Xena se escribe con X, de Patrulla X.

Un delirante crossover entre “La increíble Patrulla X” y “Xena, la princesa guerrera”.

Por María Robledo, con la inestimable colaboración de David Vara. Dedicado a Estela “Pícara” Fernández por seguir dirigiéndonos la palabra a pesar de lo del pijama y a Carlos “Rondador Nocturno” Díaz por teleportarse siempre en el lugar más oportuno y en el momento preciso.

CAPITULO 8

Cuatro de la mañana. Debían estar durmiendo en todo Massachussets. Debían estar durmiendo incluso en toda América. Es más, debían estar durmiendo en medio mundo. Como deberían estar haciendo en la mansión X. Pero no era así. Al menos, no todos.

- Vamos, flojucho. Usa esos músculos para algo útil de una maldita vez...- farfulló la mujer morena con un tono de voz que denotaba el esfuerzo.

- Calla y concéntrate en lo que haces, vacilona- Logan, por primera vez en mucho tiempo, sudaba.

- Muchos superpoderes, pero llevas así 40 minutos...

- Aún te quejarás...- farfulló Logan casi sin aliento pero, eso si, sin soltar el puro ni muerto- Mujeres, tenéis que protestar de todo...

- ¿Quieres que te diga de qué no vas a protestar?- dijo ella frunciendo el ceño.

- Palabras...- dijo él apretando la mandíbula.

La mujer se acercó al oído de Logan sin dejar su tarea, y le susurró unas cuantas palabras, que por privadas, no vamos a reproducir. Diremos simplemente, que a Logan se le cayó el puro, y gracias a sus superreflejos, porque de lo contrario se lo habría tragado de la impresión. En consecuencia, Xena le tumbó el brazo sobre la mesa.

- Vale, Logan. Perdiste- dijo ella frotándose el bíceps- Paga.

- Eh, eso no vale- protestó Logan mirando su mano, todavía tirada sobre la mesa. Apenas podía creer que aquella maldita griega le hubiese ganado en un pulso. ¡A él!

- ¿Qué pasa, Logan? ¿No estás acostumbrado a perder?-dijo ella con sorna.

- Has hecho trampa...

- Venga ya, tú llevas tirándome el humo a los ojos todo el rato, y yo no me quejo... – sonrió ella con sarcasmo.

- También es verdad... Vale, tu ganas - dijo él levantando las manos en señal de rendición.

- Genial... Te toca debajo.

CAPITULO 9

            Rondador dormido, de no ser por la posición, era lo más parecido a una gárgola que te podías encontrar. Al menos en una cama. Estaba tan quieto que apenas se le notaba respirar, y bajo la luz tenue del amanecer, su cuerpo azul parecía de piedra negra.

            Gabrielle, por el contrario, tenía un dormir inquieto, fruto de las pesadillas, y no paraba quieta en la cama. Se removió inquieta, frunciendo el ceño, y Kurt le acarició el cabello, susurrándole palabras de consuelo al oído, la mayor parte de ellas en alemán, a sabiendas de que no le comprendería. Sin embargo, el tono de voz fue suficiente, y tranquilizó a la rubia, que entreabrió los ojos y le sonrió con dulzura.

- Buenos días, liebtchen.

- Buenos días, Kurt. ¿Qué hora es?

- Demasiado pronto. Duérmete otra vez- dijo él besándola.

            La chica se hundió más si cabe en los cálidos brazos de Kurt, mientras, lentamente, se dejaba caer de nuevo en los no menos amorosos brazos de Morfeo.

- En Delfos... Dejaré un pergamino en Delfos. Para que sepas que ocurrió con él... seguro que te gustará saberlo... - dijo Gabrielle mientras terminaba de quedarse dormida.

            Kurt no entendió a que se refería, pero prefirió no preguntarle. El momento era demasiado agradable como para romperlo, así que hundió el rostro en su pelo y se quedó dormido de nuevo.

CAPITULO 10

            Ororo se despertó al dar con sus huesos en el suelo. Más concretamente, al notar como los huesos de su cara casi se partían contra el frío suelo de su cuarto. Intentó levantarse y ponerse en guardia por si acaso, pero se hizo un lío con las sábanas y se volvió a caer cuan larga era. Sin embargo, sus temores eran infundados. La figura imponente que la observaba desde el arriba con aspecto somnoliento no era hostil. Simplemente tenía cara de sueño y el cabello revuelto, haciéndola parecer una réplica pelirroja de Tina Turner en su época afro, pero con un mechón blanco en medio. Y la verdad, aquel pijama de Star Trek verde, no era la prenda más atractiva de su guardarropa, pero por lo demás, todo iba bien.

- Ororo, o haces algo con esas pesadillas o voy a empezar a amordazarte por las noches- dijo Pícara con cara de pocos amigos.

- Me conformo con que sigas estirando de las sábanas y no se te pase por la cabeza la idea de darme una bofetada para despertarme- intentó bromear.

- No creas que no ha pasado por mi cabeza en un par de ocasiones, dulzura...

- Te aseguro, Pícara, que esta no es mi forma favorita de despertarme- dijo la Señora de los Vientos intentado recuperar la dignidad y la compostura, algo harto difícil cuando tienes un brazo y una pierna sobre la cama, y los otros abajo.

- Lo sé. Créeme, despertarme cada noche oyéndote gritar, tampoco es la mía- dijo la sureña levantándola de un estirón.

- ¿He gritado?- preguntó Ororo mientras recomponía todo aquel caos.

- Si en vez de ser tú hubiese sido la alarma, en este momento tendríamos por lo menos 20 centinelas a nuestro alrededor.

No era la primera vez que tenía pasadillas desde que la Reina Blanca y ella intercambiaron sus cuerpos. El hecho de sentir otra presencia dentro de ella, le seguía aterrando, por mucho que se obligase a negárselo. Pero últimamente era peor que nunca. En el último mes, Pícara, cuyo cuarto estaba debajo del ático de Ororo, había tenido que venir tantas veces a despertarla que empezaba a decir que iba a mudarse a Australia para poder dormir en condiciones.

- No va a mejorar, Ororo. Por mucho que esperes a que se solucione solo, no lo hará. Y te aseguro, que soy una experta en el tema... Tal vez deberías hablar con el profesor cuando regrese.

- Quizá será mejor que vaya a hablar con Jean.

- Si te hace sentirte más cómoda...

- Sacar a Emma Frost de mi cabeza. Eso, si que me haría sentir más cómoda, Pícara.

Ororo meditó unos instantes sobre el asunto. Finalmente, un resplandor cruzó la habitación y cuando se apagó, Tormenta estaba vestida para matar. La claraboya del techo del ático se abrió y Tormenta salió hacia arriba a toda velocidad, dejando a Pícara rodeaba de una brisa suave. La sureña sonrió sintiendo el aire fresco en su rostro, enmarañando su cabello, y movió la cabeza mientras salía del ático en dirección a su cuarto.

- Estos norteños no tienen educación. Alguien debería explicarle que no son horas de ir de visita...

CAPITULO 11

            El sistema de seguridad de factor X estaba programado para detectar a cualquier intruso, sin embargo, Jean sabía por experiencia que no había sistema de seguridad que detuviese a Ororo Munroe si ella no quería. Lo cierto es que solía dejarse detectar por pura cortesía, pero también sabía que era un momento delicado, y que la Señora de los Vientos no estaba para tonterías. Por eso, cuando se despertó aquella mañana y sintió sus pautas mentales en el edificio no se extrañó demasiado.

            Se levantó procurando no despertar a Scott, temiendo de que si encontraba a Ororo sola en el piso inferior, los tendría a todos revisando el sistema de seguridad durante un mes. A veces Scott podía ser demasiado “padre”.

            Rastreó sus pautas mentales por la casa y supo que estaba haciendo café en la cocina. También supo que ni siquiera tenía interés en el café, y que lo estaba preparando para mantenerse ocupada. Comprobó que todo el mundo seguía dormido y le mandó un mensaje mental a Ororo, casi instintivamente, mientras bajaba la escalera.

- No necesitas mandarme una sonda mental para eso, Jean. Todavía sé que tomas el café con dos terrones de azúcar- sonrió Ororo desde la mesa de la cocina.

- Lo sé. A veces me cuesta distinguir cuando pienso algo y cuando lo trasmito. Sobretodo recién levantada- dijo somnolienta- Bienvenida- dijo ella abrazándola.

- Siento haberte despertado- dijo ella dejándose abrazar.

- Tranquila, sé que no has pasado buena noche. El enlace mental hace que sienta ese tipo de cosas, incluso dormida. Así que, como puedes comprender, yo tampoco estaba pasando la mejor noche de mi vida.

- Pues imagínate yo.

- No me lo imagino, ¿recuerdas? Lo sé.

- Odio eso- dijo Tormenta tendiéndole la taza del café.

- Mala suerte, compañera- dijo ella dándole un sorbo- Tienes problemas- fue más una afirmación que una pregunta.

- Necesito que me ayudes...

- Y yo que le enseñes a Scott a hacer así el café...

CAPITULO 12

            No era la primera vez que Ororo hacía un viaje astral, sin embargo, esta vez fue diferente. Como esperaba, se encontró con la materialización de su peor pesadilla. No era la Reina Blanca controlando su cuerpo. Ni siquiera era ella misma atrapada en el cuerpo de Emma Frost. Era la propia Ororo luchando contra si misma. Una versión maligna y demoníaca, una Tormenta oscura, absorbida por el deseo de poder, con una voluntad que pugnaba por ser más fuerte que la suya.

Pero esta vez no estaba sola. Jean estaba allí, y en el mundo sin límites de la mente de Ororo, luchaba con el poder inextinguible de Fénix. Un rayo conjurado por el poder de la Señora de los Vientos destrozó a la Tormenta oscura, en cuanto Jean consiguió destruir el nexo telepático con la psiquis de Emma Frost que el proceso había dejado indeleblemente en la mente de Ororo y bloqueaba su poder en el mundo onírico. Sin embargo, Jean se horrorizó al ver como caía aquella criatura mental, con las mismas pautas mentales de su amiga, destrozada por el poder de la mujer que había jurado no matar. Razonablemente, sabía que era lo correcto y necesario. Que era una manifestación mental, no un ser vivo. Pero también sabía que Ororo no sería nunca más la misma.

Cogió a Ororo del brazo para alejarla del cadáver de su otro yo, que desaparecía lentamente y voló con ella hacia la salida, por entre los cristales que formaban los recuerdos de Tormenta. Jean nunca había estado en una mente que emanara tal sensación de paz y equilibrio. De pronto, algo llamó su atención en el suelo que dejaban atrás. Justo debajo del punto donde había caído la Tormenta Oscura, había una trampilla atrancada. Jean retrocedió y se posó junto a la trampilla, se concentró y con un rayo mental hizo volar la trampilla.

Cuando traspasaron la trampilla, Jean estaba exhausta y temió no poder hacer frente a lo que hubiese al otro lado. Ororo la sujetó y se dejaron caer, sostenidas por una suave brisa, hasta caer en una nueva sala llena de cristales de recuerdos, unidos por docenas de hilos vitales. Y Jean se dio cuenta de que esto era algo que ella nunca había visto.

Los cristales contenían recuerdos de otra personas. Mujeres muy parecidas a Ororo. Algunas prácticamente iguales. Pero todas ellas viviendo en sitios en los que Ororo no había estado jamás. Hilos de vidas distintas, pero que salían de un mismo lugar y se perdían en el infinito. Jean no creía en la reencarnación, pero parecía la única explicación coherente.

De pronto, Ororo, dio unos pasos hacia uno de los hilos y lo siguió. Aquel hilo subía bruscamente hacia el piso de arriba, para volver a bajar luego. Justo donde el hilo cambiaba su trayectoria, había un cristal. En él, dos mujeres hablaban con una Ororo vestida con una túnica egipcia, sentadas en la mesa de una posada. Una de ellas llevaba una armadura de cuero y la otra las ropas de una amazona. Al fondo, en la ventana, se veía una silueta rubia vestida también de amazona..

Ororo cogió a Jean de nuevo y volaron fuera de la trampilla. Buscaron el hilo, que salía del suelo y se liaba durante unos centímetros con el hilo que unía los cristales de arriba. Observaron el cristal que había junto al nudo. En él, Forja y Ororo activaban el artilugio que devolvió a Ororo sus poderes y los sacó de la dimensión paralela en la que Mojo los había encerrado, y reaparecían en Manhathan. Al fondo de la imagen, en la azotea del Club Fuego Infernal, se veía la misma figura rubia que abajo, enfundada en un traje de cuero blanco.

CAPITULO 13

- La usó como Lazarillo a través de ti. Ares es inmortal, por eso no puede viajar en el tiempo, a menos que alguien le lleve consigo. Sólo los seres humanos, que tienen vidas finitas, un número infinito de veces, pueden saltar de una a otra, porque existen en todas ellas. Pero Ares no, porque solo tiene una vida y se perdería en el túnel del tiempo buscando otro hilo temporal que le perteneciera. Callisto fue su perro lazarillo para que pudiesen llegar hasta aquí, por eso la trajo con él. Pero hubo un pequeño fallo.

- ¿Cuál?

- Tú estabas unida mentalmente con el yo actual de Callisto, debido a la impronta psíquica de vuestro enlace mental. Por eso, cuando tú cambiaste de tiempo y lugar al volver de la dimensión paralela donde Mojo te mandó, al pasar el túnel entre dimensiones, te cruzaste con una de tus otras vidas, en la que también está ella. La impronta te arrastró y te perdiste durante unos momentos.

- Pero no podía recordarlo por el bloqueo mental que la Reina Blanca ejercía sobre mi.

- Exacto.

- Y al romperse el bloqueo, pude acceder a esos recuerdos. Por eso no recordaba a Xena y Gabrielle.

- ¿Las recuerdas ahora?

- Claramente. Pasé unas horas con ellas allí, pero no creía que era yo, sino la Princesa Ororo.

- Es que lo eras. O al menos lo eras en ese hilo temporal. En el hilo de la Ororo actual, seguramente no fueron más de unos segundos. Ni siquiera fuiste consciente de ello.

- Entonces, Callisto es...

- Sí, Emma Frost. Y sospecho que Ares no debe estar muy lejos de ella.

CAPITULO 14

            De vuelta a la Mansión X, Tormenta levantó a todo el mundo y les comunicó las buenas nuevas. Vamos, que se iban a quedar sin día libre.

- Lo que no tengo claro es como encontraremos a Ares- dijo Pícara.

- Si Callisto está en el Club Fuego Infernal, Ares no puede estar muy lejos.

- En teoría...

- Siempre podemos convencer a la rubia esa de que nos diga donde está- dijo Lobezno cortando la punta de un puro con las garras.

- Bueno, Xena sabe cuando está cerca...- dijo Gabrielle- Puede sentirlo. ¿Verdad, Xena?- la guerrera asintió.

- ¿Un sexto sentido?- preguntó Tormenta.

- ¿Cómo el sentido arácnido de Spiderman?- dijo Pícara.

- ¿Sientes una perturbación en la fuerza?- añadió Kurt.

- ¿Puedes distinguir su olor?- dijo Logan.

- En realidad me dan nauseas.

- ¿Qué?- preguntaron los hombres X al unísono.

- Que me dan ganas de vomitar, vamos...

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DISCLAIMER: Como siempre, los derechos de La Increíble Patrulla-X, Los Nuevos Mutantes y Spiderman, son propiedad de la Marvel. Esta vez, además, los de “Xena, la Princesa Guerrera”, pertenecen a Reinassance. No pretendemos violar la santidad de los derechos de autor ni incurrir en ningún delito, sin olvidarnos de que no tenemos ni un duro, así que si intentan hacernos una demanda, lo tienen claro. Jejeje. Simplemente, esperamos divertir sin molestar. Mutativos saludos.

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