Xena se escribe con X, de Patrulla X.

Un delirante crossover entre “La increíble Patrulla X” y “Xena, la princesa guerrera”.

Por María Robledo, con la inestimable colaboración de David Vara. Dedicado a Estela “Pícara” Fernández por seguir dirigiéndonos la palabra a pesar de lo del pijama y a Carlos “Rondador Nocturno” Díaz por teleportarse siempre en el lugar más oportuno y en el momento preciso.

CAPITULO 1

            En la cara oculta de la luna, dos extraños personajes juegan a las cartas sin otra compañía que las estrellas. Uno de ellos es conocido como El Vigilante, uno de los Eternos, dedicado de por vida a la tarea de observar a la humanidad sin intervenir en la suerte que el Destino les depare. Sin embargo, esa tarea, además de aburrida puede resultar una dura prueba para alguien tan meticón como El Vigilante, que mucho vigilar sin intervenir, mucho vigilar sin intervenir, pero se pega unas entradas triunfales que ríete tú de Galactus. El otro es su hermano Destino, guardián ciego de los pasos del hombre, cuyos ojos pueden ver a través de los eones del tiempo, pero no el rostro de su hermano sentado frente a él. Y menos mal, piensa El Vigilante, porque si a tientas se está sacando cartas de la manga, solo le faltaba ver, que le cunde más que a Daredevil.

- Siento una perturbación en el hilo temporal, hermano- dijo el ciego.

- Si es otro truco para sacarte otro comodín del dobladillo de la túnica, vas apañado.

- Va en serio, y yo no me saco cartas de la túnica, calvito.

- ¿A qué te meto?

Un par de eones de bronca más tarde, Destino consigue convencer al calvo de que realmente ha ocurrido algo fuera de los normal ahí abajo. De nuevo, se ha roto un hilo temporal, y vamos a tener que, para variar, saltarnos a la torera la historia esa de no intervenir, y hacer algo al respecto.

Destino saca de debajo de su túnica un móvil y marca un número con muchos seises.

- ¿Hades? Soy yo, Destino. Sí, mucho tiempo, sí... Tenemos un problema. ¿Cuánto hace que no ves a Ares? Mmm, lo que me temía... Sí, lo tenemos nosotros aquí, sí... En pleno siglo 20, sí, haciendo de las suyas, como siempre... ¿Cómo que qué hacemos? Tendrás que hacer tú algo, digo yo... Vale, pues mándalas para acá, que ya te las reenvío yo luego. Hala, pues eso. Saludos-Destino colgó su móvil y se dirigió al Vigilante.

- Bueno, calvito. Tu turno. Te toca.

El Vigilante se levantó y se dirigió al final del horizonte, observó la bola azul de debajo, de nuevo, y comenzó a hablar con voz a lo Constantino Romero.

- Hay miles de mundos paralelos, dimensiones coexistentes en las que los mismos seres humanos, las mismas entidades físicas, viven distintas existencias sin que los hechos de una cohabiten jamás con los de las otras. Sin embargo, a veces, los hilos temporales de estas dimensiones paralelas, por caprichos del Destino, se tocan en un punto para volver a separarse de nuevo. Ésta, es una de esas ocasiones... ¿Satisfecho?- dijo mirando a su hermano ciego.

- Escalera...- dijo Destino.

CAPITULO 2

            Xena y Gabrielle estaban terminando de desayunar aquella mañana, cuando oyeron ruido de cascos de caballos y un tenue olor a azufre se extendió rápidamente por la contornada. Gabrielle comenzó a mirar a su alrededor consternada, pero se detuvo al ver que Xena ni siquiera pestañeaba.

- Hola, Hades- dijo ella sin ninguna emoción en la voz.

Sin embargo, no había nadie allí y por un momento, Gabrielle pensó que a Xena le había dado demasiado el sol en la cabeza.

- Xena, ¿con quién hablas?

Xena levantó una mano en señal de espera y verás. Unos segundos después, por el final del camino se vio llegar un carro tirado por dos magníficos corceles negros. Efectivamente, era Hades.

- Que el beneplácito de los dioses sea contigo, Princesa Guerrera.

- Ahórrate el tratamiento, Hades. No estoy dispuesta a estar toda la conversación llamándote Señor del Inframundo. Es un coñazo.

- Hola, Hades- dijo Gabrielle con voz cantarina acercándose a él.

- Hola, Gab, cielo. ¿Qué tal?- dijo él dándole dos besos.

- Bien, ¿y tú?

- Pues no demasiado bien, la verdad. Por eso he venido a veros.

- ¿Necesitas ayuda para matar a alguien, Hades?- dijo Xena levantando una ceja y con sonrisa irónica- Vaya, siempre creí que ese departamento lo cubría Ares bastante bien. De hecho, es lo único que hace bien...

- Hacía. Se ha largado.

- ¿A dónde?- preguntó Gabrielle.

- Al futuro. Bueno a un futuro. No sé si el nuestro u otro, pero vamos... Algo de eso. Yo no entiendo mucho....

- ¿Y qué coño hace ese tarugo en el futuro?- dijo Xena.

- Huir de vosotras. ¿Recordáis esa profecía sobre que tu hija acabaría con los dioses y el de ella sería más poderoso que los dioses, más incluso que los titanes?- dijo señalando a Gabrielle.

- Algo hemos oído, si.

- Pues se ha acojonado y ha hecho fuchina. Y por cierto, Callisto se ha ido con él.

- ¿Y? Eso es fantástico. Al fin nos hemos librado de ese par de bestias cenutrios- dijo Gabrielle sonriente.

- Eso pensé yo al principio. Pero todo tiene una función en el universo, Gabrielle. Incluso ese patán. Sin él, la gente no muere en la guerra, y yo apenas tengo trabajo.

- Bueno, siempre puedes pluriemplearte. Habla con Efesto, igual te puede enseñar herrería- sonrió la guerrera sin dejar de afilar su chakram.

- Es más complicado que eso, Xena. Sin guerras, la población se está incrementando rápidamente.

- No será para tanto...- dijo Gabrielle.

- Nena, esto es Grecia- dijo Hades.

- Bueno, precisamente por eso lo digo... No sé si me entiendes...- dijo ella.

- En cualquier caso, si la gente no muere por guerra, la hambruna los matará. Y el equilibrio del universo se destruirá, la balanza del destino se inclinará hacia un lado, y la vida y la muerte, opuestos y complementarios, no podrán existir una sin la otra, y....

- ¡Hades, resume!- interrumpió Xena furiosa.

- ¡Que nos iremos todos a la mierda!

- Entonces, ¿qué se supone que tenemos que hacer?

- Os mando al futuro y me traéis a Ares de vuelta.

- Claro, lo encontramos y le decimos: Eh, Ares, guapetón, ¿qué tal si te vienes con nosotras a ver si hay suerte y nuestros descendientes acaban contigo y tu familia?- dijo Gabrielle.

- O si te parece le partimos la cara a un dios- añadió Xena.

- Bueno, eso tiene solución. Efesto os manda esto- dijo Hades dándole a Xena una daga de color azulado.

- ¿Azul?

- Sí, es un material especial. Mithril creo que lo llama. Dice que se lo ha conseguido un conocido, un tal Gimly... Dice que es lo único que puede acabar con Ares. En el momento en el que lo mates, vendrá a mi casa, y yo me encargaré de él.

- ¿Y nosotras?

- Volveréis. No os preocupéis por eso. Tenéis mi palabra. ¿Qué decís?

- ¿Acaso tenemos alguna otra opción?- preguntó Xena.

- Más bien no.

- Pues eso...- dijo Gabrielle.

Hades subió a su carro y les indicó que subieran con él, tiró de las riendas y los caballos se elevaron en el aire con un tirón brusco.

- Odio cuando haces eso- dijo Xena que tenía vértigo.

- Pues a mi me gusta. Mira que pequeñita se ve Grecia ahí abajo, Xena- la puñetera bardo se lo estaba pasando pipa.

Hades siguió elevándose. El trayecto fue más o menos bien hasta que la tierra se convirtió en una bola azul: Xena intentando no mirar abajo, Gabrielle flipando con todo lo que veía y Hades sin dejar de comerles la cabeza con quien iban a encontrar y lo que debían hacer para conseguir su objetivo: que la profecía se cumpliera. Ahí fue cuando Gabrielle empezó a preocuparse y Xena sonrió divertida. Al menos, no todo el viaje iba a ser igual de terrible...

Lo realmente malo empezó cuando la Tierra no era ya más que una bola lejana: Hades comenzó a girar en torno a ella a toda velocidad, acelerando el tiempo, y Xena creyó que iba a vomitar.

Cuando finalmente frenó, Xena estaba tan mareada que no sabía ni como se llamaba, y Gabrielle estaba más emocionada de una cría en un tiovivo. Entonces, el carro bajó en picado y cuando parecía que iban a tragarse el suelo, hizo una remontada en vuelo rasante, y Hades, de una nada sutil y menos diplomática patada en el culo, las tiró del carro.

CAPITULO 3

- Vamos, Sam. Levanta o llegaremos tarde.

- Por favor, Lila, cinco minutitos más- masculló Sam Guthie con la cabeza debajo de la almohada.

- Que Lila ni que leches. Soy yo, Berto, y hoy es domingo, ¿recuerdas?

- No deberías trasnochar tanto, Sam...- dijo Ranhe Sinclair en plan madre total.

- ¿A qué hora llegaste ayer del concierto de Lila, Sam? Se suponía que tenías toque de queda a las tres...- dijo Danielle Moonstar con tonillo de mofa.

- Como te pille Ororo te la vas a cargar- añadió Ranhe.

- Y lo que es peor, ¡como no te levantes pero ya, te vas a perder el especial de Xena en el canal satélite, Sam!- berreó Roberto D´Acosta junto a su oído.

- ¡Voy!- chilló Guthie saliendo de la cama vestido únicamente con unos calzoncillos con la S de Superman.

- Sam...- dijo Danielle.

- ¿Si?- dijo somnoliento.

- Olvidas tus pantalones.

- ¿Te turba ver un hombre en paños menores?- sonrió Roberto con mala leche.

- Me turba ver a cualquiera con esa horterada de ropa interior, Berto.

           

Cuarenta segundos más tarde, los cuatro adolescentes se habían hecho fuertes en el salón de la mansión X con el mando de la tele y un bol de palomitas, dispuestos a ver la gran matinal de 8 capítulos de “Xena, la Princesa Guerrera” y la Convención Internacional de Xenites en Pasadena, retransmitida en directo.

            Tres minutos más tarde, Rondador y Lobezno se habían apalancado con ellos como quien no quiere la cosa, en plan, pero que conste que a mi no me interesa. Mentira cochina, por cierto. Pícara, con una taza de café en la mano, se acercó con cara de curiosidad.

- ¿No se supone que a ustedes no les gustan estas series para críos, Mr. Logan?- dijo Danielle.

- Mis opciones son ver a esa nena enfundada en cuero o aquí al elfo en chándal. Sinceramente, la comparación no tiene color...- dijo Logan encendiendo un cohiva que le había mangado al profesor de la caja del despacho aprovechando que estaba en la Isla Muir “visitando” a la Doctora McTaggert. Que el calvo se divierta con la doctora, que yo mientras disfrutaré de este maravilloso puro...- Además, esa nena es puro músculo sudado...

- Que gran verdad...- dijo Roberto engullendo un puñado de palomitas.

- A mi, personalmente, me gusta más Gabrielle. El personaje de Xena es tan... - dijo Ranhe mirando a Logan.

- Sí, dilo, tan como él...- rió Rondador- Reconócelo, Logan. Esa tía te pone porque es igual de bestia que tú.

- Tranquilo, azulito. La barda para ti y para mi la guerrera, no te preocupes- dijo Logan tirándole el humo a la cara la elfo.

- ¿Y los demás qué?- protestó Roberto riendo.

- Cuando crezcas, niño- justo en ese momento, alguien golpeó la puerta- De momento, abre.

- ¿Por qué yo?

- Porque mis amigos llegan al timbre, chaval.

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DISCLAIMER: Como siempre, los derechos de La Increíble Patrulla-X, Los Nuevos Mutantes y Spiderman, son propiedad de la Marvel. Esta vez, además, los de “Xena, la Princesa Guerrera”, pertenecen a Reinassance. No pretendemos violar la santidad de los derechos de autor ni incurrir en ningún delito, sin olvidarnos de que no tenemos ni un duro, así que si intentan hacernos una demanda, lo tienen claro. Jejeje. Simplemente, esperamos divertir sin molestar. Mutativos saludos.

Reclamaciones, sugerencias o palmaditas en la espalda a: senadoraleia@hotmail.com