradamente y corrió a acostarse, aunque no durmió nada en toda la noche.

Fuera de la torre, el ladrón estaba inmóvil. No recordaba haberse sentido tan agusto con nadie nunca, ni siquiera con Bella. Era como si estar con La Princesa fuera su destino. Sacudió su cabeza para apartar tal pensamiento de su mente, y se preparó para dormir. Tumbado en su saco, miraba a las estrellas, y se preguntaba cual seria su nombre.Ya había probado con todos los que conocía y ninguno había dado resultado. Debía de ser un nombre que hiciese honor a su belleza, por que era la mujer más hermosa que había visto jamás. Su piel era puro marfil, sus ojos dos esmeraldas brillantes cuya luz variaba con su humor, y sus labios, ummmmmmm... Besarla debía ser lo más dulce en la vida de un hombre. Se sobresaltó al notar por donde iba el hilo de sus pensamientos. No se había interesado de esa forma en una mujer desde hacía mucho tiempo; tras lo de Bella se había prometido a si mismo que jamás se enamoraría. No permitiría que otra mujer le hiciese daño.

A la mañana siguiente ella se arregló todo lo que pudo; nunca lo había hecho antes, y no sabía muy bien por que lo hacía. Escogió un vestido rojo y se colocó una hilera de perlas adornando el recogido del pelo. Intentó estar lo más hermosa posible para él, y al pensar en lo que estaba haciendo, se sonrojó, al tiempo que su corazón se aceleraba. "¿Será esto enamorarse?"

Él la vio bajar por las escaleras de la torre, y supo sin lugar a dudas que había un ladrón mucho mejor que él, por que se había llevado su corazón antes de que se diera cuenta. Estaba más hermosa de lo que creyó que fuese posible, y cuando le sonrió tímidamente desde el otro lado de la ventana, exhaló el aire que había estado reteniendo, y decidió que o descubría su nombre o moriría en la torre, por que no podría vivir sabiendo que ella existía y no podía tenerla.

Los días pasaron, y al llegar el último día ella lloró, suplicó, incluso le amenazó para que se fuera, pero él se negó. No podía dejarla.

- Vete - suplicó - si no te vas en unos minutos morirás, y no puedo soportar la idea de que mueras.

- Yo no soporto la idea de vivir sin ti, así que me pienso quedar hasta el último instante de mi vida junto a ti, pues ahora que se lo que es el amor, no aceptaré vivir sin él - la sonrió dulcemente pasando su mano por el delgado cristal mágico que les separaba.

Ella colocó su mano contra el hechizo justo donde estaba la suya, y cerró los ojos imaginando que podia sentir su piel contra la suya, y comenzó a llorar mientras las nubes de la tormenta se aproximaban. Podía sentir la maldición sobre su cabeza...

Y entonces sintió el primer rayo. Cayó a menos de un metro de él, pero no se movió. Se quedó mirandola a través de la ventana como si fuese el tesoro más valioso del mundo y la dijo:

- Te amo, solo recuerda que te amo y que sin ti mi vida ya no tiene sentido.

No había lágrimás en sus ojos, solo una expresión de felicidad mientras intentaba atrapar todos los rasgos de su amada para llevarselos con él en la muerte.

El viento se intensificó, los rayos se aproximaban cada vez más al ladrón, pero este no se movía. Nada podía separarle del amor que ahora había encontrado.

- Vas a morir solo por que no recuerdo mi nombre - lloraba sin parar, su hermoso rostro estaba inundado en lágrimás de agonía - Por algo tan tonto como mi nombre no podemos estar juntos..., solo por mi nombre...solo por mi nombre...

El rayo cayo a menos de dos centímetro de él, el próximo le mataría y moriría solo por un nombre....

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Pícara lloraba, no podía evitarlo. Solo por un nombre...solo por un nombre....

- Marie...

- ¿Que dices?- Kitty se había metido tanto en el cuento que casi no se había dado cuenta de nada, pero al levantar la cabeza vio a Pícara llorando y detrás de ella en la puerta a Remy que las miraba fijamente.

- El nombre que busca el ladrón es Marie - repitió.

- Es un nombre digno de un reino, y capaz de hacer que un ladrón esté dispuesto a morir si pertenece a la mujer de la que está enamorado - dijo Remy desde la puerta.

Kitty decidió que era hora de desaparecer, y volviendose intangible atravesó el techo.

- A mi nunca me gustó - dijo Pícara secandose las lágrimás.

- Es muy hermoso chere, casi tanto como tú.

- ¿Qué crees que pasará ahora que el Ladrón conoce el nombre de La Princesa? - preguntó mirandole a los ojos.

- Creo que Marie y Remy van a desayunar, van a recordarse mutuamente que son dos tontos que se aman por encima de todo, y van a contarse todos y cada uno de sus secretos en una cena a la luz de las velas, en el lugar más romantico que encuentres. Te prometo mon amant que este Cajún no se va a mover hasta que no te quede la más mínima duda de que conoces todos sus secretos, y te demuestre que eres la mujer con la que quiere pasar el resto de su vida.

- Te quiero, Remy.

- Yo también te quiero, Marie.

FIN


Todos los personajes pertenecen a Marvel, pero la historia me pertenece a mi. Para cualquier utilización fuera de mi web, deberás pedime permiso. Agredeceria cualquier comentario que quisieseis hacer, podeis poneros en contacto conmigo en la dirección de correo Dawn