SOSPECHOSOS MUY HABITUALES
Una historia de María Robledo, con la inestimable colaboración de David Vara.
9.30 de la noche. Harry´s, un bar en alguna parte de Manchester. Cuatro personas toman cerveza en un reservado. Todo sería de lo más normal si fuera porque uno de ellos es azul. Afortunadamente, en Harry´s ya están acostumbrados a no hacer preguntas.
- ¿Alguno tenéis alguna duda, meinen freunden?- repitió Rondador por séptima vez en tres minutos, parando de hablar el tiempo justo para dar un sorbo a la cerveza.
- El que la tenga, que se joda, Kurt. Que ya lo has explicado 8 veces - Lobezno no era precisamente un público paciente.
- Siete- recalcó Rondador echándose para atrás el sombrero con el que trataba de cubrir su cara azul.
- Me da lo mismo, elfo - dijo Lobezno tirándole el humo del puro a los ojos - Siete u ocho, siguen sobrando todas a partir de la segunda.
- Da igual, Kurt. Digas lo que digas y hagas lo que hagas....- dijo Tormenta.
- Tormi perderá como el año pasado...- interrumpió Gambito.
- ... Gambito inventará nuevas formas de hacer trampas, como el año pasado. Y no me llames Tormi - en algún lugar sobre ellos, el silencio de la noche fue interrumpido por un trueno lejano.
- Como por ejemplo robar taquillas de gimnasio, ma chère - acusó Gambito con desparpajo.
- Liarse con la tía que te pilló el año pasado para que no te denunciara...- apuntó Lobezno masticando la colilla casi consumida del puro.
- No te quejes, tú no tuviste que esperar a que Gambito y la rubia salieran de la cabina de teléfonos estando nevando.
- Mira, eso es cierto. Mientras yo vigilo lo que hace Tormenta, nunca me llueve ni me nieva encima. Es una ventaja...
- C´est ne pás un problem, mon amie. Simplemente, no hace frío dentro de los gimnasios....- insistió el cajún.
- Bueno, en aquella cabina de teléfonos me parece que tampoco...- sonrió Rondador- Al menos por lo que pude ver, porque el cristal se empañó muy rápido.
- Bien, cada uno utiliza lo que puede. Al fin y al cabo, yo no llevo un bikini de cuero minúsculo y esas botas que parecen sacadas de un burdel de Nueva Orleans, sin pretender ofender.
- La verdad es que conozco un par de sitios en los que esas botas causaron cierta sensación, si - dijo Lobezno con sorna- Podría contaros trucos de Ororo que nunca creeríais.
- Logan, ¿sabes lo que le pasa a un lobo cuando le cae un rayo?- amenazó Tormenta cogiéndole por las solapas de la chaqueta, mientras se oía otro trueno.
- Vale, vale... Me callo - Logan levantó ambas manos en señal de rendición sin soltar el puro de la boca.
- Mais non, continua mon amie- insistió Gambito con interés.
- Créeme, Gambito, me da más miedo ella que tú....
- ¿Miedo de una mujer, lobi?
- Yo no jugaría con eso, chavalote...- dijo Logan sacando una de sus garras a Gambito.
- Bueno, haya paz, señores. Volviendo al tema, se supone que no podéis usar vuestros poderes ni vuestros... digamos, encantos personales. Esto es una prueba de habilidad, o sea, que no podéis usar más que vuestras ágiles manitas, ¿entendido?- insistió Rondador.
- Explícale que no puede usar las manos como está pensando, Kurt. Me temo que las entendederas de Gambito al respecto son un poco limitadas - pinchó Tormenta con sorna.
- ¿Quieres comprobarlo, Tormi?. - Dijo el cajun moviendo los dedos.
- Ya te gustaría...- dijo Ororo con sarcasmo - Y no me llames Tormi, joder - el cielo se estaba poniendo cada vez más nublado.
- Si cambias de idea, avísame. Te haré un hueco en mi agenda.
- Tranquilo, no me gustan las cuevas.
- ¡Gruta del amor!
- ¿Qué gruta del amor, ni que puñetas?
- La verdad es que era una cueva, Gambito - medió Rondador - Y más bien cutre, la verdad.
- ¿Y vosotros que sabéis? ¿Qué sois, una autoridad en materia de espeleología, o qué?
- Hombre...
- Bueno, al menos en la cueva no llovía...- terció Rondador.
- ¡Gruta del amor! Y podéis idos todos a la mierda con la puta cueva, ya.- Es curioso como cuando se enfada deja de decir palabras en francés...- sugirió Rondador.
- Sí, es verdad, no ha dicho merde- añadió Tormenta.
- ¿Vais a empezar de una maldita vez o qué? No tenemos todo el día. Es Viernes noche y la apuesta acaba el Domingo. ¿Vais a empezar o estaréis discutiendo hasta pasado mañana?- interrumpió Lobezno finalmente, ya bastante harto de tanto rollo.
- Eso. Yo vigilo el cumplimiento de las normas por parte de Gambito, y Logan por parte de Tormenta. Nos vemos aquí todos el Domingo para el recuento de carteras.
- Y procurad que no se os vea seguirnos o nos fastidiais el trabajo, señores discretos. Que aún recuerdo cuando hace dos años Kurt se teleportó por error dentro de un bar llamado La Ostra Azul.- Yo no tengo la culpa de que frecuentes la peor zona de la ciudad, señora de los vientos. Que te van más los barrios bajos que a un tonto un lápiz.
- Oye, Kurt, procura teleportarte lejos. Que la peste a azufre asusta a las señoras.
- Gambito, ¿Te explico donde puedes meterte tu opinión sobre la peste a azufre?
- Marchaos ya, coño. Que parecéis una pandilla de nenazas protestando por el color del pintauñas - gritó Lobezno, literalmente hasta los cojones de tanta mariconada.Tormenta y Gambito se miran mal por última vez y salen del bar, internándose en la noche, de nuevo despejada. Los dos hombres apuran sus cervezas en silencio durante unos minutos, sin dejar de mirar las dos figuras que se alejan, hasta que desaparecen de su ángulo de visión.
- ¿Qué? ¿Se han ido ya?
- Sí, ya no se les oye - dijo Lobezno - Menos mal, empezaba a creer que no se irían nunca.
- Bueno, entonces ¿por dónde empezamos?
- Por un dólar la bola, evidentemente- dijo Logan dirigiéndose al billar- No pensarías ni por un minuto que íbamos a seguirles, ¿verdad? Basta con que luego le pidamos a Jean que les lea la mente y asunto concluido.
- Bastante tenemos con tener luego que devolver por correo las carteras- se quejó el elfo- Bueno, ¿un pavo la bola, hemos quedado?- dijo echando mano a su cartera- ¡Mierda!
- ¿Qué pasa?
- Ese jodido francés de mierda...
- ¿No me digas que...? - Lobezno se echó a reir - Has dejado que ese gabacho te quite la cartera... Es increíble. Bueno, elfo, estás de suerte, pagaré yo...- dijo echando mano al bolsillo de la chaqueta- ¡Maldita sea esa mujer! Cuando la coja la voy a...- ¿Juegas o te quejas?
- Juego, juego.
- Pues venga.
En algún lugar de la noche, la señora de los vientos y el cajún están a punto de separarse para comenzar el reto, pero aún tienen unos minutos para desearse suerte.
- Bueno, ma chère. Suerte, la vas a necesitar.
- Más la vas a necesitar tú, Gambito.
- Por cierto, ¿cuántas llevas tú?
- ¿Te interesa por curiosidad o para saber cuanta ventaja te llevo?
- Digamos que cortesía profesional.
- Con la tuya y la de Logan, cuatro. ¿Y tú?- dijo Tormenta sonriendo, mientras Gambito se llevaba la mano al bolsillo.
- Con la tuya y la de Kurt, tres.
- No esperaba menos de ti.
- Gracias, yo tampoco. Pero aún así me llevas ventaja, Tormi.
- ¿Qué esperabas, novato? Sigo siendo la Señora de los Vientos.
- ¿Y?
- Que nosólo te voy a patear el culo, sino que aún puedo congelártelo como vuelvas a llamarme Torm i- dijo ella alzando el vuelo, mientras una terrible tormenta de agua y aire comenzaba a azotar los cabellos de Gambito - Adios, novato.
- Adios, Tormi- dijo Gambito sonriendo con socarronería mientras hacía girar en la mano las llaves de la moto de Scott- Me encanta cuando se pone fina...- murmuró Gambito viéndola desaparecer, mientras se diría al vehículo robado.
FIN
Estos personajes pertenecen a Marvel, aunque la historia sea nuestra, y en ningún momento hemos pretendido sacar lucro de ello ni aprovecharnos de los derechos legales de Marvel. Para utilizar este mail fuera de esta web debes pedirme permiso a senadoraleia@hotmail.com